Far West

Vivimos en medio de una ola de robos violentos, y con ausencia total de prevención. Sin embargo, el superintendente de Seguridad Interior de la Zona Sur de la Policía dijo que el delito había bajado un 50% en los últimos tres meses. Se ve que no ha vivido en nuestro Far West latino.
Las personas de esta ciudad ya omiten dar detalles, porque resulta particularmente desagradable hacer hincapié en el nivel de violencia que se pone de manifiesto en cada uno de los robos que padecen. Los delincuentes asuelan la ciudad a toda hora y en cualquier sector: nadie está exento, ni en horarios de misa, aunque viva en una zona que se considere más favorecida económicamente. Por el contrario, es quizá peor, ya que las expectativas de los ladrones serán mayores, y exigirán satisfacerlas.

Lo cierto es que la sensación que impera en la calles es que el sistema vigente padece de una falla, y que, a la manera de un grifo abierto, no contiene dentro de sí a ninguno de los delincuentes efectivamente comprobados, flagrantes o confesos que la policía ha logrado aprehender.

En algún momento, la presidenta Cristina Fernández puso en palabras esta sensación desesperanzada cuando dijo: “la policía detiene y detiene, y la justicia libera y libera”. La cuestión sería saber, esta gente de la justicia, ¿para quién trabaja? Hablando en serio, digamos, ¿cuál es su referencia en cuestiones de seguridad? ¿A quién reportan?, ¿a quién rinden cuentas acerca de sus aciertos y errores?

Algunos vecinos sostienen, en la puerta de sus casas, que hay que reformar las leyes. Otros, que es la policía la que navega en su propio mar de contaminación, y por lo tanto resulta incapaz de sostener en el encierro a un delincuente profesional, que siempre encontrará a quien pagarle. Los más, afirman que es la justicia la que goza de la potestad de liberar a los delincuentes reincidentes con un simple llamado telefónico, y que ni siquiera se esfuerza en poner un mínimo resguardo.

Esta vez, la ciudad se ha estremecido con una enumeración de homicidios consumados o en grado de tentativa concentrados en dos días. Pero nadie tiene un plan. Nadie sabe qué hacer.

Un comerciante fue asesinado en la puerta de su casa de un disparo que le causó una hemorragia en la arteria femoral. Fue sin mediar palabra, y se trataba de dos sujetos en moto. También un remisero fue herido el mismo día en una pierna por dos hombres en moto, quizá los mismos, que le dispararon después de que hubiera entregado la recaudación. Fue por deporte, nada más. Afortunadamente se recupera de sus lesiones, pero es un chofer que vive de su jornal, y el perjuicio económico familiar y humano será enorme.

Casi a la vez, un joven asesinó a otro que era reciclador en el Predio de Disposición Final de Residuos. Parece que el asesino en realidad había tenido un entredicho con un menor que no superaba los doce años, y se apersonó en el sitio más tarde, acompañado de otros matones que lo ayudarían en su faena. El hoy fallecido Martín habría salido en defensa del pequeño, y terminó con cinco puñaladas. Los primeros testigos se amedrentaron y retiraron su declaración. Pero hoy han surgido otros que permitieron establecer la autoría del crimen.

La pregunta permanente es: ¿qué es lo que está sucediendo en los mecanismos de prevención del crimen que hace que en veinticuatro horas no alcancen las hojas para registrar los delitos violentos en una ciudad?

Las preguntas

La fiscal Andrea Gómez tiene a su cargo la investigación del crimen del basural, y habló de un nivel de violencia pavoroso en los delitos actuales. Dijo no coincidir con la reciente resolución del Tribunal de Casación respecto de no vincular a las reincidencias con las posibilidades de excarcelación de los delincuentes. “Las leyes son claras, los que fallan son los operadores al aplicarlas”, dijo. “Se están otorgando beneficios extraordinarios a quienes no los merecen, por ciertas cuestiones de interpretación de la ley”, refiriéndose concretamente a la cantidad de delincuentes reincidentes que entran y salen del sistema carcelario, porque sus abogados recurren a reclamar toda clase de medidas especiales.

Aseguró que el problema más importante de la actualidad es la ausencia de prevención porque, midiendo las estadísticas, la cantidad de delincuentes que han reincidido siempre es menor que los que están en las calles sin haber ingresado jamás al sistema. “Si el jefe de policía dice que en la ciudad hay quince bandas de delincuentes, lo que debe hacer es trabajar específicamente siguiendo el movimiento de estas quince bandas, que son las que actúan impunemente”, afirmó.

Agregó que la fiscalía investiga gracias a la colaboración de una serie de vecinos que son muy valientes, y dan información sobre quienes los acosan diariamente, porque los delincuentes aterrorizan a sus propios vecinos: “Tienen que bajar las persianas a las cinco de la tarde y poner chapas en las ventanas porque la ciudad se vuelve el Far West”.

