Así se vive en “El Pozo”, el mayor basural de Mendoza

Enclavado en el pedemonte de Godoy Cruz, 300 familias trabajan allí día y noche separando residuos que venden por unos pocos pesos. Esta semana lo visitará el gobernador Pérez.
El basural a cielo abierto conocido popularmente como “El Pozo”, en Godoy Cruz, volvió a ganar espacio en los medios hace unos días, luego de que el gobernador, Francisco Pérez, anunciara que su primera reunión de Gabinete tendrá lugar allí esta semana.

La visita del mandatario pretende llamar la atención de toda la comunidad sobre un lugar en el que trabajan día y noche más de 300 familias sin descanso, recolectando residuos y chatarra que luego venderán por unos pocos pesos a las chacaritas que tienen el “monopolio” de la zona, como lo comprobó Los Andes en una recorrida por el basural más grande de Mendoza.

De lunes a lunes, sin feriados ni recesos, con decenas de camiones que entran y salen durante todo el día y con “códigos” que permiten a una familia diferenciar con una rama clavada de punta cuál es su montículo de “mercadería” y poder marcharse sabiendo que al regresar permanecerá allí. Así transcurren los días en “El Pozo”, un lugar que parece a simple vista no tener descanso. Pero que sí tiene toda la paz que los vecinos de los barrios aledaños quieren y necesitan, sin estorbar a los demás.

“Para muchos es una mugre, pero para nosotros es un trabajo digno, nuestra fuente de trabajo. Acá estamos todas las familias, todos los días para poder ganarnos nuestra plata”, comentaban los vecinos mientras cumplían con su rutina diaria.

Quienes “trabajan” aquí volvieron a manifestar su preocupación por la planta de tratamiento de residuos que está aprobada para construirse en el lugar y destacaron que esperan que los políticos les den una respuesta. “Ojalá que no vengan sólo a sacarse una foto para decir que estuvieron acá y nos garanticen lo que necesitamos para poder trabajar tranquilos. Nosotros vamos a estar esperando acá al gobernador para decirle personalmente lo que necesitamos”, agregaron.

Acostumbrados

María Tejada vive en el barrio Sarmiento -ubicado frente al Pozo- y es una gran referente de los vecinos de este gigantesco montículo de basura. Nadie la conoce con ese nombre en el barrio ni podrá responder si se la llama así. “Acá me dicen Lula”, contó la mujer que a lo largo de su vida ha visto crecer tanto la extensión del basural como el número de familias que viven de él.

“Hoy (por el viernes) no hay tanta gente, pero así y todo hay varios, porque entenderás que los pobres no tienen feriado”, comenzó Lula mientras iniciaba el recorrido por el extenso lugar que en algún momento, hace más de 60 años, fue un descampado. “Un basural a cielo abierto, obviamente, no le agrada a nadie. No nos agrada tampoco ni lo queremos, pero mucha gente se quedaría sin trabajo”, se sinceró.

En el lugar están diseminados todo tipo de residuos sólidos y secos. A diario, no sólo los camiones recolectores de basura de la Municipalidad de Godoy Cruz sino camionetas y carretelas particulares, ingresan para vaciar sus cargas de residuos inservibles (para algunos). Y, al mismo tiempo, otros tantos camiones (generalmente grandes y viejos) entran también cada día, pero estos salen repletos con la carga del material que compran por unas pocas monedas a la gente que pasa días enteros separando entre “lo que sirve y lo que no”.

“Cartón, PET, latas, vidrio, diarios es lo que se junta, porque es lo que se vende en las chacaritas. Acá hay una persona que es dueña de las dos chacaritas que están en la zona y es la que compra todo. Es a la única que le podemos vender porque no deja entrar a otros camiones. Muchas veces, si nos enfermamos, nos compra los remedios y nos los da como adelanto de pago”, contó un grupo de vecinos en pleno trabajo, que identificaron al dueño de las chacaritas monopólicas como “Pedro”. “Hasta tiene una flota de camiones con la que viene a buscar todo”, agregaron.

Los más cotizados y valuados son los envases de plástico PET (el de las gaseosas descartables), por los que se paga entre 80 centavos y un peso el kilo. Por ese mismo volumen de latas, cartón y papel, generalmente se pagan cerca de 30 centavos.

“No estamos en contra de la planta, pero queremos saber qué va a pasar con todos los que trabajamos acá. Porque no todos vamos a poder tener trabajo ahí. Quieren sacar El Pozo, pero es un trabajo y sacamos una moneda digna”, dijo Omar González, albañil y padre de dos hijos, que vive en el Campo Papa y todos los días acarrea bolsones y bolsones de residuos.

“Trabajando todo un día, sin parar, de 7 a 18 podemos sacar como mucho 150 pesos”, agregó el hombre.

Respeto y solidaridad

Los barrios y asentamientos que rodean “El Pozo” parecen infinitos: Campo Papa (el de mayor extensión), Sarmiento, La Paz, Los Toneles, Vandor, Solidaridad, Brasil, Aconcagua, Los Glaciares y otros aledaños al Dique Maure, sólo por mencionar algunos. La mayoría de las familias que allí viven han encontrado su forma de subsistir a expensas del basural a cielo abierto.

“Es fácil decir desde un escritorio que el basural es una mugre y que hay que cerrarlo. Pero pocos vienen acá a ver qué es lo que nos pasa. Yo prefiero que mi hijo esté acá, trabajando y no robando. Prefiero venir a ver a mis nietos acá y no tener que ir a verlos al Penal o a la Comisaría”, siguió con su relato Lula.

“Cuando nosotros entramos y vemos que hay un palo marcando un montón, sabemos que eso es de una familia que estuvo trabajando y dejó separado lo que le sirve. Entonces, no lo tocamos. Somos muy unidos entre nosotros, no pasa nada. La policía entra a veces, patrulla y se va”, contó a su turno César, más conocido como “Fido”.

Este joven de 20 años pasó toda la madrugada del 8 de diciembre recorriendo y juntando los residuos de los que podría sacar un beneficio económico y, cerca del mediodía del viernes, volvió a su casa.

"Con el calor no podemos estar acá a la siesta. Entonces muchos chicos están toda la noche y madrugada revisando. Y para poder iluminarse terminan haciendo fogatas en tachos que muchas veces originan incendios”, afirmó Hilda Pérez, otra vecina del Campo Papa, haciendo alusión a uno de los principales reclamos que le harán a Pérez: el de las luminarias.

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