Dinero político, asunto público

Por: Ricardo Roa.

Si el Gobierno hubiese aprobado una reforma a la ley propuesta por la Oficina Anticorrupción, Kirchner no podría haber comprado los US$ 2 millones en 2008, justo cuando temblaban los mercados y el dólar iba hacia arriba.

Que el esposo de la Presidenta y ex presidente especule en medio de una crisis es lo menos parecido a una actitud ética. La oposición quiere saber si se benefició con información privilegiada. Y de dónde sacó el dinero y cómo lo usó. Acostumbrados a explicar lo inexplicable, salieron a respaldarlo Luis D Elía y la diputada Diana Conti.

D Elía dijo que la plata de Kirchner fue heredada de un "abuelo usurero". Si quiso defenderlo, debió haber buscado un argumento mejor. Y no por lo del abuelo sino por lo de usurero. Kirchner sostiene en sus declaraciones juradas que multiplicó siete veces su fortuna entre 2003 y 2009.

En cambio, para Conti la militancia debe ser lucrativa. Está bien que se haga plata, porque así los hijos y nietos no van a reprocharle haber perdido el tiempo en la política. No vale la pena agregar nada. Es lo peor que un político puede decir de la política. Kirchner cuida y acrecienta su patrimonio como un capitalista eficaz.

Y abastece de fondos a Santa Cruz, como un buen pingüino. Con una diferencia de peso: en un caso es plata propia y, en el otro, plata del Estado. Entre 2007 y 2009, la provincia recibió $2.165 millones sólo de Vialidad Nacional. En proporción a sus pobladores, ninguna otra recibió tanto dinero en estos años, aunque todas necesiten también rutas y caminos. Unicamente el año pasado, Santa Cruz se alzó casi con tanto dinero como Córdoba y Santa Fe juntas. No haría falta una ley para que quienes están en la función pública se consagren a ella. En la Argentina de hoy, esa ley es imprescindible.

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