Coronavirus: así es la implacable carrera contra reloj por hallar una vacuna

Coronavirus: así es la implacable carrera contra reloj por hallar una vacuna

Expertos nacionales e internacionales, entre ellos un Premio Nobel, le cuentan a Viva cuáles son los pasos para conseguirla y cuándo estará lista para aplicarse.

Hace tres meses, el virus más popular era el informático, el que puede dañar computadoras, tablets o teléfonos inteligentes. Lavarse las manos estaba más asociado a eludir responsabilidades que a proteger vidas. Y cuarentena se usaba para describir cuánto hay que esperar para volver a tener sexo después de un parto. Más allá de usos y costumbres, hoy esas frases y palabras, junto con otras, como pandemia, anticuerpos o paciente cero, acercaron abruptamente el mundo de la ciencia a lo cotidiano. El resultado de ese choque es una prioridad: vacuna.

Viva entrevistó a máximos expertos nacionales e internacionales para saber cómo es el camino hacia las vacunas, esos compuestos que ayudan o enseñan al cuerpo a defenderse de virus y bacterias. Y qué posibilidades hay de que alguna de las 102 que ahora están en marcha contra el nuevo coronavirus en distintos países sea la indicada para poner a salvo a la humanidad.

Ensayo animal

 “Lleva un buen tiempo hacer una vacuna y la parte que demora más es cuando los investigadores hacen testeos para verificar su seguridad y eficacia. En ese momento se aplica a un gran número de personas sanas, por lo que, previamente, debemos tomar todos los recaudos para que sea absolutamente segura. Por eso, como está ocurriendo ahora, primero hacemos pruebas en animales que podemos infectar con el SARS-CoV-2 (N. de la R.: la denominación científica del nuevo coronavirus, responsable de la pandemia actual). Por lo general, ensayamos primero con hurones, ratones transgénicos y monos macacos Rhesus. Luego comienza la prueba de seguridad en humanos sanos”, le cuenta a Viva el investigador australiano Peter C. Doherty, distinguido con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1996.

Científica de la Universidad de san Pablo, Brasil, trabaja en una vacuna contra Covid-19.

El científico, que cumplirá 80 años el próximo 15 de octubre, está ahora en Australia, atravesando una cuarentena nivel 3: “Las personas ya pueden salir a hacer deportes y en algunos lugares hasta pueden ir a comer afuera. Tenemos un sistema federal y bloqueamos la circulación entre varios estados. De ese modo ganamos tiempo para equipar los hospitales, especialmente las unidades intensivas. Es posible que el virus esté eliminado en algunos de nuestros territorios, o que al menos se encuentre contenido. Esperemos que todo siga bien”, dice.

Primero ensayamos la vacuna en hurones, ratones transgénicos y monos Rhesus. Sólo después en humanos. 

Doherty ganó el Nobel justamente por describir cómo el sistema inmune reconoce a las células infectadas por un virus y gran parte de ese conocimiento lo volcó en su libro Pandemias (Autoría Editorial).

Una obra que está siendo leída y releída por un público ávido por entender qué está pasando. Él mismo regresó a sus capítulos: “Hasta el momento lo veo bien. Lo que habría que agregar es lo que muchos logramos aprender ahora, en primera persona, bajo los efectos económicos y sociales que están provocando las cuarentenas”, comenta preocupado.

En este momento hay 102 proyectos de vacunas contra el nuevo coronavirus y ocho de ellos están avanzados.

En las páginas de su libro, Doherty revela también que de todas las películas que trataron el tema de las catástrofes sanitarias, la que más se acerca a la realidad es la que Steven Soderbergh estrenó en 2011, Contagio, porque tuvo el asesoramiento de un científico, Ian Lipkin, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de Columbia, en los Estados Unidos.

Ensayos preclínicos en la Universidad de Pittsburgh, Estados Unidos.

En el filme se ve cómo actúan los distintos protagonistas de un escenario pandémico: los ciudadanos, los gobiernos, las fuerzas federales y locales, la Organización Mundial de la Salud (OMS), los medios de comunicación, las redes sociales y.... los científicos que buscan la vacuna. Sobre los hombros de esos investigadores está la presión mundial, como en la vida real. Como ahora.

La flecha del tiempo

“Hay tantos genios en el mundo, ¿por qué tardan tanto en hacer una vacuna?”, se reclama desde ventanas y balcones globales. “Se necesita mucho más que un año. El mayor tiempo se invierte, además, en hacer lo necesario para cumplir con las exigencias de las agencias reguladoras. En general, son las mismas que para cualquier medicamento, pero especiales en el caso de una vacuna que se aplicará a humanos. Las que son para animales sufren menos presiones”, responde Emilio Malchiodi, profesor de Inmunología en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, director del Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral (UBA-Conicet​) y miembro de la Sociedad Argentina de Inmunología.

El experto agrega otro factor decisivo: “Se estima que para su desarrollo se requiere entre 500 y 2.000 millones de dólares, si se parte desde la identificación del compuesto hasta que se autoriza su aplicación”.

