Macri, entre la historia y la reelección

Macri, entre la historia y la reelección

Por: Ricardo Kirschbaum. El rumbo no se modificará, ni el proyecto de reelección: el oficialismo y el desafío de la gobernabilidad.

Mauricio Macri quiere ser el primer gobierno no peronista en terminar su mandato. Ni Arturo Frondizi ni Arturo Illia. Ni Raúl Alfonsín ni Fernando De la Rúa. Sumergido como estamos en la urgencia de la coyuntura, de la inflación que amenaza desbocarse, del dólar que trepa, de la pobreza que crece, se opaca -en muchos casos deliberadamente- el deterioro y la pérdida de los valores institucionales. Lo acaba de ilustrar Cristina Kirchner en su libro “Sinceramente”, un modo de introducir al lector en que lo que allí leerá es su pensamiento genuino. Cristina admite que se negó a entregarle a Macri, que había ganado en buena ley las elecciones, los atributos del mando porque no quería que quede registrado ese acto de “rendición”. No más preguntas, señor juez.

Alcanzar esa meta histórica, ni más ni menos que cumplir con el período constitucional, depende también de la propia idoneidad del Gobierno, hay que subrayarlo, de su incapacidad (o negativa) a cambiar o a salirse de un libreto que asumió cuando la realidad terminó con la fantasía, en abril del año pasado.

Macri quiere llegar a término y, además, ser reelecto. Es decir continuarse a sí mismo. 

¿Ambos objetivos se complementan o son contradictorios entre sí? Responder esa pregunta es entrar en el terreno de las especulaciones, pero en el propio seno del Gobierno hay quienes han reflexionado sobre esa paradoja.

Macri ha dicho que no hay otro candidato que él y esa ratificación se continuó con las rotundas declaraciones en el mismo sentido de Marcos Peña, su alter ego, y custodio de la estrategia del PRO. Si se ratifica es que se quiere cortar de raíz con las hipótesis de que para ganar hay que hacer algo que Cambiemos practica muy poco, que es cambiar. Al subrayar que Macri es competitivo y que, cuando todavía falta una eternidad (en términos argentinos), es aventurado enredarse en conjeturas sobre otras fórmulas posibles en el oficialismo, como las que se tejieron -y tejen- en medio del temporal económico.

Quizá arriesgarse a mover el banco para intentar estirar otros cuatro años la gestión de Cambiemos termine catalizando un proceso que ya está delicado y que afecte el objetivo principal de llegar al 10 de diciembre.

Este razonamiento de fondo se sostiene, además, en la necesidad del oficialismo de sostener con sus mejores espadas los distritos en los que en verdad se dirime la elección, comenzando por la provincia de Buenos Aires.

Pero tiene que actuar gobernando, es decir tomando decisiones que demuestren que están a cargo y que hay disposición para yugular la incertidumbre política y económica.

¿Usará el Banco Central el poder de fuego de sus reservas para contener al dólar, aún en contra de las prescripciones del acuerdo con el Fondo Monetario? ¿O se esperará que esa volatilidad dinamite también todo el capital político? .

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