Pero la policía tampoco tiene una mirada demasiado realista de la situación. Fabián Perroni, recientemente desplazado Jefe de la Policía Departamental, en entrevista concedida a la emisora 99.9, sonó casi resignado al decir que se detienen diariamente personas que tienen cinco o seis entradas por delitos graves. Personas con antecedentes porque, según afirmó, lo que más ha avanzado en la ciudad son los robos a casas con armas de fuego, delitos de los más violentos y atemorizantes para la sociedad: “Son todos individuos de la ciudad y se asocian para delinquir”.

Y es verdad, no hay hasta el momento un plan de estrategia preventiva que haga que las fuerzas de seguridad y la justicia puedan actuar de manera conjunta para detener el flagelo que más angustia a un grupo social, que no tiene lugar donde sentirse protegido.

Ni siquiera le ha funcionado la queja: la última vez que la ciudad entera se alzó para decir basta, después del crimen del taxista Severiens, la repuesta fue que la intendencia gastara el monto completo que se asignó a un plan extra de seguridad para pagar el veraneo de un grupo de prefectos, que tomaban mate en la costa y controlaban papeles de automotores o carnet de conducir. Una pérdida de tiempo.

Por otra aparte, y debido al estruendo que generó el ataque gratuito al remisero, la ciudad realizó una protesta que incluía un paro completo de tales vehículos de pasajeros. A propósito de esto, Guillermo Messina habló en nombre de Remicoop para detallar que el sector también requiere un plan de seguridad viable, cierto y sostenido en el tiempo. “Hay barrios en que los bajamos andando”, dijo, refiriéndose a los ataques que reciben cuando se detienen para dejar a un pasajero. Afirmó que su solicitud ante el ministro Ricardo Casal apunta a que no los conformen llenando la ciudad de policías durante quince días. La idea es mejorar de verdad.

“Si uno llega a un barrio y ve un grupo de tipos que están en una esquina a las dos de la mañana tirados en el piso, ¿la policía no los ve? ¿Qué hace una persona allí a esa hora?, ¿no estudia ni trabaja?” reflexionaba.

Lo cómico

Observar una nómina de detenciones es pavoroso. Hay delincuentes con nombre y apellido que no son víctimas de ninguna equivocación: llevan tres, cuatro o cinco detenciones por delitos violentos y siguen saliendo. Tal es el caso de Roberto Del Buono, Luis Damián Cañete, Gustavo Alberto Mendoza y Walter Reyes. ¿Cómo lo logran, después de haber protagonizado robos calificados y agravados?

Pero a pesar de que el cuadro es angustioso, y que ni los fiscales ni los particulares atinan más que a plantear su descontento con el manejo de la justicia y de las fuerzas de seguridad, el jefe policial de la zona Sur, Abel Maggi, dice que el delito está bajando gracias a que implementó un nuevo proyecto en la ciudad, que tomó de Bahía Blanca. Consiste en unos cuadernitos que se entregan en los comercios del barrio, donde el policía que hace la ronda tiene que registrarse tres veces por día, y entonces aprovecha la ocasión para dialogar con los comerciantes, que cuentan sus inquietudes.

Lo peor es que se cree lo que está diciendo: “Los vecinos pasan a ser parte de la resolución del problema porque son parte del control sobre la policía”. ¿Puede ser? ¿Es ingenuidad o cinismo? Una simple vista a los registros de detención muestra que los ladrones criminales son siempre los mismos, los policías los conocen de lejos.

Por otra parte, en una revista barrial, el comisario de la seccional cuarta, Marcelo Javier Fernández, reconoció las francas deficiencias que enfrenta en su tarea. El personal no le alcanza: en un absurdo de la desorganización, si se produce un accidente de tránsito en la zona -es decir todos los días-, él debe asignar dos de sus seis patrulleros para preservar la escena del crimen. Es decir que le quedan cuatro autos para controlar los episodios que sucedan en un radio de 1.400 manzanas. Obviamente, si alguien llama al 911, no van a concurrir.

Y entonces viene lo mejor: está feliz porque habrá próximamente una promoción de policías formados en Mar del Plata que van a trabajar acá. El problema es que saldrán con una instrucción de 3 a 5 meses. ¿Esas personas estarán con un arma en la mano controlando la seguridad? Sí. El comisario se conforma con que se les enseñe lo básico, y agrega: “El personal después se va haciendo en las calles”. Da miedo oírlo.

Porque terminaremos con policías que no saben escribir la declaración que oyen. Los que no saben exactamente cómo intervenir en un episodio de violencia o un tiroteo, los que tiran a cualquier lado, y matan testigos. Y fundamentalmente, los eternamente faltos de entrenamiento que no pueden correr una cuadra, y ante la risa de los ladrones, ceden el paso en los primeros cuarenta metros. No tienen estado físico alguno, y viven a mate con facturas.

¿Eso es lo que nos depara el destino? Sí, a pesar de que el jefe de la Zona Sur quiera arreglar el Far West repartiendo cuadernitos en los negocios.

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