Los papeles hispanos cayeron dos escalones y los italianos uno. Las entidades crediticias son de Gran Bretaña y Portugal y para la agencia están demasiado expuestos con bonos de sus propios países, que no los rescatarían.
Las calificadoras “actúan en manada”, agregó Frattini. Sus palabras reparaban en la evidencia de que la caída de la nota de Fitch se produce después de que Standard & Poor’s lo hiciera el 19 de septiembre, y Moody’s la semana pasada. Sin embargo, la sucesión de malas noticias afecta la confianza de la gente y por eso es necesario responder ante cada anuncio.
El accionar en cadena también fue sufrido por España, donde Fitch había amenazado el mes pasado con una baja en la nota de solvencia por la ralentización del crecimiento económico. Incluso, ya le había rebajado la nota a cinco comunidades autónomas españolas el mes pasado.
En las decisiones de las calificadoras también entran en juego los antecedentes recientes de España e Italia, que hace pocos meses debieron recurrir al Banco Central Europeo (BCE) acuciados por los mercados para que la organización multinacional comprara deuda de ambos países en el mercado secundario y evitara el derrumbe de sus bonos.
En el caso del Reino Unido y Portugal, por más que las rebajas afectaron a entidades financieras, la preocupación alcanzó a las máximas autoridades centrales. Por eso el jefe del Banco de Inglaterra (BI) manifestó que la actual crisis es “posiblemente peor que la depresión de los años treinta”. Por eso también el BI decidió inyectar dinero fresco para revitalizar las inversiones en el país.
En Portugal, por su parte, el entramado estatal-bancario se hace más evidente. Es que la rebaja de la nota de estos institutos financieros se produce después de que Moody’s redujera el rating crediticio del país luso. Según esa agencia, los riesgos de los activos financieros de las entidades aumentaron justamente por sus importantes inversiones en bonos del tesoro portugués.
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