“Probé que no puedo estar matando y jugando en la pileta con mi hija”

“Probé que no puedo estar matando y jugando en la pileta con mi hija”
El contador Crespo condenado a 22 años por matar a su esposa Analía Escamochero, se entrevistó con uno de los jueces que lo condenaron. Luego regresó a la facultad de Periodismo
Por última vez salió del despacho del juez. Rumbo a la libertad (controlada o vigilada, pero extramuros) Tenía ganas de contar su verdad, su especial momento. “Salí a la 1 de la madrugada del penal, llegué a casa y abracé a mis dos hijos, y a mi madre. Uno de los nenes está enfermo. Mi madre también. Me necesitan”, con esas palabras, el contador Leonardo Crespo contó sus primeros minutos afuera de la Unidad Penitenciaria n° 9 de La Plata. El viernes fue beneficiado con un arresto domiciliario. Está condenado, desde 2008, a la pena de 22 años de prisión por matar a su esposa Analía Escamochero. Del total de la pena, cumplió casi ocho años.

El crimen se produjo en el coqueto chalet donde convivía el matrimonio en 24, 493 y 495 de Gonnet. Eso fue el 5 de marzo de 2005. A ese lugar, regresó este hombre. Dice que piensa recibirse de periodista. Le quedan seis materias para la licenciatura en comunicación social.

Y con la mira en esos objetivos organizó su mañana de ayer. En diálogo con Trama Urbana, en el segundo piso del fuero penal de 8 y 56, Crespo contó que recién se había reunido con el juez Emir Caputo Tártara. “Yo le estoy muy agradecido. El me permitió comenzar a estudiar. Salí primero dos veces por semana y luego tres para ir a la facultad. Pude demostrar que quería estudiar y recibirme. Que lo podía hacer sin custodia y que no había peligro de fuga”, refrendó.

Acaba de cumplir 44 años. Más delgado, de ojos tan claros como tristes, se lo ve más demacrado que en aquellos momentos posteriores al crimen, o incluso durante el juicio oral. “Tengo propuestas de trabajo y también muchos proyectos. Quiero ayudar a mis compañeros de la unidad, por la importancia de la resocialización y el innecesario aumento de las penas”, puntualizó Crespo.

Admitió además, que no piensa volver a ocuparse de su profesión de contador. “Es el periodismo lo que más me atrapa. Me preparé para eso. Seguro que voy a encontrar trabajo”, afirmó.

Ayer, el juez Caputo Tártara lo notificó de las condiciones que deberá cumplir para mantener el beneficio del arresto domiciliario.

Crespo aún mantiene otro litigio judicial. Su condena fue apelada ante la Corte de la Nación por su abogado, Damián Barbosa. “Ya demostré que no puedo estar matando y jugando en la pileta con mi hija. Eso lo rubricaron los peritos. No puedo estar en dos lugares al mismo tiempo”, aseveró a Trama Urbana.

Cuando se le preguntó sobre si se aún se dice inocente respondió: “Sí, por supuesto. Uno apela no por una cuestión de artificio judicial, sino que yo ya demostré que soy inocente. Ya demostré que no puedo estar matando en Gonnet y estar hablando por teléfono en La Plata a la vez. Nadie puede estar en dos lugares a la vez. Eso está demostrado científicamente, eso es ciencia, no es interpretación”.

“Yo la viví desde adentro”

Ya en sus primeras horas con arresto domiciliario, Crespo detalló: “yo di mi palabra. No voy a perjudicar a nadie que confíe en mí o perjudicar a mí familia o a mí. Quiero recibirme de periodista y seguir con mi familia. Mi madre no está muy bien y mi hijo tampoco”.

A la par de esta carrera, Crespo contó también piensa trabajar por la reinserción de los internos, “tengo una vasta experiencia por vivir allí adentro, la idea es mejorar, porque así como estamos con mayor prisionalización y mayor cantidad de pena no se soluciona nada. Creo que hay muchas personas que pueden rehacer su vida. Hacen falta mecanismos y herramientas y desde ahí quiero colaborar con ellos, yo la viví desde adentro”.

“Cambiamos la mentalidad del Servicio Penitenciario”

“En la cárcel estaba en una celda de 1,75 por 2,50 metros. Ahora estoy un hogar cálido. Se muchas historias de vida de personas que están prisionalizadas, lo que queda es seguir lo que empecé en la Unidad 9 –remarcó Crespo-, en su momento participé en un proyecto de reinserción social apoyado en el deporte no tradicional que es el rugby, hemos logrado cambiar la mentalidad del Servicio Penitenciario y de los internos, salir del individualismo y pensar en equipo, en grupo, en lo que es la solidaridad, compañerismo. También quiero trabajar con organizaciones sociales para la reinserción, aportar mi experiencia y buscar soluciones a esto que nos afecta a todos”.

“Voz a los que no tienen voz”

La condena de 22 años de prisión fue dictada por el Tribunal IV de La Plata el 17 de marzo de 2008 fue confirmada en todos sus términos por la Casación y la Corte bonaerense.

Mientras mantiene su recurso ante la Corte de la Nación, Crespo asegura: “Quiero participar del cambio, es una de las razones que me llevó a estudiar Periodismo. Darle voz a los que no tienen voz, y defender muchos derechos que en las cárceles hoy se vulneran”.

La familia Escamochero, a través de su abogado Darío Saldaño apelará el arresto domiciliario.

“No coincidimos con el veredicto condenatorio”

Leonardo Crespo habla de su inminente título de comunicador y desde ese lugar se refiere a la vez a su sentencia de 22 años de prisión: “Amén de que con el Tribunal IV no coincidimos en el veredicto condenatorio, le agradezco que me haya dado la posibilidad de ir a cursar. Para ser un buen periodista hay que decir la verdad, y la verdad es que uno apela porque no coincide con la sentencia porque demostré que no puedo estar en dos lugares a la vez. Las pericias telefónicas y forenses no fueron tenidas en cuenta”.

Crespo siempre aseguró que cuando se produjo la muerte de su esposa Analía Escamochero, él se encontraba en el Círculo Policial de La Plata. Era domingo. Y estaba en la pileta con sus hijos y jugando a la paleta-pelota con un grupo de amigos.

Sin embargo, el Tribunal IV, entonces presidido por el juez Caputo Tártara, valoró una pericia telefónica que ubicaba al teléfono celular de Crespo en el chalet de Gonnet donde el cuerpo de Analía Escamochero apareció golpeado y ahogado, sumergido en una pileta de lona, bajo una cama plástica que impedía al cadáver salir a la superficie.

Los jueces también tuvieron en cuenta una pericia forense. Los médicos dijeron que Escamochero murió antes de las dos de la tarde, pero otro informe corre el reloj de la data de muerte a después de las 16.30.

Crespo estuvo dos meses prófugo y fue descubierto en la provincia de Córdoba, donde vivía junto a una joven que –se presume– era su novia en ese momento. En el juicio oral dijo que evadió a los investigadores por consejo del defensor que tenía entonces.

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