No es una ronda perfecta: es espontánea, genuina, desorganizada. Es una cadena de brazos, de sueños, de alegrías, de esfuerzos, de compañerismo, la que se forma en el centro de la cancha y que llega hasta las más de 6000 almas que colmaron el Estadio Mundialista. Es un símbolo de su unión, esa que no se perdió hasta cuando parecía que a Las Leonas nada les sería simple en este Champions Trophy y que creció cuando el grupo debió atravesar una renovación lógica, necesaria. Es su sello, su bandera, su garra, la entrega, el corazón y el buen juego. Ese que no se abandona, ese que se lleva desde hace años como símbolo y que las tiene ahí, otra vez en Rosario, gritando como ellas saben por quinta vez en la historia del torneo: ¡Campeonas!
Y lo cantan ellas, y lo cantan todos: Rosario es de nuevo, como lo fue en el Mundial de 2010, el lugar de máxima felicidad de Las Leonas. La final, agónica, difícil, exigente por 1-0 ante Gran Bretaña (primera vez que llegaban a una definición en su historia) queda atrás. Ya no importan las atajadas de Belén Succi, tampoco los amagues infinitos que las británicas debieron soportar producto de la magia de Luciana Aymar. Tampoco los instantes de angustia cuando la embestida británica parecía firme, contundente y atemorizaba con su poderío. Sí, quedará en el recuerdo la imagen de Silvina D’Elía con el puño levantado tras anotar de córner corto (el cuarto del encuentro) el primer y único gol del partido a los 29 minutos del primer tiempo. También el sufrimiento sobre el cierre que terminó con la cuenta regresiva que entonó el público.
El clásico “¡Palo, palo, palo, palo bonito palo eh…eh eh somos campeonas otra vez!” y el “Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, todos los que decían que este equipito no iba a poder”, las acompaña en la premiación. Y están todas, está ella, Lucha, emocionada hasta las lágrimas por ganar en su casa y por jugar su último Champions. “Estoy feliz, no puedo creer que logramos repetir lo de la final del Mundial. Agradezco la oportunidad de tener la Champions en mi casa. Es increíble despedirse así en mi ciudad”, dice Lucha.
Y también están ellas, las debutantes que arrancaron su camino con un título y las campeonas mundialistas que siguen cosechando triunfos. Y claro, también sonríe él, el responsable, el motivador, el exigente, el Chapa Retegui, quien también celebra aunque ya casi no tenga ni voz para hablar.
Es todo fiesta. Es todo merecido. Es una constante: desde 1998 que Las Leonas no bajan de los cuatro primeros puestos. Es saldar una cuenta pendiente porque nunca la Selección Argentina de hóckey había festejado en el país una Champions. No lo lograron en Mar del Plata 1995 (6º), ni en Rosario 2004 (3º) y tampoco en Quilmes 2007 (2º)). Pero ellas, esta vez, pudieron.
Y ahí están abrazadas, más allá de los nombres, de la época, festejando una nueva conquista que las mantiene, a ellas y al hóckey argentino, en la cima de la élite mundial. Un titulo más que, a 172 días de pisar Londres, hará que las 16 privilegiadas que lleguen a la cita olímpica lo hagan con otra chapa: la chapa de campeonas que ayer se supieron ganar. <
Premio consuelo para Holanda
Tras caer ante las Leonas por penales en la semifinal, Holanda, el campeón defensor, salió a buscar con todo el partido por el tercer puesto y con algo de sufrimiento sobre el final, se impuso 5-4 ante Alemania. Así, se quedó con el tercer puesto del Champions Trophy después de un duro encuentro y debió contentarse con la medalla de bronce. Los tantos de Holanda fueron de Maartje Goderie, Carlien Dirske van den Heuvel, Lidewij Welten, Kitty Van Male y Marilyn Agliotti. En Alemania, en tanto, sumaron: Maike Stockel, Natascha Keller (por dos) y Stockel.
Previamente, Corea del Sur venció 3-2 por penales, luego de igualar 2 -2, con China y así obtuvo el séptimo lugar en el torneo. China, por su parte, por primera vez en su historia se quedó con la octava posición. Además, Japón se impuso en el tiempo suplementario frente a Nueva Zelanda y se aseguró el quinto puesto en el torneo y una plaza en el Champions Trophy 2014. |