Villa de la Quebrada sufre la amenaza de su propio basural

El Municipio alquila un terreno para tirar, quemar y enterrar todos sus desechos. Funciona allí hace más de diez años.

En sólo cuatro días las 170 mil personas que pasaron por Villa de la Quebrada generaron la misma cantidad de residuos que lo que el pueblo religioso desecha durante todo un año. El dato surge de la información que suministró a El Diario de la República la intendenta del pueblo, Stella Lobos y de la experiencia personal de los choferes que manejaron los vehículos de limpieza.

Cuatro camiones con capacidad de cargar 4.500 kilogramos cada uno hicieron tres viajes por día repletos de basura; y otras tres camionetas descargaron seis veces al día su carga completa de bolsas, cartones, botellas, plásticos, papel y restos de comestibles en un basural a cielo abierto que crece rápidamente; es un dolor de cabeza para la Intendencia del pueblo y una inminente amenaza sanitaria para sus vecinos.

El basural está a sólo cinco kilómetros del “Cristo milagroso” en un terreno propiedad de Inés Soria, una pobladora rural que le alquila el predio al Municipio por 800 pesos mensuales.

“Le alquilamos a la intendenta este terreno que es de una hectárea. Y esto funciona así hace más de diez años: vienen los camiones, descargan, queman y cuando está muy avanzado pasan la máquina para enterrar o arrastrar hasta el fondo. Pero parece que ahora no hicieron el pozo correspondiente”, contó la propietaria del terreno asombrada por el crecimiento de la parva de residuos.

Lobos dijo que está preocupada por la cercanía y la expansión del basural hacia la zona urbana:

“Desde hace varios años que debería haberse regulado, porque quedó bastante cerca. Me gustaría trabajar en un proyecto de erradicación, porque además sería un muy buen negocio para reciclar. Es mucha la cantidad que se produce. Quizás en estos días se genera lo que nosotros generamos en todo el año”.

El chofer del único camión municipal con el que cuentan en Villa de la Quebrada, Roberto Albornoz explicó que estos últimos días tuvieron que hacer hasta cuatro viajes diarios, cuando en el resto del año hacen dos o tres por semana.

“Durante la festividad religiosa recolectamos lo que genera el pueblo en todo un año”, comparó. Albornoz considera en cambio que no hay peligro de contaminación: “Lo que hacemos es tirar todo para rellenar los pozos del predio. Luego se pasa una máquina para tapar y dejarlo bajo tierra. No hay contaminación. Además, no hay otra forma de hacerlo” aseguró.

En el operativo especial montado por la festividad del Cristo trabajaron unas 35 personas por turno. Comenzó el 1º de abril y terminará el 30 de mayo, porque primero deben desmalezar los terrenos para recibir a los turistas y acomodar los puestos y, después de la fiesta, tienen que barrer la localidad entera. La intendenta admitió que el plan de limpieza fue ampliamente superado por la convocatoria popular, sobre todo el feriado del 1 de mayo –si bien ese día siempre está próximo al 3 de mayo, fecha de la celebración central del Cristo-. Y explicó que a la hora de planificar el operativo, su decisión fue aumentar la planta del personal por sobre la instalación de volquetes. “La idea era que el pueblo tenía que estar impecable, en la medida que se pudiera. Si traíamos containers se iba a amontonar todo, y eso también es un foco infeccioso.

Entonces contratamos más gente para que trabaje y alquilamos vehículos porque sólo tenemos un camión”, argumentó.

Algunas horas después de la tradicional procesión, las calles de la localidad quedaron repletas de residuos de todo tipo. Además de los desechos producidos ese mismo día, muchos puesteros acumularon grandes cantidades de basura al costado o bajo sus stands.

Cuando la gente se va y el espacio queda libre, sólo se ve basura. Esa es la cara de la Villa el 4 de mayo.

Las señales de la basura

Entre las rutas 146 y 3, sobre el acceso a Villa de la Quebrada, un camino de tierra conduce al foco infeccioso.

Mientras se recorre esos casi tres kilómetros, hay indicios que sirven de guía: las numerosas bolsas perdidas en el camino funcionan como señales de tránsito con destino final al basural.

El predio ocupado tiene una dimensión aproximada de cincuenta metros por cincuenta. Al medio se forma un montículo de tierra que divide el terreno en dos sectores: una parte repleta de desechos quemados y otra a completar. El olor es nauseabundo y los desperdicios se convierten en un paraíso para insectos, aves y animales que disfrutan las 24 horas de este gran "tenedor libre".

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