Florencia PeñaCristina mandó al Ejército a remover árboles, escombros y cables caídos, a repartir agua y alimentos. En cambio a Macri, la justicia tuvo que ordenarle que se dignara ofrecer una mínima ayuda en las villas donde más se sintieron las consecuencias de este vendaval.
El torbellino de Semana Santa se hizo sentir. Unos y otros desplegándose hacia distintos lugares para pasar un par de días desconectados de la rutina que agobia y empasta las neuronas. Y si bien el año recién está comenzando, la sensación desde hace ya tiempo es que no paramos nunca. Ya no alcanzan las vacaciones, ni las escapadas, ni los días libres... todo va a mil, todo tiene una vertiginosidad que aterra. La vida es movimiento constante, ¿pero tanto? Los días vuelan. Las horas, los minutos se consumen, y literalmente, el tiempo nos pasa por arriba. Mis hijos, por ejemplo, crecen a una velocidad tal que no hay zapatilla que dure más de dos meses. ¡Cómo les crece la pata, por Dios!
¿Y los huevos? No los de mis hijos, ¡¡¡guarda!!! Los huevos de Pascuas. ¿Qué pasó, chicos? ¿Una pieza de Swarovski o un huevo de chocolate? Los están vendiendo en las joyerías. Los guardan bajo llave y les ponen alarma. Ya hay grupos comando elaborando planes para robarse huevos de las góndolas. Cotizan en la Bolsa. ¡¡¡Pa!!! Como dicen los uruguayos, están salados... Tendríamos que inventar otra cosa para las próximas Pascuas. ¿Es necesario el huevo? Si lo que se conmemora es otra cosa. Cada religión le da un valor diferente, y tiene distintas connotaciones que nada tienen que ver con el huevo. Ponele la rosca, bue... tiene lo suyo: algunas cargadas que te revientan el hígado, otras con tan poco contenido que dan lástima, pero hay de todo y para todos, y precios que se bancan más. Pero, ¿huevo? Y lo peor es que si no está el huevo, sobre todo para los chicos, la cosa se pone insulsa, como si no tuviera encanto. Es rara la movida del huevo. No se llega a comprender por qué tanta repercusión.
En fin, la cuestión es que más chiquitos, más grandes, alguno hay que arrimar. La otra que se me ocurre es festejar después. Como con las liquidaciones, pasada la Pascua el huevo te lo rebajan y te lo tiran por la cabeza. Y ahí sí te podés comprar de todos los tamaños y de todos los sabores. Es como los tapados, hay que comprarlos fuera de temporada, porque en pleno invierno tenés que dejar una pierna para comprar uno.
Más allá de todo, la familia se reúne y festeja. Cada uno con su trip, pero siempre que hay motivos para que la vida nos encuentre unidos, está bueno. Y si estas Pascuas sirven para eso, lo aplaudo. Con o sin huevo, la vida es con otros, uno no se arregla solito, como dice una canción de Midón. Necesitamos a los demás. Aunque venimos solos y nos vamos solos, nuestros afectos nos ayudan a andar el camino, amando y sintiéndonos amados. Lo más importante que puede ocurrirnos es el amor.
La semana pasada viajé a Uruguay y seguí desde allá lo que pasó en nuestro país. ¡Y qué semana más movida! Pintaba como un momento de transición, una semana “cortita” con dos feriados y medio, o tres, según los rubros, antes de “arrancar el año con todo”. Pero cuánto movimiento en las calles y en los medios, tantas noticias y sacudones.
Empezamos con el feriado por el 30 aniversario del inicio de la Guerra en Malvinas. El homenaje de la presidenta en U-shuaia y los actos en todo el país. También con los sospechosos disturbios frente a la Embajada británica. Y el “apagón” de celulares de Movistar. Pero sacando esos focos de confusión, fue una gran jornada de unidad, memoria y hondas reflexiones.
El martes se fue un grande. Tras una larga batalla por su salud, falleció Eduardo Luis Duhalde; el Duhalde bueno. Compartió nombre de pila y apellido con el ex-presidente electo por sí mismo, el nefasto “Cabezón”, pero pocos despistados podrían confundir a dos hombres que representan valores totalmente contrapuestos. El secretario de Derechos Humanos de la Nación fue periodista, abogado, historiador y un luchador incansable contra las aberraciones del poder. En los ’70 empezó defendiendo a perseguidos políticos, especialmente del peronismo proscripto, junto a su socio Rodolfo Ortega Peña, que fue asesinado por la Triple A. Duhalde fue uno de los defensores de las víctimas de los fusilamientos de Trelew. En el ’76, la dictadura cívico-militar lo privó de sus derechos, pero logró exiliarse en España, desde donde siguió denunciando los horrores del terrorismo de Estado. A su regreso al país, trabajó como juez, consultor de la ONU en Derechos Humanos y profesor universitario. Y desde 2003, de la mano del proyecto político iniciado por Néstor Kirchner, llegó a la Secretaría de Derechos Humanos, y fue uno de los pilares en las luchas por Memoria, Verdad y Justicia. Mereció homenajes de todos los organismos y dirigentes políticos que defienden los principios de la democracia, y la gratitud de todo el pueblo: porque hacen falta muchos hombres tan valientes para que nuestra sociedad sea libre.
