Durante la reunión hubo gritos y acusaciones cruzadas. No se abordó ninguno de los temas de agenda. El ministro de Salud se retiró del encuentro.
El escenario del papelón que hicieron los legisladores –miembros de las comisiones de Salud y Labor Parlamentaria del Senado–fue el Salón Rojo de la Legislatura, desde el cual sólo salieron gritos, acusaciones cruzadas y frases desacertadas, pero ninguna conclusión que le sirva a la gente. Temas muy preocupantes, como la realización de una cirugía en el Hospital de Rivadavia sin la autorización pertinente, el supuesto crecimiento de los índices de mortalidad infantil o la necesidad de contar con un servicio de terapia intensiva en efectores del Este no pudieron abordarse en medio de un clima de tribuna que dio vergüenza.
Tras casi dos horas de discusión agresiva y cargada de interrupciones irrespetuosas, el ministro de Salud, Carlos Behler, se retiró del lugar dando un portazo.
CRÓNICA DE UN PAPELÓN. Puntualmente a las 10, Behler llegó acompañado por algunos miembros de su equipo al seno de la Comisión de Salud para dar explicaciones sobre los últimos hechos polémicos sucedidos en el área a su cargo. Munido de una presentación Power Point que duró algo más de hora y media, el funcionario trató de explicar su plan de gestión.
Lo que parecía una reunión tranquila, comenzó a cambiar el tono cuando el senador radical Armando Camerucci copó el uso de la palabra y comenzó a disparar acusaciones y opiniones acerca de cómo creía que debían manejarse las cosas en Salud.Las largas intervenciones de Camerucci sólo fueron interrumpidas por las intempestivas y descorteces intervenciones de su par justicialista Héctor Gómez, situación que rápidamente convirtió a ambos en los protagonistas del encuentro, ante la mirada perpleja de los presentes. Ni los legisladores médicos de la comisión ni los técnicos llevados por el ministro para dar explicaciones pudieron meter bocado en la disputa.
La requisitoria hecha por el senador y médico Sergio Montes, de Unión Popular, interesado en saber por qué en el Hospital Saporiti de Rivadavia se había operado a un hombre de 68 años de la cadera sin la autorización pertinente –ya que la cirugía tiene un riesgo medio y el nosocomio no cuenta con servicio de terapia intensiva–, no pudo ser respondida por el ministro. Tampoco el senador y médico Omar Dengra, del Confe, pudo saber qué pensaba el funcionario acerca de que en el hospital de Junín hace seis meses que está roto el mamógrafo y cuatro que lo está el equipo de rayos, o por qué no hay tiras reactivas de glucemia y los enfermos deben ser trasladados a San Martín para hacerles esta medición. Tampoco pudo determinar por qué a su hermano, que tuvo un corte en la cara, no lo suturaron en el centro de salud de cabecera de ese departamento por no contar con elementos básicos de primeros auxilios. El radical y médico Abel José se quedó con ganas de que Behler le informara sobre los índices de mortalidad infantil, porque él cree que han crecido en Mendoza. Hechos graves, como el reconocimiento del propio director del Saporiti de que la neonatología regional de la zona sólo contaba con un respirador, pasaron inadvertidos.
Ante esto, Camerucci gritó: “Bueno, ahora tienen un respirador, pero por lo menos tienen neonatología, porque nosotros –por los radicales– se las construimos”. No más afortunado fue el momento en que, al escuchar que el senador Montes pedía la urgente creación de un servicio de terapia intensiva e intermedia en el Este provincial, recibió una increíble respuesta de parte del peronista, Héctor Gómez. “La terapia creala vos cuando seas director del Hospital Montes”, dijo este. El tema que desató la furia fue la requisitoria de Camerucci acerca de la compra de un auto de parte del ministerio, tema El Sol publicó en su edición del martes. Ni los que atacaban al ministro ni los que lo defendían estuvieron a la altura de un debate que terminó abruptamente con la salida del ministro, quien antes de retirarse se dirigió a Camerucci diciendo: “No le voy a permitir, senador, que me falte el respeto de este modo, soy un hombre grande, ni tampoco le voy a permitir que diga que hago marketing con la figura de Claudio Burgos”.
Ante los dichos del ministro, el senador radical contestó: “Yo no mencioné a Burgos, ustedes lo nombran porque tienen cola de paja, yo quisiera a Favaloro trabajando acá, pero no se puede”. “Ahora van a decir que a Favaloro lo matamos nosotros, pero déjeme decirle que cuando murió, el gobierno era radical”, remató Behler, dando la espalda y pegando un portazo. Tras la salida de Behler, el presidente de la Comisión de Salud, Ernesto Corvalán (PD) –quien no pudo controlar la situación–, se apresuró a decir: “Hoy los mendocinos perdieron plata, porque a los legisladores no se les paga un sueldo para que hagan papelones”.
El papelón del atacante y el defensor
Ni Armando Camerucci, férreo crítico de la gestión de Carlos Behler, ni Héctor Gómez, débil defensor del funcionario, jugaron un buen papel ayer en la Legislatura. Con agresiones y hasta irónicas risas durante su discusión, pusieron nervioso a más de uno de los presentes en la reunión, por el bajo nivel de profundidad en sus argumentos. Ambos coparon buena parte del uso de la palabra en la reunión, sin decir nada, y tampoco dejaron hablar a los que algo sabían o a los que tenían temas importantes en agenda.
Los temas de los que no se habló
-Falta de servicio de terapia
intensiva en los efectores
sanitarios del Este.-Según un legislador,
crecimiento en los índices de
mortalidad infantil.-Falta de insumos básicos en
efectores sanitarios de Junín.-Falta de médicos, elementos
y movilidad en centros de salud
de La Paz.-Estado de la infraestructura
sanitaria de la provincia.
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