La ciudad despertó con el toque de diana. Las marchas y los himnos de las bandas colmaron las calles del centro. En un espacio llano donde ahora se levanta el Monumento, las autoridades pronunciaron inagotables discursos.
Fue un martes de sol intenso. Los festejos arrancaron a las 8 de la mañana y se extendieron hasta entrada la noche. La edición del día siguiente de LaCapital dedicó a los actos tres páginas de ocho columnas en las que destacó el "desbordante entusiasmo de la juventud y el pueblo", como rasgo saliente de la jornada. "Ayer cumplió cien años nuestra enseña nacional y el pueblo ha palpitado el sentimiento patriótico hondamente", se lee en un ejemplar amarillento.
La crónica de aquel día inicia con el izamiento de banderas en los establecimientos militares, rodeados "de gran cantidad del pueblo, que había salido de las casas" para saludar a la bandera. Un acontecimiento celebrado ese día fue la llegada del crucero Patria con autoridades del ejército y del gobierno nacional, entonces en manos de Roque Sáenz Peña.
La ciudad era otra, pero ciertos rituales perduran en el tiempo. Algún hilo, al parecer, ata al pasado la costumbre de vestir los balcones con banderas: "La ciudad presentaba un aspecto pintoresco con el embanderamiento que ostentaban los frentes de las casas y balcones", destaca el diario del 28.
A las 9 del día del centenario la gente se volcó a la plazoleta Manuel Belgrano, junto a la piedra fundamental del Monumento a la Bandera, donde hoy se encuentra la cripta. La piedra basal se había colocado 14 años antes en ese lugar, una plaza con árboles añosos y una glorieta. Allí, de espaldas a la Catedral, se instaló un tablado revestido con telas celestes y blancas donde se celebró una misa de campaña.
En el palco estaban dos delegados del Ejecutivo nacional y el intendente municipal, el coronel Felipe Goulú. La foto del día muestra una multitud con paraguas y sombreros y, en primer plano, un grupos de estudiantes con uniforme alineados junto al escenario.
Los discursos de las autoridades, extensos, eran disertaciones de reseña histórica y exaltación patriótica.
Al terminar la misa, en la plazoleta siguió tocando la banda y una columna se puso en movimiento hacia la plaza 25 de Mayo, donde se descubrió una placa alusiva a Belgrano. Algunos espectadores sucumbieron al calor sofocante y hubo que asistir cuadros de insolación.
El desfile. La gran convocatoria fue a la tarde, en esa misma plaza. A las 16.30 los jardines "estaban repletos de público que se apoderaba de los lugares para presenciar el desfile". La marcha partió del puerto, donde estaba anclado el crucero Patria. La integraban agrupaciones de estudiantes, asociaciones de residentes extranjeros, miembros del Regimiento 11 de Infantería, policías, bomberos y público.
Se destacaron, relata el diario, un carro alegórico con el busto de Manuel Belgrano "custodiado por cuatro niñas". Por la noche, los alrededores de la plaza se iluminaron con una procesión de antorchas. El pueblo iba entonando el himno a la bandera y "desde los balcones del trayecto, las damas y señoritas arrojaban flores al paso de los ciudadanos". A las 22 se quemaron "castillos de fuegos artificiales" en el laguito del Parque Independencia y, media hora después, las familias distinguidas de la época se citaron en el Teatro de La Opera.
"En el espíritu caritativo y noble del inmortal Belgrano hubo un rasgo de infinita soberbia, al borrar el nombre de reconquista a nuestra revolución y escribir en cambio independencia", dijo allí el presidente de la comisión organizadora de los festejos. Era Enzo Bordabehere, el futuro senador por la provincia de Santa Fe asesinado en el Congreso de la Nación en 1935.
De aquella celebración mañana se cumplirán cien años, pero algunos rituales perduran. El pueblo de Rosario saldrá, como entonces, a vivir en comunidad una nueva jornada de construcción de su identidad histórica.
Comentá la nota