El vidente que no vio su fin

Adivinar el futuro es una profesión de alto riesgo en Arabia Saudita, incluso si uno nació y vivió toda su vida en el Líbano. Alí Sibat logró ayer detener a último momento la condena a muerte que enfrentaba en Riad por cargos de brujería. Su abogada, May al-Khansa confirmó que "Sibat seguirá vivo este viernes", pero advirtió que "no sabemos qué ocurrirá al día siguiente o cualquier otro día".
La condena a Sibat puso en alerta a organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, que denunciaron una "caza de brujas" en Arabia Saudita.

Sibat, de 49 años y padre de dos hijos, es uno de los muchos videntes que desde su casa ofrecen profecías por televisión a los libaneses. Sin embargo, solía intervenir también en el canal satelital Sheherazade en programas que se veían en toda la zona del Golfo Pérsico. Eso terminó con su suerte. En mayo de 2008, Sibat viajó a Arabia Saudita para visitar La Meca y fue detenido por la policía religiosa (mutawaeen) bajo cargos de brujería.

Su abogado en Líbano dijo que fue detenido porque los agentes reconocieron su rostro mediático. Luego le dijeron que si quería regresar a Líbano debería explicar por escrito cómo se ganaba la vida. Pero su texto se presentó en el tribunal como "confesión" y fue condenado a muerte.

El sistema judicial saudita, basado en la sharia, no define claramente la brujería. Los organismos de derechos humanos denuncian que Rabat aprovecha ese vacío legal para perseguir individuos a los que acusa de practicar la brujería, la magia negra y la quiromancia, prácticas consideradas como politeístas y por lo tanto contrarias al islam.

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