Weretilneck se siente cada vez más gobernador

an pasado más de cien días desde que Alberto Weretilneck tuvo que hacerse cargo del Poder Ejecutivo de la provincia. Poco tiempo para afirmarse en el sillón de Laprida y Belgrano, un período donde no se dio tregua para consolidarse como el conductor del proceso.

Fue heredero de una tragedia que lo colocó en el sitial que anheló el justicialismo durante 28 años, siendo parte minoritaria de una sociedad política consagrada en las urnas por el pueblo rionegrino.

No fue tarea fácil. Sintió la presión de soristas, escuchó los comentarios que otorgaban al senador Miguel Pichetto el carácter de verdadero gobernador y sin perder la compostura fue testigo de las actitudes del vicegobernador Carlos Peralta y el intendente de General Roca, Martín Soria, recordándole que tiene prestado el poder.

Hoy podría señalarse, a poco más de tres meses de la nueva gestión, que a pesar de ser el responsable de que el transparente proceso de disponibilidad continúe y de algún otro error, el gobernador se va consolidando. Recorre la provincia, gestiona, rinde tributos permanentes a la presidente de la Nación y viaja tantas veces sea necesario y logra la foto deseada por todos los gobernadores.

En el frente interno sabe que el MPP y el Frente Grande son un grano de arena en la duna del FpV, pero ha comenzado a transitar página por página el manual del conductor político.

Weretilneck pareciera haber leído a Perón mucho más que los jóvenes justicialistas que lo acosan en el gobierno. El creador del peronismo escribía en su libro “Política y Estrategia que “…no todo lo hace el destino. También los pueblos y los hombres ayudan a su destino. Pero…lo decisivo es saberse ayudar…porque el que procede mal sucumbe víctima de su propio mal procedimiento”.

Pasaron los primeros nubarrones donde hubo días de peligroso equilibrio. El gobernador aguantó y esperó la asunción de Miguel Pichetto como presidente del PJ. Sabía que era un punto de inflexión y además logró no sólo participar del acto partidario como un peronista más, sino que además fue el orador que cerró el encuentro. Ese día también comprendió que la vicepresidencia para Martín Soria significaba el abrazo del oso para el hijo del ex gobernador.

Hoy transita con mayor holgura el mandato gubernamental y habla con el senador nacional el mismo idioma, conocedor de que a “los jóvenes impacientes” les falta madurar, que cometen errores que algún día pagarán.

Definiendo roles con mucha precisión, Weretilneck sostuvo, en un reportaje periodístico en el diario del Alto Valle, que cumplen roles distintos con Martín Soria “que el tiempo acentuará”. A buen entendedor pocas palabras: él es el gobernador y el otro intendente.

En tanto el jefe comunal roquense responde a cada acción del mandatario sin perder tiempo. Ante las declaraciones de Barotto, recientemente designado en el STJ compartiendo posiciones con el gobernador de ampliar a cinco el número del máximo tribunal rionegrino, Martín Soria opinó que hasta que no se equilibren las cuentas provinciales hay que seguir con tres jueces.

En fin, contradicciones que se expresan públicamente a través de declaraciones en la prensa.

Asimismo, para despertar a cualquier distraído, Weretilneck mencionó los funcionarios con quienes se siente más cómodo en el gobierno, donde la ausencia de nombres hablan por si mismo. Si faltaba algo para diferenciarse del sector interno que responde a Soria manifestó que el gobierno no necesita una fuerte personalidad y avanzó en una definición política que mira con optimismo hacia el futuro, dijo que es necesario lograr un mayor consenso dentro y fuera del oficialismo.

Sin duda que se trata de una definición de trascendencia para la política rionegrina.

Weretilneck parece haber decidido achicar al máximo el margen de error personal y en la gestión. No se muestra intolerante, prefiere el consenso, rectifica cuando es necesario y ha optado por la construcción política.

Deja que los errores lo cometan “los otros”, inmersos en la intolerancia, aunque debe cuidar muy bien que esos yerros no terminen perjudicándolo, como la firma del ridículo decreto donde se clasificó a los medios para la pauta oficial.

Ha demarcado un límite refirmando su poder como gobernador y a la vez propone la búsqueda del consenso mayoritario para no aislar al gobierno, tentación en la que caen muchos funcionarios justicialistas.

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