61 años nos separan de aquel histórico 1951, cuando por primera vez en la Argentina se implementaba el sufragio femenino, aprobado por el gobierno de Juan Domingo Perón. Hoy como ayer, y más firmes que nunca, seguimos trabajando para el fortalecimiento de la democracia.
Por aquellos años un senador nacional se preguntaba: ¿y qué pasa si una mujer llega a ser presidente? La ventaja de la historia recorrida nos da la respuesta. Sin embargo, los mismos prejuicios de antaño renacen al calor del voto juvenil, del voto adolescente. Con estas actitudes, da la impresión de que a ciertos sectores sociales les sigue molestando la ampliación de derechos y la consolidación de un modelo más inclusivo, más participativo.
Asimismo, se afirmaba que la mujer no tenía la suficiente madurez política para ejercer un derecho tan básico como elegir a quienes conducirían nuestro país. Hoy se afirma que los jóvenes no están preparados y educados lo suficiente como para decidir.
Nosotros respondemos frente a tales reparos que todos los argentinos debemos ser protagonistas y forjar el futuro que queremos, que soñamos. Mientras mayor sea el universo de representación de nuestra democracia más lejos quedarán los privilegios de unos pocos.
Se nos dice que con esto no alcanza y que falta mucho camino todavía y muchos derechos para recorrer y para otorgar a la juventud antes de que tengan la posibilidad de votar. Sin embargo, yo creo que en estos nueve años hemos avanzado a paso firme y con único objetivo: una Argentina inclusiva, igualitaria y con justicia social.
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