Entre el martes y el miércoles, las noticias se multiplicaron como si se apuraran por salir antes del fin de semana largo. Las reversiones de áreas de YPF, la caída de sus acciones en las Bolsas y los malintencionados rumores de que el Estado la compraría “con plata de los jubilados”. Las marchas contra la trata en el aniversario de la desaparición de Marita Verón. Las denuncias de Mariotto y Verbitsky sobre la criminalidad del Servicio Penitenciario Bonaerense. Aunque obviamente se puso el énfasis en las flacas denuncias contra Boudou.
Yo no necesito poner las manos en el fuego por nadie: espero que la justicia haga su trabajo, y que lo haga bien. Porque la investigación parece que “avanza” más rápido en los multimedios que en los tribunales. Llama la atención que, a pesar del secreto de sumario, los medios corporativos vayan a recibir a los encargados de un allanamiento. También que el denominado caso Ciccone comience a llamarse caso Boudou, con hasta ahora sólo la denuncia de una ex despechada. Y también que cada vez que surge el nombre del grupo Boldt, la prensa hegemónica haga oídos sordos. Porque no sé si recuerdan que nuestro actual jefe de gobierno porteño, Mauricio “Bi Ei” Macri, está recontra procesado, pro-ce-sa-do, desde antes de ser reelecto y a nadie parece escandalizarlo.
El nivel de cobertura mediática con que cuenta el niño mimado de los grandes medios se está volviendo grotesco. Esta semana se comprobó que el aumento del 66% de ABL que había anunciado, en realidad alcanzó cifras de 300% y más, que encima no distingue entre zonas de altos ingresos y zonas carenciadas. En mi barrio le dicen “tarifazo”, pero en algunos medios no le dicen nada. Un recuadrito, y justificándolo. Del cierre de cursos en escuelas, que por las constantes marchas de padres, alumnos y docentes se redujo de 220 a 96, tampoco nos enteramos mucho, quizás porque están en zonas donde faltan vacantes pero son pobres. Y quizás porque la educación privada sigue recibiendo subsidios sin problemas.
Y con el traspaso de los subtes y las 33 líneas de colectivos pasa lo mismo. Macri y su gente se niegan por todos los medios (opositores) a trabajar y sus excusas no tienen gollete. Hay una Ley del Congreso aprobada por amplísima mayoría, y la voluntad del secretario de Transporte de sentarse a dialogar, que no es correspondida. Mauricio se encaprichó de nuevo, con sus berrinches de niño rico: “Si no me atiende la presidenta en persona, no quiero nada.” Mauricio, ya estamos grandes, y tenés responsabilidades, dejate de hacer puchero, arremangate y ponete a laburar.
El jueves un temporal de película arrasó el Conurbano Bonaerense, Capital Federal y parte de Santa Fe. Una tormenta violentísima, de cine catástrofe, que terminó con las vidas de muchas personas y generó destrozos enormes. Las zonas más afectadas fueron el oeste y sur del Gran Buenos Aires, donde muchas personas se quedaron literalmente sin techo. Y las personas que más lo padecieron, obviamente, son las que viven en condiciones más precarias. ¿A quién echarle la culpa de un “desastre natural”, de una tragedia del clima? Podemos apuntar al calentamiento global, a la crisis de la sociedad de consumo, a la explotación de los recursos del planeta a niveles dañinos, pero son generalizaciones muy complejas. Y lo que importa en lo inmediato es solucionar los problemas de las personas afectadas. Y ahí se ve con claridad qué concepción de la política y del Estado tienen nuestros dirigentes.
Ante estas desgracias, desde el Estado cabe encogerse de hombros, mirar para otro lado, redactar un tweet, como parece ser el estilo PRO. O enterarse, tender la mano, tomar medidas y asistir a los damnificados, que es lo que se hizo desde el gobierno nacional. Cristina, por ejemplo, mandó al Ejército a remover árboles, escombros y cables caídos, a repartir agua y alimentos. En cambio, a Macri la justicia tuvo que ordenarle que se dignara ofrecer una mínima ayuda en las villas donde más se sintieron las consecuencias de este vendaval.
En fin, es algo que conocemos, que continúa y se profundiza: el fuerte contraste entre la ciudad más rica y más excluyente, donde los que menos tienen y más necesitan son ninguneados por el gobierno PRO. Y del otro lado, un proyecto de país federal e inclusivo, donde el Estado se hace presente para garantizar los derechos de todos los habitantes.
Ya sabemos adónde conduce el modelo neoliberal, y alcanza con ver las noticias internacionales para recordar nuestro triste 2001. El otro camino es más incierto, porque pocos se aventuran a desoír el mandato de los poderosos. Pero es un camino lleno de posibilidades y serán nuestros pasos, los de quienes creemos en la política como herramienta para el cambio, los que las vayan concretando, y descubriendo nuevos posibles. Por eso: Nunca Menos. <



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