En Tucumán, el 17% de las personas viven solas y la mayoría lo hace en departamentos que se cruzan en 10 pasos. Salir mucho es la consigna para quienes habitan estos espacios. La comida se pide a domicilio. La ropa parte a lavanderías o a la casa de los padres. En la capital, cada vez se construyen más edificios pequeños. Buen nicho de mercado para los diseñadores
Los monoambientes se han convertido en una de las viviendas más buscadas de nuestros días en el microcentro de la capital: su tamaño resulta ideal para la cada vez mayor cantidad de jóvenes que se están independizando y parejas que deciden formar su "nidito de amor", como también para divorciados o jubilados.
La demanda de hogares unipersonales no para de crecer. Porque nunca en Tucumán tanta gente vivió sola: en 1991 eran el 9% de la población, en 2001 el 11% y en la actualidad, el 17%, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Tampoco hay registro de una oferta tan alta de monoambientes: del total de departamentos que en la actualidad se construyen en el área central (154, según los datos de Catastro municipal), el 80% no tiene más de 1 y 2 ambientes, comentó Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana de la capital.
El funcionario se basó en los datos del último censo para mostrar los cambios: cada día son más las familias que dejan San Miguel de Tucumán para buscar tranquilidad en residencias de localidades vecinas. "El centro se convirtió en una de las opciones más elegidas para quienes quieren vivir solos", precisó.
Tan fuerte es el mercado que, por ejemplo, hay inmobiliarias y empresas que sólo se dedican a construir departamentos pequeños, comentó el presidente del Colegio de Arquitectos de Tucumán (CAT), Juan Ramazzotti. "La fuerte demanda tiene que ver con el cambio que mostró el concepto de familia en los últimos años. Estas unidades de viviendas pequeñas vienen a resolver problemas de parejas recién constituidas o de personas separadas", destacó el profesional. Las construcciones más elegidas van desde los 25 y hasta los 45 metros cuadrados.
Con la proliferación de departamentos chicos ha aparecido un estilo de vida diferente al que esos mismos habitantes conocían: hoy duermen dentro, pero viven fuera. La conectividad es esencial, dicen.
La comida se suele pedir a domicilio. La ropa parte a lavanderías o a la casa de los padres. Los cumpleaños se celebran afuera. "¿Vida social? Prefiero salir antes que invitar gente. Una vez vinieron dos amigos y se llenó el departamento", cuenta Luciana Bergolini, de 31 años, vecina de un edificio de San Luis, entre Las Piedras y San Lorenzo.
Los sectores que albergan viviendas unipersonales se están acomodando a estos nuevos residentes. Los barrios Norte y Sur son un claro ejemplo. Allí hay cada vez más supermercados express adonde se puede comprar rápidamente la mercadería necesaria. También aumentan las lavanderías, los negocios de comida rápida, las panaderías y los fast food.
"Estos chicos no cocinan nunca. Llegan a cualquier hora", comenta Isolina Suárez, empleada de un local de comidas para llevar ubicado en la calle Santiago del Estero al 500.
A pocas cuadras de allí se encuentra una lavandería. "En promedio, traen la ropa una vez a la semana", cuentan en ese local. "Compran uno o dos panes y un poco de queso", describe Juan Villagra, de un maxiquiosco de la zona.
"La cocina es un lugar adonde principalmente hacemos el desayuno. Preferimos no preparar tanta comida porque todo se impregna de olor. El comedor ni existe. El centro de todo es el dormitorio. La cama hace las veces de sillón", detalla Juliana Frías, de 25 años, que habita en un edificio de San Juan al 200. Reconoce que extraña el verde, que a veces no encuentra las cosas y que es fácil marearse en tan poco espacio: un departamento que se recorre en apenas siete pasos.
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