Esas altas sumas de dinero no parecen ser una barrera infranqueable frente a la urgencia de contrarrestar a Covid-19 (la infección que provoca el nuevo coronavirus). Quienes pueden –gobiernos, empresas, universidades, consorcios internacionales–, están aportando cifras millonarias.

Es un proceso complicado. En promedio, se necesitan 10 años para que una vacuna llegue del laboratorio al mercado.

Eso explica por qué, al cierre de esta edición, ya existen 102 proyectos para esta vacuna, ocho de ellos probándose en humanos. Una carrera que parece a todo o nada.

El camino sin vueltas

No deberían existir atajos en un recorrido tan delicado, pero en estos tiempos nada es seguro. “El desarrollo de una vacuna es un proceso largo y complicado. En promedio, se necesitan 10 años para que llegue del laboratorio al mercado. El trabajo de investigación, por ejemplo, implica determinar qué tipo de vacuna conviene poner en marcha. Es decir, para elaborarla, ¿vas a usar un virus entero o sólo una proteína del virus? ¿Necesitás un virus vivo o podés usar un virus inactivado? Si utilizás un virus vivo, ¿cómo lo debilitás para que no cause enfermedades?”, le comenta a Viva Richard B. Kennedy, co-director del grupo de Investigación de Vacunas de la prestigiosa Mayo Clinic, de los Estados Unidos.

Kennedy se refiere a los ingredientes esenciales y básicos de una vacuna. Componentes que no son los únicos porque, al menos en las tradicionales, se necesita agregar un adyuvante. Un elemento que el experto describe así: “Los investigadores también deben determinar si la fórmula elegida causará una respuesta inmune. Para eso, por lo general, se necesita otro componente, el adyuvante: algo que se usa para aumentar esa respuesta inmunitaria”.

Para el experto de Mayo Clinic, la etapa de prueba en animales, además de clave, insume más tiempo: “Una vez que tenemos el compuesto, necesitamos desarrollar un modelo animal. Y ese modelo debe ser compatible con la enfermedad que estamos tratando de prevenir. Algunos animales no pueden ser infectados por enfermedades humanas. Otros pueden estar infectados, pero tienen síntomas completamente diferentes. Una vez que encontramos respuestas a todas las preguntas, los datos deben enviarse a la agencia reguladora a la espera de su aprobación”, comenta Kennedy.

Si se atraviesa esa etapa, comienza la de preparación y ensayos clínicos. “La vacuna debe hacerse de acuerdo con procesos de fabricación muy estrictos para garantizar una alta calidad. Una vez que tenemos la aprobación regulatoria y la vacuna debidamente hecha, comenzamos los ensayos en humanos”, explica Kennedy .

Este es el paso a paso:

Ensayo clínico de Fase I: Se realiza en un pequeño número de personas (20 a 100). A esos voluntarios se les aplican diferentes dosis y se les hace un seguimiento para ver su eficacia y efectos adversos. Si hay algún problema de seguridad, los investigadores pueden verse obligados a empezar de nuevo o a volver un paso atrás para determinar por qué la vacuna causa efectos secundarios y cambiar su fórmula.

“A los voluntarios hay que reclutarlos, inmunizarlos una o más veces, según se haya determinado en animales, y observarlos mediante análisis de parámetros fisiológicos y bioquímicos. Eso demanda al menos seis meses. Si todo da muy bien, se deben presentar todos esos resultados para que los reguladores autoricen la siguiente etapa”, comenta el experto Malchiodi.

Ensayo clínico de Fase II:   También se realiza en un número pequeño de voluntarios (100 a 300/500) y el propósito es medir la respuesta inmune.  Luego se compara lo obtenido con lo observado en animales.  Si la respuesta es débil o no coincide con esos datos previos, se necesita rehacer las pruebas con animales hasta que coincidan con datos humanos o cambiar la vacuna para que funcione mejor en humanos.  Si la respuesta es lo suficientemente buena como para proteger de las enfermedades (algo que demanda alrededor de seis meses para su verificación), se avanza un paso más.

Peter C. Doherty, Premio Nobel de Fisiología y Medicina 1996, es un experto en sistema inmune.

Ensayo clínico de Fase III: Aquí se prueba tanto la seguridad como la eficacia en un mayor número de personas (2.000 a 5.000).  “Una vez más, la vacuna debe cumplir con las altas expectativas planteadas o hay que empezar todo de nuevo”, advierte Kennedy.  Después se envían los datos a la agencia reguladora para empezar la etapa de aprobación final, que sólo se consigue luego de obtener resultados exitosos en esta fase. Hay que contar otros seis meses.

“Si esos estudios dan bien y se demuestra eficacia y ausencia de efectos adversos importantes, se autoriza la aplicación en general y al público al que esté dirigida (por ejemplo, niños o adultos mayores). Luego están las fases IV y V, en donde se monitorean los efectos beneficiosos y adversos en la población. Puede ocurrir que se observe que los pacientes con alguna patología o situación particular (por ejemplo, embarazo) sufran efectos adversos. Se puede decidir, entonces, no administrarla a esos grupos o incluso sacarla del mercado”, detalla el investigador Malchiodi.

