Volcan Hudson: Las últimas observaciones aportan signos alentadores

Volcan Hudson: Las últimas observaciones aportan signos alentadores
La amenaza latente provocada por la fuerte actividad del volcán Hudson, en paralelo al límite entre las provincias argentinas de Chubut y Santa Cruz, dio ayer un respiro a las autoridades de ambos países, luego de que se constatara que la pluma de cenizas, que emergió de su cráter, se redujo al tamaño de un kilómetro.
La Oficina Nacional de Emergencias (Onemi) ratificó ayer a La Nacion que la sismicidad ha bajado a niveles medianamente tranquilizadores, de alrededor de un sismo por hora. Aun así, se mantiene la alerta roja, al igual que en el complejo Puyehue-Cordón Caulle, que hizo erupción en junio.

Desde hoy comenzará a operar el nuevo equipamiento de monitoreo visual del Hudson, que desde mediados de la semana pasada amenaza con una erupción mayor, similar a la de 1991, que cubrió completamente de cenizas buena parte de la Patagonia.

Tres de los nuevos monitores fueron instalados en los sectores de Las Malvas, Chiflón y la caldera del volcán Hudson, mientras que los tres restantes están habilitados en un radio de 60 kilómetros en torno al macizo en actividad.

El ministro de Minería, Hernán de Solminihac, comprobó en el terreno la presencia de bloques de hielo en la desembocadura del río Huemules, procedentes del deshielo de los glaciares que rodean al Hudson.

"[Se observa] una altura de la columna de un kilómetro y una pluma de alrededor de cinco kilómetros [.] la cantidad de sismos se ha mantenido en el orden de uno por hora, pero el tremor [señal sísmica] ha bajado levemente, así que es una indicación positiva en ese sentido [.] Pese a ello, la alerta roja sigue en pie", explicó De Solminihac.

Precisamente, el tremor -el movimiento interno del volcán causado por el magma- sigue siendo la principal causa de preocupación de las autoridades, que no encuentran correspondencia entre éste y el material expulsado hasta ahora por el Hudson, consistente en tres fumarolas, dos de ellas de vapor, y una tercera de cenizas.

Señales de alivio

Según el último reporte del gobierno regional de Aysén, zona donde se sitúa el Hudson, las últimas horas han entregado señales de alivio a las autoridades. "El sector se encuentra despejado, el cauce del río Ibáñez está en condiciones normales y no hay olor a azufre. La fumarola se mantiene de color blanco, sin ruidos subterráneos y viento calmo, y ha reducido su altura; por lo tanto, las condiciones están en normalidad", dijo la vocera regional Marcia Raphael.

Asimismo, y pese a que el chequeo presencial de la zona aledaña al Hudson, específicamente el sector del río Huemules, dio cuenta de una gran cantidad de material piroclástico arrastrado por el lahar (flujo de barro) emitido por el volcán, se establecieron condiciones normales, con fumarolas de color blanco, sin olor a azufre ni ruidos subterráneos.

El gobierno chileno ordenó la presencia en la zona de la Armada, la Fuerza Aérea y el Ejército para ayudar en las labores de emergencia. Según los marinos, el estero de Cupquelán no presenta peligro, pero el Quitralco sí muestra sedimentos y troncos a la deriva. Si bien los aeropuertos locales se mantienen activos, Puerto Ibáñez continúa cerrado para embarcaciones menores.

En la zona, y pese a los esfuerzos oficiales desplegados, la desconfianza en el gobierno chileno es manifiesta. Los alcaldes de Chile Chico, en este país, y Los Antiguos, en la Argentina, distantes ocho kilómetros entre sí, acordaron abrir la frontera en caso de emergencia. Para la última erupción del Hudson, en 1991, la población de Chile Chico enarboló la bandera argentina, decepcionada por el auxilio que le prestó el gobierno chileno, encabezado entonces por Patricio Aylwin, dos años después del retorno a la democracia en Chile.

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