La vida siempre da una recompensa

Horacio Milano, quien sufre esclerosis múltiple, presentó días atrás su libro en el que relata, paso a paso, el padecimiento que resultaron los pasos previos a donarle parte de su hígado a su hijo Manuel. Hoy, con una gran capacidad para salir adelante pese a las adversidades, disfruta de un nuevo rol: el de abuelo. Su nieta Malena es hija de aquel hijo al que le salvó la vida.
La frase de un autor anónimo dice que las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan; sólo se sienten en el corazón.

Horacio Milano parece experimentarlo día a día a través del amor que lo une a su esposa e hijos.

Su vida, podría decirse, es igual a la de cualquier hombre que disfruta de su familia, de hijos, Agustín y Manuel, y que, a su vez, experimenta un nuevo rol: el de abuelo.

La felicidad, para él, es doble.

Por un lado, el nacimiento de Malena. Por otro, porque la pequeña es hija de su hijo Manuel, a quien Horacio le donó, 20 años atrás, parte de su hígado para salvarle la vida.

"Todas las mañanas cuando me levanto trato de vivir la vida de la mejor manera y entregándome por completo a quienes me rodean", mencionó Milano, una persona sencilla, amante de la pesca y ferviente defensor de los cursos hídricos y de la pesca deportiva de salmónidos en el distrito.

Sentado en su silla de ruedas debido a una esclerosis múltiple que se le manifestó hace varios años, recordó las peripecias que tuvo que pasar junto a su esposa Marcela Conti en Buenos Aires, cuando su hijo menor, Manuel --en aquel momento de tres meses de vida-- debió ser trasplantado debido a un grave problema en su hígado.

"La noticia nos sorprendió. No podíamos creer que le haya tocado a un hijo. Los médicos, en Buenos Aires, nos dijeron que necesitaba un trasplante hepático porque era la única solución que le iba permitir poder vivir", recordó Milano.

No dudó un instante en donar parte de su hígado para salvar a su hijo.

"El momento que pasamos junto a mi esposa fue muy duro. Nos cambió la vida. Además, creo que algo pasó después de esa operación porque la conexión que empezamos a tener desde aquel momento y hasta hoy, con Manuel, fue muy especial", reconoció y agregó que los gustos por la pesca, la forma de hablar, gesticular y el tipo de humor son muy parecidos a los de él.

Recordó con dolor el momento en que debían viajar en avión hacia Buenos Aires para llevar a su pequeño, mientras que en Tornquist quedaba su hijo mayor, Agustín, por entonces de un año de vida.

"Si bien se quedó con mis suegros, tuvimos que mentirle para que se quedara y ese dolor fue muy grande para mí. Por razones de salud la prioridad era Manuel y yo iba a ser su donante, pero la angustia de dejar a Agustín fue inmensa", recordó.

En relación a los casos de chicos que en la Argentina necesitan un trasplante, Horacio se mostró indignado de que en nuestro país los padres tengan que salir a los medios de comunicación para poder recaudar el dinero necesario para poder salvar la vida a sus hijos.

"En nuestro país hay muy buenos profesionales que realizan trasplantes y el Estado nacional debería hacerse cargo de las operaciones y evitar que los padres de los chicos enfermos deban salir a los medios a dar lástima para poder juntar un peso", puntualizó.

"A nosotros nos decían que la operación de Manuel había que hacerla en los Estados Unidos o Francia y, finalmente, se llevó a cabo en el Hospital Italiano de Buenos Aires, donde se utilizaron tres quirófanos e intervinieron 60 profesionales. Los médicos argentinos son excelentes y muchos de ellos viajan al exterior para capacitar a sus colegas", alegó.

Hoy, dijo, le cuesta creer que hayan pasado varios años de este lazo especial que se creó con Manuel y que, hace apenas unos días, ese hijo al que le dio la vida tras el trasplante, ahora lo convirtió en abuelo.

"Hace poco fallecieron dos personas muy importantes en nuestras familias, como mi mamá y mi suegra, y creo que el nacimiento de mi nieta ha devuelto la alegría. Sin dudas, la llegada de Malena marca un momento muy especial en nuestras vidas porque nos ha movilizado de una manera increíble", explicó.

A su vez, Horacio remarcó que, en la vida, si uno se propone objetivos y lucha por ellos, se pueden conseguir.

"Mientras transcurría la odisea con Manuel me compré un grabador de periodista y allí dejé registrado, mientras el sistema burocrático decidía atenderme, la bronca que sentía", evocó.

"Al sentir tanto miedo, impotencia y frustración hacia la vida de Manuel, no alcanzaba a ver con claridad todo el apoyo recibido desde el ámbito familiar mas cercano. Durante el año aproximado que pasamos con Manuel en Buenos Aires mis suegros estuvieron a cargo de Agustín y eso fue una ayuda realmente significativa para toda la situación que estábamos viviendo", rememoró.

"Mi persona estaba atada a la situación con Manuel, que acarreaba muchos miedos, tensiones y niveles de estrés muy altos. Todo generó desencuentros con mis suegros, que hoy lamento y siento vergüenza al escuchar mis palabras", aseguró, dolido.

