Asumen hoy las flamantes autoridades del radicalismo correntino. El senador provincial Sergio Flinta se hará cargo de ahora en más luego de la plena unificación. Solamente dos distritos fueron a elecciones. En Ituzaingo, el “viejo y cansado burro” Valdez ligó una sableada. En Goya, Osella también dio para que tenga y sobre.
Tras la normalización partidaria –en su mayoría con amplio consenso y sin internas- los radicales termina el año de la mejor manera, perfilados a una contienda “cruda” y sucia” que pretende plantear un sector del justicialismo residual.
Solamente en dos contornos los radicales quisieron internas.
En Goya el actual intendente Ignacio Osella demostró porque es el jefe distrital por excelencia y con los votos se adueñó de la pelota.
En Ituzaingo –una jurisdicción electoralmente sin implicancias gravitantes a diferencia de Goya- la cuestión fue más folclórica.
En la tierra de la energía –de otros-, un viejo burro que se quedó con la mística en las manos, pretendió hacer creer que todavía valía la soberbia, el autoritarismo y la prepotencia, aunque al final debió degustar un amargo mango fuera de estación.
Eduardo Burna remedió con la simpleza, la tranquilidad, la templanza y la humildad.
El viejo caudillo como buen burro se resistió a creer y desafío con altanero atropello una conducta sin Chandon, que buscó espacios caminando junto al “cherapichá”.
Al final la burrada fue tremenda y el costo con gusto a tierra, superó al castigo que en la municipalidad empujaba a la amenaza.
La síntesis del triste final de una etapa que supo ser gloriosa, pero que no cambió sus métodos, la marcó el propio intendente que ni si quiera fue a votar.
La mochila ahora la tiene Burna y solamente él junto a su gente sabrán interpretar las nuevas voces, para no cometer otra ciega “burrada”.


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