Brillante triunfo del “Chuli”. Finalmente, en el marco de una notable apatía general, abonada por la pesada y calurosa humedad de la mañana y la fuerte tormenta que exorcizó el agobio por la tarde, se libró lo que iba a ser "la madre de todas las batallas", convertida en apenas una pulseada que convocó alrededor del 60 % del padrón.
El “Chuli” duplicó el porcentaje del caudal de los votos del PJ y ese respaldo popular tiene vertientes diferentes que se deben analizar. En primer lugar, sus correligionarios radicales concurrieron ordenadamente a consagrar su intendente. Y con mucha más convicción y afecto de lo que lo hicieron días atrás por sus candidatos a presidente, senadores y diputados nacionales, y legisladores provinciales. A éstos los votaron por disciplina partidaria, en muchos casos mordiéndose para no aullar sus desencantos. Al “Chuli” lo ungieron sin cuestionamientos. Otro flujo de votos -sin duda el más importante- llegó desde el sector independiente, masivo y mayoritario en la ciudad Capital. Se debe reconocer que esta considerable porción del electorado no es la que se deja impresionar por las innumerables inauguraciones -algunas tan irrisorias como ridículas y hasta innecesarias- realizadas en los últimos treinta días por “la gestión”. Y tampoco estos electores son proclives a entusiasmarse con las promesas de una ciudad más parecida a la australiana Sidney que a la realidad posible para San Salvador de Jujuy.
Estos votos concurrieron a sostener a un hombre joven, sencillo, creíble dentro de esa sencillez, que logró demostrar que con aciertos y errores, trabaja intensamente como intendente, con el plus de un argumento a favor que pesa demasiado: la gente confía en la honestidad de sus procederes y en la transparencia de sus objetivos. Hay una tercera vertiente donde en un solo caudal, la política licuó peronistas desencantados, sectores peronistas disidentes a quienes sus dirigentes jamás lograron convencer de votar al Frente para la Victoria -y además no hicieron ninguna clase de esfuerzo para conseguirlo-, franjas de votos de izquierda moderada, y una porción importante de nuevos votantes, jóvenes que esperan mucho más del “Chuli” como referente político con futuro que como intendente municipal. Así, la victoria se construyó en parte -sólo en parte- desde la UCR, y en gran medida desde la voluntad de los jujeños que quisieron poner un freno a la gigantesca acumulación de poder que el peronismo concentró hasta el 23-O en nuestra Provincia.
Pedro quedó solo en su carrera. Claramente el Frente para la Victoria, sus dirigentes y sus militantes lo acompañaron en la campaña, pero su soledad fue la soledad lógica de quien quedó finalmente convertido en la única cara visible de la elección por el sitio excluyente que ocupaba. Pero su campaña osciló entre mostrarse como un político con buena experiencia legislativa en los primeros tramos para recién acentuar su costado de empresario exitoso en los últimos cien metros de carrera. Pareció en un momento que ambas caras del mismo candidato competían entre sí, en vez de complementarse. Pedro -en la vida cotidiana- es un hombre tan sencillo como su adversario, y tan claramente llano y expeditivo en su manera de trabajar. Ocurre que a veces en su afán comunicador, tanto los experimentados como los noveles y comedidos buscan transformar al candidato en un estadista que deslumbre a las multitudes cuando en realidad, el camino a la celebridad era más simple de lo imaginado. Pero no fue esa la principal razón de la derrota. Los votos explicados a favor del ganador, explican también la ruta del que no ganó. En un sistema político donde los ejecutivos acaparan las vidrieras Pedro no tenía mucho que mostrar. La figura de un vicegobernador queda subsumida detrás de los tumultos, los logros y los estruendos que rodean a la Casa de Gobierno y hasta su reglamentaria pasividad en los debates parlamentarios opaca su imagen de manera injusta. Y luego del traspié legal que lo separó de la elección general, el vice jujeño quedó expuesto al previsible desquite de una sociedad que ya le había dado demasiado al PJ. El peronismo es poderoso. Tan poderoso, que terminó encendiendo en muchos sectores algunas luces de alarma en cuanto a la hegemonía en el control de la cosa pública provincial. Y así, se replicó el “caso Córdoba”, donde la UCR pisó fuerte en la Capital, luego de un fracaso doloroso en la provincia.
El peronismo de Jujuy se lame sus heridas, y esta derrota altamente significativa, deberá ingresar necesariamente en las agendas 2013 y 2015, cuando la suerte del gobierno nacional quizá no sea la misma que hasta hoy lo ayudó a disimular las turbulencias con un viento de cola soplando con intensidad.
¿Cuál será el futuro de vencido y vencedor? A Pedro lo espera un tiempo de reflexión. A algunos les dijo que tras un resultado adverso llegaría su regreso a la actividad privada sin retorno. Otros ven en el vicegobernador, una figura convocante que debería contribuir a restablecer la potencia de la vida partidaria y también quizás integrarse al futuro gabinete de Eduardo Fellner donde su contribución sería trascendente en funciones afines a su personalidad. Quizá algo de esto ocurra, y el peronismo, que es generalmente muy cruel con los perdedores, comience a rescatar y atesorar el material humano que más allá de un proceso electoral o un capítulo de vida pública, tiene innumerables aportes que ofrecer puertas adentro y puertas afuera del partido político más importante de la provincia.
Al “Chuli”, como ya se dijo tantas veces, lo espera la doble tarea de gobernar la ciudad, y atender las obligaciones que tendrá en el seno del partido. Para la primera, seguramente reunirá funcionarios para armar un gabinete sólidamente propio, y homogéneamente leal. La segunda gestión deberá descansar sobre la fidelidad sin titubeos. El intendente reelecto sabe que en esta etapa de su trayectoria, no deberá tolerar que ninguna clase de desencuentro o desconfianza dinamite su camino hacia objetivos mayores. Dentro de los gruesos muros de la casona de San Martín al 100, la voz del Chuli ahora tendrá resonancias de alto envergadura. Nadie le regaló nada, y sólo recibió de su partido la oportunidad de crecer como premio a su militancia y su radicalismo de paladar negro. Fiel a esa actitud ensanchó su espacio político a la sombra de su paciencia, desechando confrontaciones estériles y comprometiendo su propia espalda en cada cruce. Y a los empecinados que seguían diciendo hasta no hace mucho que Raúl Jorge era un “chirolita” de otros personajes, los calló con una fuerte dosis de radicalismo sin agachadas. Sobre esas virtudes descansará su trayectoria.
Y sobre esta irrefutable mayoría de edad, el “Chuli”, despunta como el factor aglutinante y de renovación al que tantos correligionarios vuelven la mirada, henchidos de legítimas y merecidas esperanzas.


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