"Con la pérdida de mi suegra, no hace mucho tiempo, estos desencuentros los siento aún más marcados en mi memoria, porque más allá de todo lo que pude haber vivido con ella, durante los siguientes 20 años recibí ayuda, apoyo y enorme cariño por parte de mis suegros. Les debo una disculpa y un agradecimiento por haber cuidado, educado y amado a Agustín en su momento, y más tarde, luego de toda la odisea en Buenos Aires, a ambos nietos por igual", describió.

"Con este bendito sistema burocrático aprendí a mentir, a manipular a la gente, a engañar e inventar con tal de lograr el objetivo de salvar a mi hijo. El miedo, la desesperanza y frustraciones que pasamos fueron muy duras", alegó.

También, recalcó la ayuda del entonces intendente Gerardo Rattero, funcionarios de turno, médicos, familiares y vecinos de Tornquist que brindaron su apoyo para salvarle la vida a Manuel.

El libro.

"Lo que grabé en aquellos años se lo entregué a Teresa Tumini, quien se encargó de transcribir aquellas palabras y de allí salió el libro Altruista , donde cuento todo lo vivido con el problema de salud de Manuel. Decidí ponerle ese nombre porque la palabra indica comportamiento que aumenta las probabilidades de supervivencia de otros a costa de una reducción de las propias", describió.

Con respecto a la confección del libro, Horacio lamentó que la editorial no haya impreso el epílogo de la historia, en la cual brinda detalles importantes.

"Me trajo varias complicaciones con aquellas personas que han adquirido el libro y conocen bien mi historia. Pido disculpas a mi familia y a todos quienes se sintieron tocados, ya que en esa parte, el epílogo, está el final de la historia", aclaró.

Uno de los pilares fundamentales en esta historia es Marcela, quien se transformó en una "leona" peleando por la salud de Manuel y, desde hace varios años, sosteniendo y acompañando a Horacio para tratar de sobrellevar la esclerosis múltiple que afecta a su cuerpo.

"Horacio necesitaba sacar de adentro lo acumulado en esa época y la idea del libro le hizo bien. Hizo la parte más importante porque donó parte de sí para salvarle la vida a Manuel", afirmó Marcela.

"Se puede decir que Manuel nació dos veces, una cuando nació y la otra cuando recibió el trasplante. Por eso, festejamos dos fechas de cumpleaños, el 17 de noviembre, cuando nació y, el 21 de octubre recordamos la fecha en la que recibió el órgano", mencionó, con una sonrisa.

Cuando se la interroga sobre cómo hizo para atravesar los difíciles momentos que le tocó vivir, Marcela aseguró que el amor es la piedra fundamental en una familia y es lo que le brinda fuerzas para encarar cada día de sus vidas.

"Cuidarlo a Manuel es más fácil porque él sabe a qué hora debe tomar su medicación y lo hace solo. Con Horacio ahora viene lo más difícil porque necesita más atención, pero se puede ¡Se puede!", subrayó.

La vida en una silla de ruedas

Cuando el trago amargo de la salud de su hijo había pasado y todo parecía encaminarse, a Horacio Milano le diagnosticaron una esclerosis múltiple.

Empezó, así, a sufrir dificultades motoras que lo llevaron a estar sentado en una silla de ruedas, pero eso no fue impedimento para que ocupara su tiempo pintando cuadros al óleo, continuando con su hobby de filatelista y trabajando --desde su computadora-- en la conservación de los arroyos y las truchas Arco Iris que las surcan en el distrito.

"Tengo un sitio web que ahora lo maneja Manuel y se llama www.mintiendolealastruchas.com, donde brindamos datos y consejos a los pescadores de truchas. Esta actividad me apasiona, pero estoy intentando que se acerque gente nueva para yo poder dar un paso al costado. Ya sembré, cuidé el recurso, pesqué y devolví las truchas, ahora es el turno de otro", afirmó Horacio, integrante de la subcomisión de salmónidos del Club de Pesca Tornquist.

"Una de las actividades de las que me arrepiento no haber hecho antes es pintar cuadros. Es una actividad que tuve que dejar por mis problemas de salud y que hoy extraño. Me relajaba", añoró.

Otro objetivo ligado al teatro

A manera de primicia, Horacio Milano adelantó que se ha trazado un nuevo objetivo en su vida y que está ligado al teatro.

"Quiero escribir una obra de teatro; ya empecé con algunas ideas. Me gustaría armar una obra con monólogos en donde pueda reflejar historias de vida como la que me tocó vivir a mí", anticipó.

"La vida hay que vivirla a pleno y saber disfrutar de cada día. Yo no sé si mañana me voy a poder despertar, por eso intento hacer todo lo que puedo de la mejor manera, brindándome al prójimo y sin guardarme nada", concluyó.

Altruista

El sábado pasado, Milano presentó su primer libro denominado Altruista , en el que cuenta la historia de vida entre él y su hijo Manuel cuando le donó parte de su hígado para que pudiese seguir viviendo. Se llevó a cabo en la Biblioteca Popular Ernesto Tornquist. La editorial, "De los cuatro vientos", imprimió 300 ejemplares y se encuentran a la venta en el comercio local de Casa Daguerre, a un costo de 80 pesos. Para adquirir un ejemplar, los interesados deben comunicarse al (0291) 156495012.

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