En Sierras Chicas, los intendentes no dan más

En Sierras Chicas, los intendentes no dan más

Hay municipios que llevan gastado un quinto de su presupuesto anual. Otros hacen malabares para pagar gasoil y alquilar máquinas. La ayuda nacional se demora.

Río Ceballos. La situación de Sierras Chicas, a dos meses del aluvión que arrasó con gran parte de una decena de localidades en un tramo de unos 40 kilómetros aledaños a la Capital, apenas empieza a parecer recomponerse, aunque a ritmo muy lento. Pero, con el crédito nacional demorado casi dos meses, los municipios de la zona ya están encontrando su límite para afrontar reparaciones urgentes con sus propios bolsillos.

“Tratamos de avanzar en lo posible, mientras esperamos ayudas más importantes, pero este fenómeno nos desbordó completamente, desarmó cualquier presupuesto estimativo, y nunca llegamos a efectuar reparaciones definitivas”, confesó el intendente de La Granja, Carlos Ambrosich. Para graficar: el municipio lleva gastados en estos dos meses unos cinco millones de pesos en soluciones primarias de calles, arreglos provisorios del sistema de agua y alumbrado, sin contar los gastos que hizo la Provincia en la recuperación y dragado de algunos sectores del río. Pero el presupuesto total anual de La Granja es de 25 millones de pesos. “Hay días en que no sabemos por dónde empezar, pero no nos vamos a poner locos para hacer todo, porque nos vamos a meter en algo que después será imposible de salir”, completó Ambrosich.

En Río Ceballos, otra de las ciudades muy dañadas por el aluvión, el municipio eroga 600 mil pesos por semana sólo en combustible y en alquilar la maquinaria pesada para arreglar calles y la costanera. “Por ahora afrontamos estos costos con un colchón recaudatorio que históricamente se da en verano, pero a este ritmo pronto nos veremos en serios problemas si no se destraban las ayudas prometidas”, expresó el intendente, Sergio Spicogna.

A pesar de que la Provincia y una casi nula ayuda de la Nación asomaron los primeros días tras el temporal, los esfuerzos por atender a las familias, asistir a pequeños comerciantes y cuentapropistas y reconstruir los sectores urbanos parecen insuficientes.

La Provincia implementó el programa Córdoba de Pie, que inicialmente entregó 1.297 subsidios no reembolsables. Las ayudas económicas no reintegrables fueron de hasta 30 mil pesos para familias y comercios y se pueden utilizar para reparaciones menores de viviendas o reposición de mercadería.

También se entregaron en todo Sierras Chicas 618 subsidios mayores a 30 mil pesos a municipios y cooperativas, en particular las de agua potable que sufrieron importantes roturas en acueductos y redes. Hubo asistencia a 357 comercios y 2.055 familias obtuvieron ayudas para reponer mobiliario y electrodomésticos.

Además se llamó a licitación para la construcción de 80 casas que fueron destruidas completamente en Villa Allende, 50 en Río Ceballos y en los próximos días también se incluirán otras 50 en Unquillo.

Pero todavía hay familias evacuadas o en “residencia provisoria” en un hotel de Río Ceballos. Muchas otras están en casas prestadas porque no consiguieron alquilar: muchos propietarios temen rentar sus viviendas. La Provincia asume por seis meses el alquiler y los municipios aparecen como garantes. Pero los propietarios temen que el Estado no llegue a construir las viviendas prometidas en ese plazo y quedar atrapados en una situación incierta, con alquileres forzados.

A esta realidad se añaden signos de recesión comercial y turística en toda la zona. Pequeños comerciantes, emprendedores y monotributistas que perdieron su producción, mercaderías o maquinarias no logran reponerse ni restituir sus circuitos comerciales. Y eso también impacta en el resto de la cadena.

El sector turístico y gastronómico –que recibe a muchos clientes los fines de semana– acusa el impacto. Durante Semana Santa, uno de los feriados con más movimiento en el año, muy pocos hoteles llegaron a trabajar con niveles aceptables de ocupación.

Los daños en la infraestructura urbana también conspiran. Calles intransitables, vados y puentes destruidos, pérdida de la costanera y atractivos turísticos inaccesibles frenan a eventuales visitantes, que evalúan los pronósticos climáticos antes de viajar a este destino. Es un gran dolor de cabeza de los intendentes, que ante el reclamo constante y generalizado procuran responder a las demandas, pero a costos inestimables, que resienten las cajas de cada uno de los municipios y comunas.

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