No quedan dudas sobre el largo y trabajoso camino hacia las vacunas. “La fase II, en general, es la que lleva más tiempo, allí se evalúa la seguridad e inmunogenicidad de la vacuna candidata en voluntarios sanos, que representan la población blanco. En el caso de Covid-19, así como ocurrió en su momento con los antivirales contra el VIH, la coyuntura lleva a replantear los protocolos para reducir los tiempos”, dice Diego Flichman, profesor de la cátedra de Virología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA.

Si se encuentra una falla de seguridad en una vacuna, los científicos tienen que volver a empezar todo desde cero.

Eso explica por qué hay varias vacunas en carrera . Y tantas expectativas puestas en los Estados Unidos, Reino Unido y China, donde comenzaron los primeros testeos en humanos de distintos tipos de vacunas para Covid-19.

Las razones por las que se pudieron acelerar las pruebas en humanos se podrían sintetizar en dos. La primera involucra a los casos que usaron como base proyectos avanzados de vacunas contra otros coronavirus, el SARS y el MERS, que fueron abandonados porque no produjeron una pandemia como la actual. La segunda tiene que ver con el camino hacia nuevas vacunas, como la ARNm, que implica otra tecnología.

Así lo confirma Peter C. Doherty: “Se retomaron alguna vacunas candidatas contra el SARS. Y hubo algunas señales de que algunas, que llegaron a ser probadas en monos, empeoraron la enfermedad cuando fueron expuestas al virus, mientras que otras vacunas experimentales resultaron bien. Creemos que entendemos por qué sucedió eso, pero tenemos que estar seguros. Por ahora, la fecha estimativa más cercana que escuché para que alguna vacuna contra Covid-19 termine con las pruebas es septiembre, y eso será solo si todo sale bien. Es decir, si atraviesa todas las etapas con resultados óptimos. Luego tomaría al menos varios meses más producir grandes cantidades de vacuna”.

Optimismo o pesimismo

“La seriedad de la infección hizo que se removieran algunas trabas que podrían retrasar los proyectos. Por ejemplo, es muy importante que ya se conozca la secuencia del ácido nucleico que lo codifica (ARN), que haya muchos fondos para el desarrollo de varias vacunas, y que se adecuaran etapas de regulación. Pero para determinar eficacia, es necesario que los 2.000 a 5.000 voluntarios de la fase III, algunos de los cuales recibirán la vacuna candidata y otros recibirán un placebo (una sustancia inocua, sólo de control), se expongan a la infección. La eficacia se calculará luego de comprobar que los que recibieron la vacuna se infectan menos, o idealmente nada, que los que recibieron el placebo”, anticipa Malchiodi.

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El experto Kennedy analiza ventajas y desventajas de construir una nueva vacuna sobre la base de predecesoras. Advierte: “Las primeras vacunas que se están probando en ensayos clínicos en este momento se desarrollaron sobre la base de nuestra experiencia con el SARS y el MERS y hay un par de problemas con eso:

Richard B. Kennedy, co-director del grupo de Investigación de Vacunas de Mayo Clinic, de los Estados Unidos.

1) La enfermedad y la transmisibilidad de este nuevo virus son muy diferentes. Por eso es probable que la respuesta a la vacuna también sea distinta.

2) Varias de las vacunas SARS y MERS que se probaron en animales y, en algunos casos, en ensayos clínicos de fase I y II, causaron efectos adversos y algunas  de ellas incluso empeoraron la enfermedad. No sabemos por qué ocurrió esto. Tenemos que tener mucho cuidado de que esto no suceda con Covid-19.   Además, estas vacunas pueden no crear respuestas duraderas, o pueden crear lo que parece una respuesta inmune fuerte, pero realmente no nos protegería”.

Según Flichman, “es muy probable que se obtenga una vacuna contra Covid-19 debido a los recursos asignados y la expectativa social instaurada. El desarrollo de estos productos está guiado por el costo/beneficio”.

Para Kennedy, hay que ir con cautela: “Si tomamos atajos y no probamos estas vacunas correctamente, corremos el riesgo de no saber por qué no funcionaron. Esto significa que tendremos que empezar de nuevo en lugar de aprender de nuestros errores. Casi siempre es mejor hacer algo bien la primera vez”.

Doherty está en la vereda de los optimistas. Y ya tiene idea de cómo terminará lo que estamos viviendo, o sobreviviendo: “Creo que las vacunas y los medicamentos antivirales pondrán fin a todo esto. Una vez que se hayan resuelto los problemas de seguridad y eficacia, la dificultad será obtener suficiente cantidad de producto: los países ricos tendrán que ayudar a los pobres. Si las pruebas de seguridad van bien, podríamos tener buenas noticias y terminar el 2020 mejor que como lo empezamos”. 

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