Fernando GonzalezDetrás de toda derrota siempre hay una catarsis y ese efecto se multiplica si los derrotados pertenecen al peronismo. Después de la contundente victoria de Mauricio Macri sobre Daniel Filmus la dirigencia del PJ y los gremialistas, sobre todo los alineados con Hugo Moyano, apuntan sobre los protagonistas de las decisiones electorales que los marginaron de las listas y llenaron esos lugares con miembros del sector juvenil K conocido como La Cámpora.
Detrás de la pobre perfomance de Juan Cabandié el domingo, quien quedó 30 puntos abajo del rabino Sergio Bergman, empiezan a aparecer las críticas a los candidatos que La Cámpora ubicó en la provincia de Buenos Aires y en otros distritos a partir de la relevancia que la Presidenta les otorga en su estrategia. De todos modos, el principal apuntado es el hombre de confianza de Cristina, el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, el dueño de la lapicera que habilitó a tantos candidatos pero que postergó a tantos otros.
El Chino Zannini, un cordobés de formación maoísta que la pasó mal durante la dictadura, es ahora el blanco preferido de aquellos que siempre recelaron de su cercanía con los Kirchner y que ven ahora la oportunidad de reducir su enorme capacidad de daño en el ejercicio del poder.






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