Cómo se vive al borde del riesgo social y natural

Asentamientos en zonas que no son firmes en los cañadones del norte de la ciudad de Neuquén son un severo peligro.
Las formas de organización son diferentes. Un vecino puede estar tres o cinco metros abajo o arriba. La lluvia se encarga de recuperar sus terrenos.

Neuquén > La ciudad crece a un ritmo acelerado y gana terreno sobre la barda. El límite natural al norte de la capital ya no es un obstáculo, es parte de la geografía urbanizable. Las construcciones informales o los grandes proyectos de barrios son una realidad en la meseta neuquina.

El problema surge cuando el crecimiento se extiende al límite de la barda, sobre los cañadones naturales, los desagües pluviales o las laderas con cuevas con terreno no firme. Además, llevar los servicios hasta el lugar es muy dificultoso por lo que tomas enteras permanecen durante años en situación irregular.

"El peligro en algunos lugares es inminente. La Municipalidad regularizó varias tomas, como ocho, porque haciendo algunos arreglos el terreno permitía la instalación de la gente, pero la gran mayoría no, como la de Auca Mahuida que se instalaron en cuencas acuíferas, sobre terrenos que no son sólidos", expresó Lorena Troncoso, coordinadora institucional de Gestión Ciudadana del municipio.

La necesidad habitacional de los neuquinos y la planificación de la ciudad, que va detrás del crecimiento real, hace que las tomas sean la forma natural en que la gente desarrolla el avance de los barrios.

La mayoría de las tomas en la capital está al pie de la barda y se expande hacia arriba, hacia los barrios que la Municipalidad planificó como el futuro de la urbanización: la meseta.

El problema que se presenta ante la instalación anticipada de la gente en estos sectores es que construye sin tener en cuenta la consistencia del terreno. El caso más peligroso es el de la toma Espartaco, ubicada detrás de Cordón Colón, debajo de Alta Barda, en los cañadones naturales de la meseta.

Al ir hacía allá se descubre que el lugar es estratégico por la cercanía con el centro y los rápidos accesos, la protección del viento por estar en un pozo y la fácil organización del barrio por las arterias de cada cañadón. Sin embargo, los problemas cuando llueve son muchos.

"La lluvia es lo de menos porque corre rápido por todos lados, el problema es el resto de los días, si rascamos 30 centímetros del suelo sale agua. Todo es agua acá, humedad, aguas servidas, charcos de barro, moho", señaló Mariluz Paz, dueña de un kiosco en el frente de su casa en la toma que tiene más de 20 años de antigüedad.

Su casa está en la ladera de la barda, dentro del cañadón. En su patio trasero hay una hilera de casas a unos tres metros de alto y la vecina de enfrente está a unos cinco metros por debajo. Todo corre hacia abajo. "A la pobre Ana se le inunda siempre", bromean entre vecinas.

Para colmo, en la calle que las divide pusieron un caño de agua pero no lo habilitaron. "Los camiones destruyeron la calle, ya no pasa más el camión de la basura porque se quedó varias veces, hay pozos de manera constante. Hicieron un desastre", comentaron Ana y Mariluz.

En la toma Espartaco tienen agua mediante unas mangueras de plástico que están conectadas a la red "de arriba", la del barrio Alta Barda.

El cañadón y la calle del árbol

Al trepar la meseta detrás de la casa de Mariluz, por los surcos naturales de la tierra se llega a un puñado de cuatro casas que están en el cañadón debajo de la calle Los Álamos, de Alta Barda. Ahí vive Noelia Rodríguez hace tres meses. Con su bebé en brazos y un cachorro que no para de saltar atado a una pared de la barda, dice que jamás pensó en la lluvia. "Nos urgía mudarnos, no teníamos adonde ir, vinimos acá, no pensamos en el agua, todavía no llovió", dice.

Su vecina de enfrente, Anahí, explicó que hace un año, cuando se mudó, tuvo muchos problemas de humedad pero que pudieron solucionarlo porque subieron un poco el terreno junto a su pareja.

Ir de casa en casa es una travesía. Todas están a un desnivel muy grande entre cada una de ellas. La barda es un paredón inminente. "Si no la tocás no pasa nada, el problema es si querés moverla o algo, se te viene abajo", explica Anahí.

En el verano la situación se tranquiliza. El agua y las napas se secan rápido pero en invierno perduran en los charcos, en las aceras, en la calle.

En la toma Rincón del Valle, sobre la avenida Huilén que sube por la barda hasta la meseta, vía rápida para llegar a Parque Industrial y Colonia Nueva Esperanza, el problema es la escasez de agua.

"Cuando llueve no se mete el agua a las casas pero pasa rapidísimo por la calle y se arman charcos", comentó Aída Azocar. Su hija pequeña y los niños que jugaban en la vereda comentaron que hay muchos bichos, culebras, arañas, alacranes y hormigas.

Andrea González vive en la mitad de la subida. Comentó que varios vecinos se organizaron al momento de instalarse y que obtuvieron la ayuda de un maquinista. "Nos dijo que respetáramos las defensas de hormigón que hay sobre la barda, que nos quedemos debajo de ellas, que hiciéramos una buena base, vale más toda la estructura por debajo que por arriba de nuestras casas", comentó.

El problema más grande que hay allá arriba es que no pueden llevar el agua. No están regularizados en algunos sectores de esa toma y no pueden conseguir el líquido. "Pusimos una manguera desde un tanque grande que hay arriba pero nos la cortaron, creo que alguien del EPAS, así que no tenemos agua hace años. No podemos bombear porque no hay motor que dé, así que hay que traer bidones", sostuvo Oscar Salgueiro, salteño de nacimiento y neuquino por adopción.

Comentá la nota