En pocos días, si ningun cataclismo arrasa la ciudad, alrededor del 70% de los zarateños que concurran a las urnas elegirá a uno de estos dos candidatos: Osvaldo Caffaro o José Luis Mangini.
La ciudadanía, con este panorama y al menos hasta el 2013, tendrá pocos canales de expresión si sus problemas chocan contra los intereses tanto de Cáffaro como de Mangini.
Algo similar ocurrió hace doce años, aunque con ingredientes distintos.
En el año 1999, gobernaba la ciudad la Corporativa Morano-Graciarena.
Ambos , el Municipio moranista recien reelecto y la cooperativa del “Colorado”, se protegían y hacían negocios juntos sin pisar el coto de caza del otro.
La prueba de amor de esta alianza fue la concesion directa de los servicios sanitarios.
Todo funcionó casi sin sobresaltos mientras la economía nacional aun marchaba al ritmo ya algo sincopado del 1 a 1.
En esta nueva Corporativa los actores institucionales son los mismos (Cez/Municipio), pero algo es distinto: el atrevido Mangini saltó el cerco compitiendo por el mismo cargo electivo de Cáffaro, y este a su vez “amaga” –nunca lo hará-, querer inmiscuirse en la vida interna de la cooperativa que manejan hoy a su antojo Mangini y los López.
La realidad es que a pesar de la intromisión en los campos del otro, la Corporativa Cáffaro-Mangini seguirá funcionando a partir de 2012 sin que nadie vaya hasta el fondo por el otro, contenidos por el riesgo de que se caigan ambos.
Una de las tantas pruebas de este simulacro de competencia , es el “Acta de Acuerdo” firmado por las partes hace casi un año, y que nunca se cumplió ni se volvió a mencionar.
En ese Acta se suscribía a principios de noviembre de 2010 la formación “en 90 días” de una “Mesa de Control Ciudadano de los Servicos” que presta la CEZ, mesa que nunca se constituyó mientras los cortes de luz imprevistos, la baja tension y la deficiente calidad de la higiene urbana siguieron su curso.
Otra de esas pruebas es la declamada “intencion” de Cáffaro de designar dos representantes municipales en el Consejo de la CEZ.
El tema lo pusieron en agenda a través del diario La Voz hace cuatro meses, a pocos días de que el kirchnerismo habiltara la lista partidaria de la CEZ para las primarias.
Pasados cuatro meses de aquel anuncio, no se designó a nadie.
¿Porqué sucede esto?
Sin dudas, los 30 o 40 mil zarateños que los votarán no participan de la fiesta de los presupuestos sin control tanto sea este “municipal”, o “cooperativo”.
Pero una gran parte de ellos acuerda con el modelo económico del gobierno nacional, y sucede que los que voten a Cristina con boleta completa –se estima que más del 50% del padron-, en Zárate arrastrarán por comodidad o desinterés dentro de la urna alguna de estas dos opciones: Cáffaro o Mangini.
La otra razón por la que nos espera un futuro de exiliados en nuestra propia ciudad a los que no comulgamos con el “roba pero hace”, con el “miente pero no me importa” o con el “roba pero reparte (para sus amigos)”, es la realidad de los medios de comunicación locales.
Especialmente aquellos que podrían sostener un mínimo equipo periodístico que se proponga ir más allá de reproducir las gacetillas oficiales, que se pueden contar con los dedos de una mano: uno o dos cables, dos diarios, alguna radio.
Estos medios, salvo escasísimas excepciones, jamás investigan nada.
Se nutren de los aportes de sus propios clientes para brindar notas de interés entre dos avisos o dos tandas publicitarias.
Lo demás es propaganda.
Temas investigados con los pobres recursos materiales de Zi, como el oscuro destino de los fondos del plan de inclusión social “Argentina Trabaja”, el caso de gatillo fácil con complicidad municipal del Parque de la Cruz, el encubrimiento del homicidio culposo de Sebastian Roth, las aprietes, atentados y diversos negociados incompatibles del grupo corporativo “CEZ- Canal Local-3 de julio”, o el cartel de la millonaria obra pública municipal que Cáffaro gerencia con sus socios de Zárate y de Puerto Madero, certifican que estos medios locales están muy lejos de ofrecer a la población una versión completa de la realidad zarateña.
Si estos temas hubieran sido incorporados a la agenda pública por estos medios, otra sería la percepción social y hasta la situación jurídica de Caffaro y Mangini.
Y seguramente serían otras las opciones políticas con chances de ganar el próximo 23 de octubre.
Vivimos en una sociedad mediática, y quienes manejan la caja son los primeros que lo tienen en cuenta.
Algunos de esos medios locales, dependen para pagar sus sueldos de la firma de Cáffaro, de Mangini , o de ambos.
Nunca irán a fondo contra quienes sustentan su pequeño, pequeñísimo negocio.
El resto, que podría intentar una autonomía mayor de los poderes locales a favor del derecho de información de la ciudadanía, prefieren lo más fácil: mirar para otro lado.
Porque no crean que incomodar al poder es fácil.
Es complejo, y aun más en ciudades pequeñas como la nuestra, donde como decía un viejo poeta pululan por todos lados los “ciudadanos ilustres condecorados entre sí.”.
Sin embargo, es una obligación para los que hacen de la información su vocación, su profesión o la materia prima de sus ganancias.
Hablo de los dueños de los medios, no de los trabajadores.
Y no de todos los trabajadores, sino de los que no tienen otra opción que ir adonde los mandan para poner el micrófono sin repreguntar, porque el jefe les pide tres notas diarias.
En el caso de que tengan información como para repreguntar, claro.
Zárate vive un momento de expansión económica sin precedentes, acompañando las tasas de crecimiento a nivel país.
La inversión del gobierno nacional en obras de infraestructura urbana, más allá de la prioridad con la que fueron elegidas para las necesidades de las mayorías, ha superado los 400 millones de pesos.
En este marco de bonanza, con un ciclo de la economía positivo, bajo desempleo e inflación moderada, serán muy pocos los que presten atención a estas líneas que revelan cómo el poder local, otra vez, se galvanizará en dos entes que no le rendirán cuentas a nadie de la administración de sus fondos .
Para esos pocos escribo esto, dejando constancia para lo que viene.

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