Es el momento de un crecimiento bajo en países desarrollados y más moderado en los emergentes. Esto último repercutirá con fuerza en la Argentina, ya que el 90% del aumento de la demanda de nuestros productos agropecuarios, pesqueros y mineros viene de ese sector. El Indec admitió una caída de la inversión del 15% interanual en el segundo trimestre.
El estudio señala que la primera cuestión es que cada vez son más abundantes los signos de una "nueva normalidad" de crecimiento bajo en los países desarrollados -muy bajo en Europa- y más moderado en los países emergentes. Resultará así un crecimiento global de alrededor del 3,9%/3,5%, ciertamente más normal y sostenible que el 5% promediado en 2004-2007, pero no una buena noticia para países como la Argentina que, pese al relato, son muy dependientes del escenario mundial.
En su reunión anual de otoño, en Tokio, las autoridades del Fondo Monetario Internacional afirmaron que la economía global corre un riesgo alarmantemente alto de caer en un nuevo bajón. Por ahora redujo sus pronósticos de crecimiento mundial para 2012 de este modo: Mundo, 3.3% (antes 3.5%); desarrollados, 1.3% (1.4%); EEUU, 2.2% (2.1%); UE, -0.4% (-0.3%); emergentes, 5.3% (5.6%); China, 7.8% (8.0%); Latam, 3.2% (3.4%); Argentina, 2.6% (4.0%); Brasil, 1.5% (2.5%) y México 3,8% (3,9%).
Algo contradictoriamente con sus categóricas palabras sobre signos alarmantes -continúa el informe-, el FMI se muestra bastante optimista en lo concerniente a 2013 ya que ve al mundo creciendo 3.6% (antes 3.9%); los desarrollados, 1.5% (1.8%); EEUU, 2.1% (2.2%); UE, 0.2% (0.7%); los emergentes, 5.6% (5.8%); China, 8.2% (8.4%); Latam, 3.9% (4.2%); Argentina, 3.1% (4.0%); Brasil, 4.0% (4.7%) y México, 3.5% (3.7%).
"Por nuestra parte, vemos al crecimiento global levemente más bajo que los pronósticos del FMI, tanto para 2012 como para el próximo año", sostiene el IAE.
Luego agrega que "las tasas chinas a las que creció la Argentina la mayor parte de los últimos años dependieron no poco de un mundo creciendo al 5% anual, valor insostenible porque estaba anormalmente apalancado por endeudamiento. Por lo tanto, la nueva normalidad de un mundo creciendo a 3%/3,5% no nos será inocua. No sólo crecerán menos los desarrollados sino, por arrastre, también algo menos los emergentes que, como venimos diciendo hace años, son los clientes más estratégicos de la Argentina en tanto aportan cerca del 90% del aumento de la demanda de nuestros productos agropecuarios, pesqueros y mineros".
Es aquí donde la nueva normalidad mundial se entrelaza con nuestras propias limitaciones. Sin ir más lejos -sigue-, nuestro pronóstico de un aumento del PIB del 3,5% para 2013, que por ahora mantenemos, se basa fundamentalmente en dos factores. Por un lado los granos que, como dijimos el mes pasado, pueden aportar hasta 16.700 millones de dólares más que en 2012. De ellos, unos 4.500 millones irían para el Gobierno, aumentando así la posibilidad de continuar con políticas fiscales y monetarias insosteniblemente expansivas que empujarán al consumo de igual manera.
Pérdida de competitividad
La inversión, en cambio, tendrá un comportamiento muy pobre, tal como lo va reconociendo el propio Indec, que estimó una caída de nada menos que un 15% interanual para el segundo trimestre de 2012. Esta falencia de la inversión obedece a múltiples razones, tales como la fuerte pérdida de competitividad de muchos sectores, entre ellos buena parte de las economías regionales; autoritarismo, discrecionalidad e imprevisibilidad crecientes de la política económica y también las cada vez más abundantes señales del Gobierno de devaluar la institucionalidad (la libertad de prensa, la Auditoría de la Nación, el Consejo de la Magistratura, críticas más o menos veladas a la Corte Suprema).
Todo esto ha llegado al punto en que ya influye negativamente sobre la inversión. Y como si todo esto fuera poco, el triunfo de Chávez en Venezuela puede llegar a nuestras latitudes impulsando nuevas expropiaciones-confiscaciones en los servicios públicos o en los sectores concentrados.
La conjunción de un menor crecimiento mundial y una caída en la inversión motivada por los propios errores del Gobierno, bosqueja un cuadro de situación muy diferente al que le permitió a la Argentina crecer tan rápidamente en la década pasada, concluye el estudio.
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