Violencia en Brasil: ya mataron a 229 policías en lo que va del año

Violencia en Brasil: ya mataron a 229 policías en lo que va del año
Por Eleonora Gosman.

De ese total, 98 murieron en San Pablo. Las muertes son un efecto de los choques entre narcos y uniformados.

De los 229 policías asesinados en Brasil en nueve meses del año, 98 perdieron la vida en la capital paulista y los municipios vecinos. Eso representa el 42% del registrado en el país. Y supera con creces la proporción de habitantes de esta megalópolis respecto al total nacional, que es de poco más de 10%. Ese es uno de los datos de la espiral de violencia que conmueve a la mayor ciudad brasileña . Hay otro: desde hace una semana, las estadísticas registran casi 10 homicidios por día.

Anteayer, el gobernador paulista Geraldo Alckmin reconoció por primera vez que existe un enfrentamiento entre los miembros de la Policía Militar (PM) y los narcotraficantes del Primer Comando de la Capital. El mandatario, del Partido Socialdemócrata (opositor al gobierno federal), sostuvo que las órdenes de atacar a agentes de la PM, que funciona como policía provincial, venía de una banda mafiosa enclavada en la favela Paraisópolis. Pero ayer, el jefe de la Tropa de Choque de la PM paulista, el coronel César Augusto Morelli, desmintió al gobernador: “Hay mucha novela”, dijo cuando los periodistas preguntaron sobre el incremento de asesinatos en el año. Según este comandante, algunas de las muertes de uniformados tendrían que ver “con una reacción al combate al tráfico de drogas.

Son represalias ”.

Según la prensa local, al negarse la existencia del aumento de la inseguridad, se desampara a los paulistanos. Lo cierto es que la onda de homicidios y delitos en la capital paulista es tema de comentario en el resto del país. Ruy Castro, conocido periodista y escritor, quien vivió 16 años en San Pablo, contó en una columna publicada por el diario Folha de Sao Paulo, que cada vez que viajaba a Río de Janeiro, sus amigos paulistanos se alarmaban: “¿No te da miedo la violencia y las balas perdidas?”. Ahora, que vive en Río, la pregunta se invirtió. Cuando viaja para la megalópolis paulista, le interrogan asustados: “¿Vas para San Pablo? ¿Y la violencia, los asesinatos, las ejecuciones y los secuestros relámpagos?”. Según Castro, él intenta explicar a sus amigos cariocas que el fenómeno está localizado “y que no hay un miedo generalizado: las personas continúan sus vidas”.

En las regiones centrales y bien custodiadas de esta ciudad, nadie teme un robo o un asesinato a la luz del día. Otra cosa ocurre cuando empieza a anochecer y las calles, aun las más iluminadas y vigiladas, se pueblan de peligros presumidos o reales. El paulistano hasta perdió confianza de andar después de las 20 por una avenida como la Paulista, que tiene una presencia policial ostensible y se consideraba muy segura. En la periferia la situación es más complicada: allí rige un toque de queda virtual y anónimo. No se sabe quiénes pueden estar detrás de esas órdenes, pero mensajes anónimos vía telefónica e inclusive por mensaje de texto recomiendan a los comercios bajar persianas y a las personas recluirse en sus casas. Dicen que por detrás de esos mandatos están las facciones del narcotráfico.

Entre tanto, una pelea envuelve al gobierno de Alckmin con el Ministerio de Justicia de Dilma Rousseff. Según el ministro José Eduardo Cardozo, desde Brasilia le ofrecieron ayuda al gobernador. Entre otras iniciativas, le acercaron una propuesta que permitiría descabezar las bandas y que son las que ordenarían los asesinatos. Pero en San Pablo rechazaron ese plan . Según los jefes policiales, las bandas que actúan dentro de las cárceles “no están tan organizadas” como para emprender una guerra contra los uniformados. “No son una mafia italiana: para ser organizados, deberían tener vínculos políticos, con policías y periodistas”. Sin embargo, el Primer Comando de la Capital (PCC) demostró ser capaz de paralizar la ciudad, como ocurrió en 2006.

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