Bendita tú eres: cómo es trabajar en ambientes mayormente masculinos

Bendita tú eres: cómo es trabajar en ambientes mayormente masculinos

Una colectivera y una ingeniera "tunelera" que triunfan en dos sectores machistas 

Hay un mito histórico en la minería que establece que, si una mujer baja a un túnel, la Pachamama se llevaría la sangre de algún minero en venganza. "Es algo que siempre existió", contó Marcela Álvarez, ingeniera y directora de la obra del Sistema Matanza-Riachuelo de AySA.

El proyecto que dirige la ingeniera especializada en construcciones civiles es la apuesta más grande de los últimos 70 años en materia de saneamiento y beneficiará a 4,3 millones de habitantes de la ciudad de Buenos Aires y gran parte del conurbano bonaerense. Además, empleará a 1500 personas.

Para cumplir con su trabajo, Álvarez tuvo que romper con la leyenda milenaria que directamente excluía a las mujeres de los túneles. Veinte años atrás se animó a bajar por primera vez. "Lo hice colgándome de ganchos amarrados a las paredes. Hoy tenemos escaleras y otras instalaciones", relató. Desde esa primera experiencia, Álvarez ya lleva más de 40 kilómetros recorridos bajo tierra. "Creo que de tanto estar abajo, tengo reservado un lugar arriba", bromeó.

Junto a Álvarez estuvo Graciela Graiño, quien trabaja como colectivera desde hace más de ocho años. Graiño contó que comenzó a trabajar por el efecto del "nido vacío". "Me casé joven, me dediqué a mi familia y cuando los chicos crecieron quería hacer algo", relató. Esa iniciativa la llevó a consultar qué posibilidades laborales había en la Municipalidad de Vicente López. Allí le hicieron una propuesta: ser chofer de la línea Transporte Bicentenario, operada exclusivamente por mujeres. "A mi familia, al principio, le parecía una locura. Hoy lo toman con naturalidad", reconoció.

Consultada por Carla Quiroga, periodista de LA NACION y moderadora de la charla, sobre las dificultades de trabajar en un ambiente tradicionalmente masculino, Álvarez destacó que nunca le costó. "Lo hice toda mi vida, tuve altos y bajos profesionales, a veces tuve que volver a empezar, pero nunca bajé los brazos y puse toda mi fuerza para salir adelante", aclaró, y destacó que ella vive la responsabilidad sobre la obra del nuevo sistema de saneamiento como un "reconocimiento a su recorrido profesional".

Con respecto al trabajo del día a día, la ingeniera contó que trabaja en todas las áreas de la obra y que no le gusta estar ausente. "Tengo a mi cargo aparte de todo lo que corresponde a AySA, llevar adelante la gestión de los contratos de construcción y la supervisión de la obra. Recorro todos los túneles y estoy con los trabajadores", explicó.

Por su parte, Graiño reconoció que, al principio, cuando la gente se subía se sorprendía, pero que "después se fueron acostumbrando y ya es muy natural", comentó. Por otro lado, contó que los colectiveros hombres le ponían más obstáculos, pero que hoy no tiene mayores conflictos con las líneas con las que suelen cruzarse.

En lo personal, la chofer rescata el aprendizaje respecto del trato con la gente. "Lidiás todos los días con personas de distintas edades y clases sociales, y eso te lleva a conocer mucha gente. Es lo que más se aprende en la calle, y nosotras tratamos de hacer lo mejor posible", finalizó.

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