La bloguera viajó hasta el hospital donde se encuentra internado el disidente para acompañarlo en la primera noche luego de su huelga de hambre. Esperanzas de cambio.Por Yoani Sanchez desde Santa Clara
En horas de la mañana de ese mismo día el periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, había anunciado en su segunda página que serían liberados todos los presos políticos encarcelados en la Primavera Negra de 2003, como resultado –decía la nota– de una gestión llevada a cabo por la Iglesia Católica y el canciller español Miguel Angel Moratinos.
Sin restarle ni un ápice de mérito a la misión mediadora de obispos y embajadores, la excarcelación de estos presos políticos no hubiera ocurrido sin la muerte por huelga de hambre del prisionero Orlando Zapata Tamayo en febrero de este año, sin las jornadas de protesta pacífica llevadas con heroica resistencia por las Damas de Blanco y sin la huelga de hambre y sed declarada por este psicólogo y periodista independiente.
Minutos antes de que tomara su primer trago de agua, Fariñas escribió de su puño y letra una declaración donde anunciaba que suspendía temporalmente su huelga; suspensión que sería definitiva si el gobierno cumplía su anunciada promesa de liberar a los presos en un plazo de tres o cuatro meses. Del otro, en un estrecho pasillo atormentados por el calor que expulsaban los aparatos de aire acondicionado, líderes de diversas agrupaciones opositoras, Damas de Blanco, periodistas independientes, bloggers y amigos, venidos de diferentes regiones del país, leían en voz alta, fotografiaban y dictaban a través de sus teléfonos móviles el texto de la declaración. El papel lo sostenía desde el interior del cubículo, pegado al cristal, otro preso político con licencia extrapenal, Héctor Palacios, que lo acompañó en esos minutos trascendentales.
Fariñas ha ganado una batalla pero todavía sostiene un duro combate contra la muerte, porque el terreno donde han tenido lugar las acciones de esta singular beligerancia ha sido su propio cuerpo, que es en fin de cuentas el único espacio que encontró disponible para llevar a cabo su campaña. Sus intestinos son ahora como conductos de un papel muy frágil destilando bacterias por los poros, su vena yugular está semiobstruida por un trombo que si llegara a desprenderse podría alojarse en el corazón, el cerebro o los pulmones. Ha tenido que enfrentar en cuatro ocasiones infecciones con estafilococos áureos y en las noches, un agudo dolor en la ingle apenas le permite dormir. Su esófago apergaminado no esperaba aquel primer sorbo de agua. Le produjo un dolor tan profundo en el pecho que por un instante sospechó que estaba sufriendo un infarto, pero lo soportó en silencio.
Del otro lado de su pieza encristalada estaban observándolo expectantes aquellos que durante días habían sostenido una vigilia en las afueras del hospital orando por su vida y otros que habían llegado desde muy lejos hasta la mitad de la isla para pedirle que terminara su martirio y para ser testigos de su victoria. No quiso aguarles la fiesta a los jubilosos compañeros que aplaudían el triunfo de su causa y convirtió en sonrisa el gesto de dolor.
La familia de Guillermo Fariñas me permitió cuidarlo en esa, su primera noche después de finalizar la huelga y él me consintió ser testigo de su sufrimiento, de sus menudas malacrianzas, de sus humanas debilidades. Sólo entonces descubrí al verdadero héroe de esta jornada.
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