En las entrañas del volcán Galán, a resguardo del viento, se encuentra la laguna Diamante, un espejo de agua que es tan transparente y atractivo como enigmático en su composición. No es para menos: se trata del ambiente más extremo que se haya conocido hasta ahora y que mejor recrearía las características inhóspitas de nuestro planeta hace más de 3500 millones de años.
"En la caldera del volcán hay poco oxígeno, mucha radiación ultravioleta, nada que comer y el agua de la laguna es extremadamente alcalina y con altísimos niveles de salinidad y arsénico. Estas condiciones, a más de 4000 metros de altura, son muy parecidas a las que existían en los orígenes de la vida. De ahí su enorme importancia científica", precisó a LA NACION, en una comunicación telefónica desde Tucumán, la doctora María Eugenia Farías, responsable del Laboratorio de Investigaciones Microbiológicas de Lagunas Andinas (Limla-Proimi), del Conicet.
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