La relación entre el magnate mediático Rupert Murdoch y el gobierno británico no es nueva. El dominical Mail on Sunday publicó que el ex primer ministro Tony Blair urgió a su sucesor, Gordon Brown, a que disuadiera al diputado laborista Tom Watson de continuar la campaña que encabezaba contra News of the Word por las pinchaduras telefónicas.
Watson hizo una cruzada de dos años contra el tabloide y dijo que Rebekah Brooks, jefa ejecutiva del grupo, “no sólo era responsable sino que sabía lo que pasaba” y que “James Murdoch (hijo de Rupert, a cargo de sus operaciones en Gran Bretaña) autorizó el pago a las víctimas de las escuchas para silenciarlas y pervertir el curso de la justicia”.
En tanto, la iglesia anglicana británica escribió a Rupert Murdoch condenando los hackeos telefónicos y exigiendo que “limpie las prácticas periodísticas de su compañía”. Los líderes de esa iglesia son dueños de 6 millones de dólares en acciones y amenazan con venderlas. A esa preocupación se sumó la de un príncipe saudita, que también tiene un buen porcentaje de acciones.
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