Violencia con nombre y apellido

Los mecanismos con los que el machismo opera suelen estar tan naturalizados que no se ven sino con una mirada crítica. Hasta que se producen muertes anunciadas. En Argentina, el 2010 dejó 260 femicidios. Las otras víctimas se las cobró el aborto clandestino, la principal causa de las defunciones maternas.
Mentir, callar, oprimir, olvidar, lastimar… los verbos que remiten a situaciones violentas son múltiples y por eso las agresiones interpersonales alcanzan los recovecos más íntimos. Sobre todo cuando están teñidas de machismo, que se expresa desde el ‘piropo’ en la calle hasta el aborto clandestino o los femicidios, la muerte de mujeres en manos de parejas, familiares u otros hombres que legitiman que por el simple hecho de haber nacido varones pueden apropiarse del cuerpo y las decisiones de las sujetas. Para prevenir, mejor ver y saber mirar.

Es que la violencia de género se reproduce de forma circular. Un individuo que aparenta ser amable y apacible en el exterior de su familia comete una acción que daña a su compañera y, si los hay, hijos o hijas; luego se muestra arrepentido y pide perdón. Pero la escena se repite, el ciclo vuelve a comenzar. “El femicidio es una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres, es el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad”, define la.Asociación La Casa del Encuentro, que relevó 260 fallecimientos de este tipo en 2010. En ellos también cuentan los “vinculados”, en general de niños que perdieron la vida en medio de un ataque de un varón a su pareja o -como el caso de Tomás, de Lincoln, según se investiga- por venganza, para “golpear donde más duele”.

El de Fátima Catán se convirtió en un caso paradigmático en la zona sur del Conurbano porque despertó redes de prevención de la violencia. Una reconstrucción de la última noche que la joven de 24 años compartió en Villa Fiorito con su novio Gustavo Martín Santillán hizo que la querella tuviera más herramientas para pedir que el muchacho sea imputado en la causa por la muerte de la chica, en agosto del año pasado. Él había sostenido que ella se había quemado mientras limpiaba CDs con alcohol y que tardó en llevarla al hospital porque no encontraba la llave, aunque en la reproducción de ese episodio que hizo ante los magistrados expresó que había salido rápidamente a solicitar ayuda.

Esa fue una de las contradicciones podrían hacer que deje de ser “testigo” del supuesto “suicidio”, según la coartada vigente. La joven murió con el 85 de su cuerpo afectado por el fuego y se encontraba en la tercera semana de embarazo. “Cuando me dijeron que estaba quemada pensé que ambos lo estarían porque se habrían quedado dormidos con la estufa prendida. Jamás creía que iba a sufrir un dolor tan grande durante cinco noches”, el tiempo en el que estuvo internada, describió ante LA TERCERA Elsa Geréz, mamá de Fátima, cuando se cumplió un año de su ausencia.

“No quiero que haya otra” víctima como su hija, enfatizó la mujer, que, en medio de la lucha por el esclarecimiento, acompaña a organizaciones que bregan por la equidad de género para evitar que el machismo provoque más muertes. El miércoles último, utilizó la Banca del Vecino para explicar el derrotero del caso en el Concejo Deliberante lomense, que decidió por unanimidad avalar el proyecto de ponerle el nombre de Catán a la plazoleta de la estación de Fiorito.

Las otras muertes

Mujer y madre fueron por siglos sinónimos. “Una mujer sin hijos es como una planta sin frutos”, suele decirse desde los sectores más conservadores, en general asociados a las cúpulas religiosas para las que la máxima figura femenina de su credo asume su rol de santidad sólo por haber sido portadora de dios, que, por supuesto, es hombre. Pero la muerte unifica: creyentes o no, la principal causa de fallecimiento materno en Argentina es el aborto, que se realiza de forma clandestina porque está penado por ley excepto ante casos de violaciones o de que la persona en gravidez sea “idiota o demente”. Sin embargo, incluso en estos casos en los que debería actuarse de inmediato intervienen los magistrados. Muchas veces la burocracia judicial es más lenta que la resistencia del cuerpo.

Pero las interrupciones de embarazos sí se realizan. Las clases pudientes de la sociedad están en condiciones de pagar esa intervención en una clínica privada, con condiciones aceptables de salubridad. Las sujetas que primero fueron excluidas por la pobreza no logran costear esa atención, lo que determina su marginación definitiva: mueren por ser mujer y no tener dinero. Es decir que pesa sobre ellas una doble condena social, una doble forma de violencia.

La Campaña Nacional por la Despenalización del Aborto que presentó en el Congreso el proyecto 0998-D-2010 para que ese proceso quirúrgico sólo demande la voluntad femenina hasta las 12 semanas de gestación aclara que su mirada es estructural: hace falta “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”. Es decir que la información para conocer y acceder a las formas de prevención, más el acceso a la salud pública de forma equitativa son los primeros pasos para reducir la cantidad de difuntas que se cargó el patriarcado. Tras la marcha atrás del dictamen favorable en el Legislativo, la discusión parece que recién podrá darse en 2012.

No es no: la violencia en la calle

¿Qué autoridad poseen los varones para abordar a una mujer en la calle y demostrarle lo más básico de sus deseos? Los piropos fueron considerados históricamente como la potestad masculina de ‘cortejar a la mujer’, sostenido en el supuesto de que ‘las halaga’ o ‘les levanta el ánimo’. Pero ¿cuándo les consultaron a ellas si esto funciona así? ¿A cuántas? ¿Piensan en cómo recibirán ese discurso, acompañado a veces de gestos y una proximidad innecesaria, sobre todo cuando expresan sus fantasías sexuales de forma explícita? No, nunca se reparó en qué le pasa o qué quiere esa persona a la que se dirige el hombre por el simple hecho de portar un cuerpo femenino. Actos ‘gentiles’ u ‘obscenos’, no tienen en cuenta a la otra parte de la comunicación. Cosifican. Importan sólo las ‘curvas’ de ella y las hormonas de él. Entonces, son muestras de violencia.

Agresiones intrafamiliares : actuar rápido

“La violencia de género es una problemática social que atraviesa a todo los sectores sociales”, definió a LA TERCERA, Mariela Fernández, subsecretaria de Políticas Sociales de Lanús y referente de la Coordinación de Género y Diversidad Sexual, una de las pocas oficinas municipales creadas para trabajar sobre la equidad. Disponen de centros de atención interdisciplinaria para las víctimas de las relaciones negativas y de un teléfono para pedir ayuda: 4229-2519, que funciona de lunes a viernes de 8 a 17.

El servicio acompaña a la mujer y su familia en la decisión de buscar un nuevo hogar, cuando es necesario o así lo asumió. Si bien esta clase de relaciones dañinas “transversaliza” los estratos económicos, “en el distrito se le da prioridad a los más vulnerables”. Quienes consultan reciben contención psicológica, legal y de trabajadoras sociales.

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