Con la llegada del calor, vuelve a cobrar intensidad un fenómeno que se registra en la mayoría de las ciudades del mundo: Las picadas. La Municipalidad local gasta fortunas en diseñar operativos para prevenir este flagelo que no siempre son efectivos.
Sabido es que el paseo costero es también aprovechado por algunos para realizar actividades “non sanctas” de diversos tipos: algunas más graves y otras menos severas. En ese marco se inscriben las carreras de motos o autos, también conocidas como picadas.
La avenida 7 Jefes funciona entonces como una especie de circuito carretero por el cual, a toda velocidad, circulan vehículos de dos y cuatro ruedas que compiten para saber quién llega primero a una meta demarcada previamente. De más está decir lo perjudicial que significa eso para los protagonistas de esas carreras y también para ocasionales transeúntes o conductores que se encuentren en el lugar ocasionalmente.
A esto, el secretario de Control de la Municipalidad de la ciudad de Santa Fe, Dr. Cornellio Collins, agregó que “el importante volumen del rugido de motores ocasiona molestias a los vecinos”.
Para combatir estas prácticas, el Ejecutivo realiza algunas tareas destinadas a reforzar los operativos de control con unidades en la propia calle. En ese marco, el funcionario comentó que se dispuso la circulación de “un grupo importante de inspectores motorizados que verificarán este tipo de anormalidades”.
Finalmente, relató la dificultad que representa actuar frente a quienes protagonizan esas competencias porque “cuando ven aparecer el control se dispersan inmediatamente”. Entonces, la tarea del agente municipal consiste en seguirlos, a una distancia prudencial, individualizarlos y “tomarlos en los lugares donde después se concentran” para así “lograr retener las motos (en su mayoría) por otras cuestiones: falta de casco o de patente, procedencia dudosa”, etc., lo que permite el traslado al corralón municipal
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