*El volver al futuro del MPN

El año político comenzó sin medias tintas. Fracturas políticas y cambios evidentes. La situación empuja a Sapag hacia alianzas ineludibles. Una es interna y no puede gambetear al sobischismo. La otra, reafirma necesidades con el peronismo K.
El preámbulo del trabajo parlamentario neuquino del año, junto con la puesta en marcha del año político propiamente dicho, fue bastante claro en anticipar lo que vendrá: una creciente redefinición de partidos políticos y alianzas, con un agitado mar sindical golpeando las costas de la inestable seguridad institucional neuquina.

La sesión preparatoria para la inauguración del período de sesiones ordinarias en la Legislatura provincial fue la cara visible del iceberg, que a tono con el cambio climático, es de grandes proporciones y navega hacia aguas más cálidas. Primero, mostró la formalización del divorcio vincular entre el PJK y la UCR no K. Segundo, la fisura abierta en el MPN, que tiene una causa inquietante: la que discute desde hace rato ya si el partido provincial concurrirá o no a las elecciones del 2011 aliado con un sector del PJ.

Como lo de los radicales quiroguistas y los peronistas kirchneristas ya se sabía, lo que impactó fue el voto escindido de los "petroleros" del MPN. Fueron cuatro y votaron a Luis Sagaseta (PJK) para la vicepresidencia segunda de la cámara. Es un cargo de sucesión gubernamental, y por lo tanto, de importancia institucional relevante.

Detrás de esta movida hay intereses confesables e inconfesables. Un cóctel que mezcla cuestiones pragmáticas (negocios y dinero para Neuquén prometidos por los K), con algunas incipientes desesperaciones ante un poder (nacional y provincial) que se escurre, como suele ocurrir, más rápido que lo que se quisiera.

La fractura del bloque del MPN es concreta, y no sorprende demasiado. Raramente, en los últimos 20 años, el partido provincial ha logrado sostener sin divisiones su siempre numerosa bancada. Lo que pueda venir a partir de esto depende de dos internas: la del propio MPN y la del Justicialismo.

Miles de votos dividen una de otra. La del partido provincial suele ser movilizadora y con alta participación de un padrón que es el más grande –en proporción relativa al padrón provincial- de todos los partidos políticos argentinos. La del PJ suele ser austera en cantidad y calidad.

Sin embargo, la de este año promete ser más movida. Pese a los deseos oficialistas, es posible que no haya polarización entre dos listas, sino una competencia que incluya al menos tres candidatos. Esto aunque uno no se presente en la interna de cargos partidarios.

Javier Bertoldi, por el kircherismo oficialista impulsado por Oscar Parrilli; Sergio Rodríguez, por un kirchnerismo crítico aliado al líder de la CGT, Hugo Moyano, y coqueteando con Mario Das Neves; y Daniel Baum, instalado a partir del renacimiento de Eduardo Duhalde, por un peronismo no K, decididamente opositor al actual elenco gobernante.

Curiosamente, cualquiera de los tres puede sintonizar en algún punto con el MPN. De hecho, a nivel provincial han tenido incluso relaciones carnales en algún momento de sus historias.

¿Cómo se resolverá esta interna? La encuesta realizada por este diario entre sus lectores para testear preferencias en el PJ sobre candidatos para el 2011 muestra una tendencia pareja para los tres eventuales competidores. Las preferencias las encabezó Sergio Rodríguez, con 31,86 % de votos. Segundo fue Oscar Parrilli (traducido a Javier Bertoldi en la interna por cargos partidarios) con 27,88 %; y tercero, ahí nomás, con 25,22 % de los votos, Daniel Baum.

En el MPN, la interna también es por cargos partidarios, pero incluye la proyección inevitable hacia la que definirá quién será en 2011 el candidato a gobernador. Hay que tener en cuenta aquí dos datos del contexto: el primero, es la difícil situación del gobierno de Jorge Sapag frente a la presión salarial de los gremios estatales; el segundo, la también difícil situación del mismo gobierno para concretar la llegada de fondos nacionales, ahora atados (más por convicción que por realidad) a la aprobación del Fondo del Bicentenario.

La presión de los gremios estatales no hace más que empujar a Sapag hacia la necesidad de buscar aliados. Un sector lo empuja hacia los aliados "externos": el peronismo K. Otro, prefiere sellar una alianza interna, con el sector de Jorge Sobisch. Puede resultar curioso, pero es más o menos así: los gremios empujan a Sapag hacia Kirchner o hacia Sobisch…y Sapag puede hacer las dos cosas al mismo tiempo, en su afán de sobrevivir a una eventual hecatombe de agitación social creciente.

Con el peronismo K, Sapag tiene en la manga un voto en el Senado y tres en Diputados favorable a la aprobación del Fondo del Bicentenario, siempre y cuando se derogue el DNU de Cristina y se transforme en un proyecto de ley, que contemplaría una coparticipación del dinero explícita, a las provincias.

Esto bastaría, se quiere al menos imaginar el oficialismo, para seguir el plan de obras que –para bien o para mal, según la interpretación que se quiera hacer- depende de la plata nacional, que por cuestiones inherentes a la política K pasó a ser propiedad de los habitantes de la residencia de Olivos. También alcanzaría para alimentar el financiamiento del PAF, sea por 400 millones de pesos o algo menos.

La cuestión sindical es otra cosa. La ambigüedad creciente del gobierno de Sapag frente a las demandas gremiales tiene los días contados. Es una política de corto alcance, porque no hay sindicalista capaz de sostener una dilación constante sin caer frente a las presiones internas de sus sectores más fundamentalistas.

Es probable que Sapag defina pronto un cambio de hombres en su Gabinete para oxigenar una relación con los gremios que inexorablemente será conflictiva todo el año. Ya probó el año pasado incorporando a Ernesto Seguel en Educación, para despegar a Jorge Tobares de una negociación que iba derechito camino al conflicto. Haga lo que haga el gobernador, es un hecho que necesita sellar un frente interno partidario que no le sume problemas al problema.

Una salida probable (es la que más se está trabajando) es integrar una lista oficialista que incluya al sobischismo y que lleve como cabeza al sector que quiere ser una tercera vía pero que todavía no le alcanza y por ende necesita tanto del sapagismo como del sobischismo: es decir, el sector que conduce el diputado nacional José Brillo.

Las operaciones para conjugar intereses y necesidades de cada uno están en plena actividad. Se mueven aquí operadores de Sapag, de Sobisch, de Brillo, y del "grupo de intendentes", que si bien no forman una agrupación interna, tienen en sí mismo poder negociador para hacer pesar en los más de 600 cargos que debe elegir el MPN.

El año, así, se avizora interesante para el mundo de la política. Un peronismo en proceso de definición, vinculado siempre al MPN. Un radicalismo en procura de unidad, que tiene que resolver el "enigma Farizano" para mantener de mínima el gobierno capitalino en el 2011, ya que sería difícil triunfar en la provincia perdiendo en la capital (aunque esto tampoco es improbable). Un MPN que debe resolver si mantiene la bipolaridad sapagismo-sobischismo, o se escapa hacia delante por una tercera vía consensuada que diluya antiguos liderazgos, y lo consolide como partido capaz de sobrevivir a eventuales derrotas electorales. Y un partido nacido del sindicalismo estatal, que es UNE, que ya comienza a sufrir los exámenes electorales con la obligación de conseguir algo más de lo que ya consiguió.

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