Aislado en el Gobierno, su delicada situación desató internas y sospechas de filtración de información desde la administración K.
Varios funcionarios recibieron en los últimos días llamados de parte de Amado Boudou. El pedido: que lo salieran a defender. Desde que la Casa Rosada le ordenó que explique –siempre en medios afines– su relación con el caso Ciccone, Boudou buscó desesperado algún respaldo dentro del gabinete. No lo consiguió hasta ayer.
La Presidenta y su equipo de comunicación entendieron que la defensa del vice era débil y la podía arrastrar. Primero dijo que era “todo mentira”. Después reconoció que había envíado una “nota”, que resultó ser la famosa respuesta a la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Y más tarde admitió que Ciccone, eventualmente, iba a hacer una “tarea paralela” si es que al Gobierno le faltaban billetes.
Pero no pudo desenredar la trama en la que suenan nombres vinculados a Ciccone y a él, como Alejandro Paul Vandenbroele, el belga-argentino que ocupa un cargo de directivo en la imprenta y que apareció para levantar la quiebra de la empresa. Vandenbroele está ligado al socio de Boudou, José María Nuñez Carmona, figura como monotributista, y es señalado como el que aportó capital para pagar las deudas de la nueva “Compañía de Valores Sudamericana”.
Por suerte para Boudou el Gobierno decidió cambiar de estrategia. Tomar el asunto como un asunto de todo el Ejecutivo. “Este es un tema de todo el Gobierno”, reconoció una alta fuente del Gobierno a este diario. Según pudo saber PERFIL, en el entorno de Boudou confían en que en los próximos días saldrán otros funcionarios a hablar sobre el caso Ciccone, para romper el silencio mantenido hasta ahora.
Habituales voceros del Gobierno mantuvieron hasta el momento un silencio sepulcral. Ayer, además de Echegaray, habló el vicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto. Ahora, ante el ataque a Boudou, la reacción será generalizada.
Hay al menos dos puntos a tener en cuenta sobre esto: el primero es que en la Casa Rosada entienden que Boudou manejó mal la estrategia de comunicación. La segunda, que puertas adentro reconocen que lo de Ciccone no fue un asunto personal del vicepresidente. “Boudou está muy enojado. Siente que lo dejaron sólo y que está pagando los platos rotos por todos los demás”, confió a este diario una fuente de la Casa Rosada.
El otro enojo del vicepresidente es por la “filtración” de información. Sospecha de varios: Guillermo Moreno, Mercedes Marcó del Pont, el propio Echegaray y Juan Carlos Pezoa, el secretario de Hacienda. Pezoa controlaba la Casa de la Moneda hasta que Boudou puso a alguien de su confianza. Entonces, Ariel Rabello, hombre de Pezoa, le tuvo que dejar el cargo a Katya Daura, del riñón del vicepresidente. “En algunos lugares no podés entrar sin siquiera pedir permiso”, graficó una fuente del Congreso.
A otro que suele culpar Boudou es al ministro del Interior Florencio Randazzo. Aunque en el resto del Gobierno dicen que no tiene ninguna vinculación con la filtración de información. Es que Boudou ve en Randazzo un enemigo en la interna bonaerense.
No se sabe aún cuál será el impacto político para Boudou. Algunos en el Gobierno piensan que quedó anulado para ser candidato a cualquier cargo en el futuro. Otros creen, en cambio, que si la Rosada lo sostiene se recuperará pronto de la erosión que le provocó el caso Ciccone. Por lo pronto, hace unas semanas perdió la primera batalla con el senador Miguel Pichetto. Intentó quitarle la prosecretaría administrativa para dársela a La Cámpora y no lo logró. Su armado provincial, que había comenzado para cercar a Daniel Scioli, está desactivado por el momento. Tendrá que ver cómo se recupera.









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