"No viene nadie para darnos una mano"

La noche de la tormenta, mientras el viento sacudía su casa de Bertolet 1817, en Merlo, y los árboles caían sobre el patio y a un lado del techo, Victoria Sosa sostenía su puerta para que el viento no entrara en el living.
Minutos después, cuando el ruido cedió y el vendaval parecía alejarse, se permitió gritar por el dolor en los hombros que le había causado una presión excesiva para una mujer, como ella, de 52 años.

Abrió la vieja puerta de madera, que crujió como nunca; vio la habitación de su hijo mayor destrozada, el techo de chapa volado y los postes de luz tirados en la entrada. El dolor aumentó, pero por alguna razón creyó que, a pesar de todo, lo peor había pasado. Ahora, a más de una semana de la tragedia, aún sin luz ni agua, Victoria está convencida de que lo peor sigue sin pasar.

"Recién vinieron el jueves a quitar los postes de luz. Llevamos más de una semana sin luz ni agua. Durante la tormenta, estábamos mi hijo, mi nieta y un bebe, fue terrible. Y nadie vino después, ni siquiera para ver si necesitábamos algo", cuenta, entre lágrimas.

El árbol de al lado de su casa tiene una chapa clavada entre las ramas. Otro amenaza con caer en cualquier momento sobre el fondo de la vivienda, donde viven dos de las hijas de Victoria. Y el techo cayó un metro y está a punto de desplomarse.

"Yo trabajo dos días a la semana en una casa de Las Heras y Pueyrredón, en Capital -señala-. Para llegar tengo más de una hora y media de viaje, en el camino me tomo un tren en el que viajo como si fuera un animal. Y cuando pasa algo grave, como esto, nadie viene a darnos una mano. Estos días tengo que llevar de a uno a mis nietos a la casa donde trabajo, para poder bañarlos."

Sigue: "Y hasta comer todos los días es una odisea, ya que los supermercados tienen poca mercadería, cierran temprano porque no tienen luz y porque los dueños tienen miedo de que los asalten. ¿Cómo se puede vivir así?". Al menos en Bertolet al 1800, en Merlo, nadie tiene esa respuesta..

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