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En el Tedeum, Sigampa insistió en más diálogo y mayor atención hacia los que menos tienen |
En los seis años que restan hasta el 9 de julio de 2016, los argentinos tendrán por delante un desafío: unirse para construir una nueva nación con valores, diálogo profundo y sincero, mayor federalismo y amistad social, dejando de lado los individualismos y con una mirada especial hacia los que menos tienen. Fue esa la base en la que el arzobispo de Resistencia Fabriciano Sigampa sustentó su homilía de ayer, al celebrar el Tedeum del 25 de mayo en la Catedral de la capital provincial.
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“Hoy está por nacer un país nuevo, aunque todavía no acaba de tomar forma. Nos necesitamos todos juntos para este nuevo proyecto de país. Debemos estar unidos en los valores fundamentales”, enfatizó.
Así, el religioso comparó el nuevo tiempo por recorrer desde este bicentenario hacia el nuevo cumpleaños de la patria en 2016 con la vida de un bebé que termina de nacer. “Los pediatras dicen que se deben extremar los cuidados en los primeros años de vida de la persona”, trazó, y de esa manera comprometió a cada cristiano y habitante a aportar lo mejor de sí para construir un país que llegue a la plenitud de vida. “Seis años son suficientes para poner todos los elementos requeridos de un sano crecimiento de nuestro país. No podemos ni debemos soslayar este tiempo de gestación de una nueva nación”, subrayó.
Sigampa remarcó que el bicentenario se presenta como una “oportunidad providencial”. “Depende de nosotros aprovecharla o perderla. Debemos tomar el bicentenario como un jubileo, como un tiempo de transe particular, bendecido por Dios, cuya característica debe ser siempre la alegría”, sostuvo. Así, el arzobispo reflexionó sobre la oportunidad que plantea la celebración para “mirar el camino recorrido y obrar lo mucho y bueno de nuestra propia historia”. Desde esa mirada dijo- se podrá valorar el presente y construir el futuro. “Debemos mirar con sinceridad aquello que no permite ni favorece la construcción del futuro”, expresó.
Sus palabras fueron seguidas con atención durante la tradicional liturgia a la que asistieron funcionarios de los tres poderes del Estado provincial (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), además de autoridades municipales y distintas fuerzas de seguridad. Estuvieron presentes, entre otros, el gobernador Jorge Capitanich; el vicegobernador Juan Carlos Bacileff Ivanoff; la intendenta Aída Ayala; el presidente de la Cámara de Diputados Juan José Bergia; el titular del Superior Tribunal de Justicia Rolando Toledo; además de ministros del Poder Ejecutivo, secretarios y subsecretarios; altos jefes policiales y de otras fuerzas de seguridad con asiento en la provincia; y diputados nacionales y provinciales. Acompañaron a Sigampa los padres Jorge Lestani y Roberto Silva, quienes en la noche del 24 concelebraron una emotiva e inolvidable Misa Criolla frente a Casa de Gobierno.
A la hora de mencionar los valores fundamentales sobre los que deberá sustentarse la construcción de la nueva nación, Sigampa destacó la necesidad de afianzar la fe, el amor por la vida, la amistad, el respeto por la dignidad de la persona, el espíritu de libertad, la solidaridad, un profundo interés por la educación de niños y jóvenes, y la valoración de la familia. En este sentido, pidió a Dios “que ilumine nuestras conciencias de ciudadanos para servir a la Patria desde un liderazgo capaz de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad”.
Democracia de
mejor calidad
En otro punto de su homilía, el arzobispo consideró que es necesario mejorar el sistema político y la calidad de la democracia. “Esto supone reformas profundas y nuevos dirigentes”, remarcó, al tiempo que colocó a esta tarea como elemental para transitar el nuevo camino hacia el bicentenario de la independencia argentina. “Tenemos que animarnos a crear nuevos dirigentes que puedan conducir los destinos de la patria por caminos seguros”, sostuvo.
Asimismo, Sigampa se refirió a la relación de las provincias con el poder central. “Las provincias, gracias a Dios, nacieron antes. Por eso duele cuando alguien nos dice provincianos. A mí no me duele porque soy eso”, remarcó, para luego defender con fervor las costumbres y tradiciones de cada región argentina.
La diversidad, una forma de unidad
Tras convocar a construir un diálogo profundo y sincero, el arzobispo de Resistencia reconoció como buena la diversidad de pensamientos. “Dios es padre, hijo y Espíritu Santo. Tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Ninguno desplaza ni es enemigo del otro. Por eso nos expresan desde la diversidad una unidad”, señaló.
De esta manera, convocó a “cultivar la unidad social”, que permitirá a los ciudadanos del Chaco y del país “hacer una Pascua y pasar de ser simples habitantes a ciudadanos responsables, aquellos que construyen la nación, viven sus derechos y cumplen con sus deberes y obligaciones”.
La educación, una base fundamental
Afianzar la educación y el trabajo son, para la iglesia, claves en el desarrollo de la nación, además de constituir pilares fundamentales para la justa distribución de los bienes. En este punto, monseñor Sigampa recordó el centenario de la Escuela Normal Sarmiento, con una legión de maestros que se formaron en sus aulas. “Necesitamos maestros de calidad”, subrayó.
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