El vice que él inventó

El vice que él inventó
Alperovich aceleró. No quiere problemas ni con los "sijosesistas", ni con los rojkesistas, ni con los peronistas. Por eso decidió quién será su compañero de fórmula para 2011
Se apuró. Tanta anticipación desnudó cierta debilidad. Aparentemente, no hacía falta adelantar el reloj electoral. José Alperovich se vio urgido y avisó que el ministro de Salud de la Nación -y vicegobernador en uso de licencia- será, otra vez, el que lo acompañe en la fórmula.

Dos razones lo obligaron a apurarse: su esposa, senadora, presidenta del PJ y cabecilla del rojkesismo, por un lado, y el peronismo tucumano, por el otro.

Al designar a Juan Manzur como vice frenó los avances del rojkesismo. Beatriz Rojkés de Alperovich venía haciendo los deberes para subirse a la fórmula gubernativa. Al elegir, Alperovich dio tres mensajes:

1) Le puso un límite a las ambiciones del rojkesismo, que encabezan la senadora, la ministra Silvia Rojkés y el periodista Carlos Rojkés.

2) En el supuesto caso de que el gobernador tuviera que viajar a Buenos Aires para integrar una fórmula nacional, siempre le será más fácil controlar a Manzur, desde la Legislatura -como lo hace hoy con Domingo Amaya, desde el Concejo Deliberante de Capital- que a su propia esposa.

Como no hay dos sin 3): también le dejó muy claro al trío rojkesista que en el caso de viajar, el candidato a gobernador tendrá que ser Manzur y no "Betty".

La decisión de poner el candidato a vice en este amanecer electoral sirvió para que el peronismo tucumano se dé por notificado. Por un lado, frena la construcción de poder y el trabajo de quienes se autoadjudicaban posibilidades de ser el candidato a gobernador. El que primero tendrá que entender este mensaje es Amaya que había dicho: "si no es Alperovich, me postulo como candidato a gobernador". En el supuesto de que el actual mandatario integre una fórmula nacional, cuando esa sea confirmada ya será tarde para aquellos que quieran sucederlo en la provincia. Por ejemplo, para Amaya no sería simple trabajar la candidatura de intendente y de gobernador supuesto, y por las dudas. Y, en el caso de que se abriera esa posibilidad, a Amaya, que va por la reelección de su intendencia, le será imposible dar marcha atrás para empezar de nuevo en una postulación gubernamental.

El ejemplo del intendente puede ser aplicado en muchos peronistas que se sienten herederos: el propio Amaya, Osvaldo Jaldo, Sergio Mansilla y la senadora.

En la Casa de Gobierno vienen siguiendo a Amaya como si fueran su sombra. Estuvieron muy atentos a los movimientos del lord mayor en la Federación de Municipios, que esta última semana se reunió con el diputado Néstor Kirchner. Allí, el ex presidente dio el visto bueno para la creación de una línea interna en todo el país. El problema es que en Tucumán nada se hace sin la autorización de José. Tanto que es él quien lleva y trae a los delegados comunales o intendentes a las reuniones en Buenos Aires.

Osvaldo Jaldo y el senador Sergio Mansilla, que incluso se pelearon por el manejo del interior tucumano, habían logrado ponerse de acuerdo para subir al escenario en el momento que fuera necesario, sea para convertirse en gobernador o en vice.

Encuestas y almanaque

La designación de su compañero de fórmula no fue lo único que hizo de apuro el mandatario provincial. Alperovich apresuró la definición para que los comicios nacionales no se hicieran al mismo tiempo que los provinciales.

Alperovich tenía en una mano el almanaque y en la otra, las encuestas. La Constitución, en el cajón, por las dudas, sólo por eso. Hugo Haime le había advertido que Néstor Kirchner no llega ni por casualidad al 40% de imagen positiva en la provincia. En cambio, le mostró los espejitos y José vio que él tiene una imagen positiva del 70% y que la intención de voto está en los 50 puntos y que si se suman lo que arrastrarían los acoples llegará a los 60 puntos. Con esos guarismos en la mano, la conclusión fue sencilla: "si me pego a Kirchner en vez de sumar, tendré que restar". A este argumento se le agregó otro que dice que a los dirigentes de la oposición tucumana las figuras nacionales jugarán en su favor.

Alperovich camina con la prisa de quien ha hecho una travesura. Quiere que cuando lo llamen desde la Casa Rosada para que unifique los comicios ya esté todo cocinado. Así podrá decirles que no. Para ese momento, sacará la Constitución del cajón.

La lógica tiene un simplísimo proceso de justificación en el razonamiento anterior. Responde a cierta universalidad, que a quienes comprenden el argumento que lo antecede les permite avanzar en el razonamiento subsiguiente. Esto no se puede aplicar en el caso de la elección de Manzur como vicegobernador.

Alperovich lo sintetizó como nadie. No destacó ni que fuera trabajador, ni que fue el impulsor del nuevo edificio de la Legislatura, ni que fue el hombre que encabezó el ordenamiento de la salud en Tucumán que venía de la tristísima fama de la desnutrición y le gusta verse en la foto de los que avanzaron con el nuevo digesto tucumano.

Manzur tuvo la secreta habilidad de ser el más obsecuente de los obsecuentes "sijosesistas". Seguramente fue fiel con el gobernador, pero no con el ministro de Salud de la provincia, Pablo Yedlin, que cargó sobre su espalda el escándalo de la Fundación Salud. En realidad, todos los caminos de esa verdadera trampa al Estado tucumano conducían a Manzur. Tampoco fue tan veraz cuando a la prensa le confesó que ajustaría y le daría austeridad a la Legislatura provincial. Inclusive cuando se le pidieron detalles, sólo atinó a decir: "confíen en mí, se hará todo bien".

El ministro de Salud de la Nación es el mismo que no fue capaz de renunciar y mantuvo el cargo de vicegobernador, por las dudas. Es tan hábil que no sólo le cae bien a Sisto Terán sino también a Osvaldo Cirnigliaro en la Legislatura. Manzur ha conseguido, al mismo tiempo, la confianza de la cúpula de la Iglesia tucumana y la sonrisa de los Kirchner, que cuando pueden ponen esa institución en el listado de sus enemigos.

El compañero de fórmula del gobernador se ha destacado por su hiperactividad, pero no ha conseguido transmitir credibilidad fuera del alperovichismo.

Tal cual lo dijo el propio gobernador, su figura simboliza fidelidad porque ni siquiera en las encuestas se puede rescatar que le vaya a sumar algo. En el discurso futbolístico suele decirse: "equipo que gana, no se cambia". Esta es la lógica que aplicó Alperovich.

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