Weretilneck y el PJ, dilema rionegrino

Alberto Weretilneck contará con una señal de respaldo desde el oficialismo este martes, cuando a las 18 asuma como gobernador de Río Negro: en el acto estarán presentes el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

La señal es importante porque la incertidumbre política no solo era pronunciada en estas horas, sino que se centraba precisamente en la actitud que tendrá el peronismo K, que con Carlos Soria había conseguido acceder al gobierno tras reiterados fracasos desde 1983.

La muerte de Soria produjo un notable impacto en el PJ rionegrino, y lo instaló en un callejón prácticamente sin salida, más que la de aceptar la vía institucional prevista para estos casos, es decir, la asunción del vice.

El peronismo verá así cómo un hombre del Frente Grande, dueño de un capital político acotado prácticamente a Cipolletti, socio menor y distrital en la estrategia electoral del 2011, se convierte en un potencial constructor de poder propio.

El PJ sabe de esto. En 2003, cuando Néstor Kirchner llega a la presidencia, impulsado por Eduardo Duhalde, el peronismo comprobó cómo se puede construir poder desde la minoría, si se tiene el poder institucional y se hacen las cosas bien.

Kirchner construyó poder, acertó con estrategias que le sumaron apoyo popular, y redujo a Duhalde y a sus seguidores (entre quienes se contaba, curiosamente, Carlos Soria) a un mero articulador de mensajes, sin posibilidades de volver.

En Río Negro, es inevitable ser tentado a hacer la especulación sobre Weretilneck y sus posibilidades. ¿Construirá poder, negociando con todos, como hizo Néstor Kirchner, para convertirse después en quien tiene la sartén por el mango y el mango también?

¿Se lo permitirá el peronismo? O, en todo caso ¿podrá oficiar de controlador político del nuevo gobernador, sin arriesgarse al mismo tiempo a estropear todas las posibilidades del “poder recuperado” en la provincia?

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