Buenos Aires subterránea: un recorrido por los reservorios del agua que se distribuye a la Ciudad y el conurbano

Las amplias piletas que se ven desde la avenida Figueroa Alcorta antes de llegar a calle La Pampa son un escenario corriente para los que transitan a diario esa zona de Buenos Aires. Lo que pocos conocen es lo que no se ve: los once reservorios que corren en la parte subterránea de la Planta Potabilizadora General San Martín de Palermo y que forman parte del circuito por el cual millones de personas tienen acceso al agua potable.

Se trata de estructuras con forma de cueva, algunas de más de 100 años de antigüedad. Hasta allí llega el agua en la fase final del proceso de purificación, antes de comenzar su distribución. LA NACION recorrió el lugar durante uno de los procesos de limpieza.

El agua potable que de allí se obtiene es distribuida a más de 6 millones de personas que viven en la ciudad de Buenos Aires y en los partidos de Tigre, San Fernando, San Isidro, Vicente López, San Martín, Tres de Febrero, Morón, Ituzaingó, Hurlingham y una parte de La Matanza, en el conurbano bonaerense.

"La limpieza se hace cada 12 años, aproximadamente. Es similar a cómo una persona limpiaría el tanque de su casa, pero a una escala muchísimo más grande", dijo Agustín Sangiacomo, jefe de Producción de la Planta Potabilizadora General San Martín de Aysa y que depende del Ministerio del interior.

El proceso comienza con el vaciado de los tanques, que luego se inspeccionan para asegurarse de que no tengan ningún daño estructural. Luego se inicia la limpieza, que significa el retiro de los restos de productos químicos que se fueron pegando en las paredes y el piso con el paso del tiempo.

Durante los 12 años que pasan entre una limpieza y otra, los tanques son recorridos periódicamente por buzos que chequean el estado de las megaestructuras.

El lugar vacío se asimila a un laberinto de catacumbas donde todo es oscuridad. Al lugar se ingresa con vestimenta especial para protegerse de la humedad y las bajas temperaturas.

Caminar en el sector donde aún no se hizo la limpieza es complejo, porque una fina y blanca arena forma una capa de unos 20 centímetros en el suelo. Las paredes, que son blancas, son lavadas a presión hasta que se vuelven a ver los ladrillos originales que tienen el sello de "Obras Sanitarias", tal como se llamaba AYSA antes. En esa época, la empresa producía sus propios materiales para la obra.

 Una historia subterránea

Las antiguas estructuras de los depósitos de agua filtrada que se encuentran debajo de los filtros lentos existentes en la planta potabilizadora de Palermo pertenecen al proyecto original de dicho establecimiento, elaborado por la Dirección General de Obras de Salubridad de la Nación, bajo la dirección del Ingeniero Agustín González, antecesora de la primera empresa estatal de saneamiento, Obras Sanitarias de la Nación.

"Las obras se habían iniciado en 1910, y continuaron durante todo el año siguiente con la construcción de los depósitos de decantación, los filtros con reserva de agua filtrada, el edificio para bombas impelentes y elevadoras, y los edificios de oficinas, depósitos, muro de cerco", explicó a LA NACION Jorge Tartarini, director del Museo del Agua y la Historia Sanitaria.

La mayor parte de la estructura fue diseñada y construida hace más de un siglo Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

El arquitecto detalló que los dos primeros filtros lentos de esta planta se habilitaron tres años después, en 1913. Los depósitos situados debajo de cada uno tenían una capacidad efectiva de 21.000 m3 de agua.

En los "píletones" se lleva adelante la mayor parte de la decantación del agua que ingresó desde el Río de La Plata Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

"El techo que servía de piso a los filtros estaba formado por una serie de bóvedas sobre arcos y pilares de mampostería, asentados en la platea general del depósito, que era de hormigón armado. Sobre ésta se asentaban también los muros perimetrales. De cada depósito saldrían dos caños que llevarían el agua a un colector general, que la conduciría a los pozos de aspiración de las bombas impelentes", detalló Tartarini sobre el centenario proceso de purificación de agua que, en esencia, sigue siendo igual, pero con avances tecnológicos.

En la etapa en la que se diseñó se tenía en cuenta no solo la funcionalidad, sino la estética de cada estructuraFuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

En la actualidad, esos reservorios con enormes estructuras de arcos abovedados de 100 metros de largo, por 70 de ancho y 4 de altura aún son un punto clave dentro del proceso.

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