Por: Julio Blanck.Las vueltas de la vida: Juan Manuel Abal Medina y Hernán Lorenzino son el Jefe de Gabinete y el ministro de Economía que quería Amado Boudou. En las especulaciones sobre el nuevo gabinete que designaría Cristina, esos nombres encajaban a la perfección en el esquema soñado por Boudou, de ser por primera vez un vicepresidente con fuerte injerencia en la gestión.
Los baquianos peronistas, y hasta algunos kirchneristas, recuerdan que Lorenzino poco tiene que ver en su formación y trayectoria con el jovial devenir de Boudou. El ministro de Economía que hoy entra en funciones está formado, dicen, en la escuela económica del peronismo bonaerense que fundó Rodolfo Frigeri en tiempos del liderazgo de Antonio Cafiero, con quien había trabajado desde mediados de los años ‘70. Ministro bonaerense con Cafiero, secretario de Hacienda con Menem, presidente del Banco Provincia con Duhalde y también diputado nacional, Frigeri orientó a camadas que, con base en la Universidad de La Plata, dieron cuadros como Jorge Sarghini, Jorge Remes Lenicov (el de la pesificación con Duhalde), Carlos Mosse, eficaz secretario de Hacienda en los años de Kirchner presidente, y también el antecesor directo de Boudou, Carlos Fernández, que fue quien llevó a Lorenzino a Economía.
Pero es un error suponer que por esos antecedentes Lorenzino será la voz y la acción del peronismo al comando de la gestión económica. Mal podría serlo cuando el peronismo todo, como expresión de organización política y territorial, está casi ausente en el nuevo esquema del poder. Los ministros son pura y exclusivamente de Cristina. Los que siguen y los que llegan. A todos, uno por uno, los fue citando la Presidenta en la quinta de Olivos para comunicarles, a solas, cuál era el destino que les tenía reservado.
Para Lorenzino, además, los márgenes de maniobra aparecen, de movida, acotados notoriamente por la presencia impetuosa de Guillermo Moreno.
“Va a tener el poder que sepa ganarse” , definió un zorro viejo de la administración kirchnerista. Es el límite y el desafío ineludible para el ministro que llega.
La misma regla aplica para Abal Medina. La extrema cercanía que había sabido construir con Kirchner y que se prolongó en la confianza que le dispensa Cristina, no harán de por sí, automáticamente, un Jefe de Gabinete poderoso. Con la dificultad extra de que el poder, en tiempos de Cristina, es un insumo cada vez más concentrado, al punto de desconocer jerarquías y desdibujar funciones.
Para Abal Medina, que también anduvo cerca de Chacho Alvarez y de Aníbal Ibarra, hay una buena noticia: este es un poder que premia la lealtad incondicional por sobre todas las cosas, y de eso el nuevo Jefe de Gabinete sabe un rato. Su escalera al estrellato se construyó con la fervorosa adhesión al relato cristinista y el comando de buena parte de las fuerzas destinadas al combate cotidiano con la prensa desobediente. Por cierto, su nuevo cargo le va a demandar nuevas virtudes y otras capacidades.
Desde este rincón dominical no cabe sino desearles que la fortuna los acompañe y que lo que hagan, el tiempo que les toque estar, redunde en bien para los argentinos que trabajan.
El mismo deseo corre para el más sincero ministro que se recuerde en muchos años. Se trata de Norberto Yauhar, designado al frente del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. El hombre viene del sector pesquero, es experto en hacerse respetar en los negocios, buen kirchnerista y patagónico para más datos.
Enseguida después de las elecciones, como el ministro Julián Domínguez se encaminaba hacia la presidencia de la Cámara de Diputados, en LU20 Radio Chubut le preguntaron a él, subsecretario de Pesca, qué tal se veía para el ministerio.
“El cargo me queda grande” respondió Yauhar. Y agregó: “Lo que uno no puede hacer en la vida de la política es ser aventurero” . Las vueltas de la vida: ayer juró como ministro.









Comentá la nota