Violó, mató y se olvidó lo que hizo

Por Ricardo Roa

Era su pareja, tuvo un hijo con ella, se separaron de común acuerdo. Después, en un descampado, la violó a punta de cuchillo y por eso fue preso ocho meses. Pero ella decidió perdonarlo y él salió de la prisión beneficiado con la figura del avenimiento. Un anacronismo del Código Penal que por este caso precisamente fue derogado y que permitía dejar sin efecto la pena a cambio de un desagravio: que el hombre propusiera casamiento a la mujer mancillada.

Apenas nueve días después de la boda que lo sacó de la cárcel, el violador se convirtió en asesino: Marcelo Tomaselli mató a Carla Figueroa de 18 puñaladas. Carla tenía apenas 19 años.

Una historia atroz con un final anunciado.

Los dos jueces que lo liberaron nunca tuvieron en cuenta que Tomaselli, violador y violento, podía hacerle daño. No pidieron ni una pericia psiquiátrica: sólo discutieron si Carla se casaría por propia voluntad o estaba presionada.

Miraron hacia otro lado.

Ahora los dos están fuera de la Justicia: uno suspendido y el otro jubilado.

Marcelo asesinó a Carla sin importar el hijo que habían engendrado. Ayer, al comenzar el juicio oral, dijo: “Me declaro culpable, me hago cargo. La maté en la pieza, aunque no recuerdo lo que hice”.

Quiso decir: soy culpable pero poco.

Reconoció lo que era evidente y no podía dejar de reconocer y olvidó cómo lo hizo. Puede ser cierto pero es, también, el recurso menos original del mundo: alegar un estado de emoción violenta para intentar que le reduzcan la pena.

Pura estrategia jurídica.

La tía de Carla dijo: “A Carlita la tenían amenazada. Ella hizo todo para sacarlo de la cárcel, aunque sabía que iba a morir”. ¿Pensaba realmente eso o creía que Tomaselli era su tabla de salvación? Se había juntado con Marcelo cuando era una nena de 15 años . Había un hijo en el medio. Y la perseguía, solita, un fantasma terrible: su madre había sido asesinada por su padre, que está preso.

El final no tiene remedio. Pero el juicio es un mensaje abierto a una sociedad donde el abuso y la violación son moneda corriente.

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