Por Ricardo RoaBoudou no es de los que cree que a la política hay que llegar para trabajar y ser responsable. Hace ya siete meses este diario publicó el primer informe sobre el negociado en Ciccone, que lo salpica de lleno. Recién ahora, y cuando la denuncia está en la Justicia, sale a hablar. Y dice que “debe haber pocos funcionarios que, como yo,” ponen “la cara siempre y en todo lugar”.
Fue citado por la compra irregular de un auto: nunca concurrió. Y da la cara solamente ante medios amigos del Gobierno. En todos los casos, la lógica de sus declaraciones es torpe y contradictoria , como cuando dice que “no había hablado porque es tal la sarta de mentiras que es muy difícil” desmentirlas. ¿No era que pone la cara siempre? El mismo se complica en sus respuestas ante preguntas complacientes. Admite que es amigo y socio de Núñez Carmona pero dice desconocer que éste trabaja con Vandenbroele, el ex monotributista que levantó la quiebra de Ciccone y a quien su ex mujer acusó de ser testaferro del vicepresidente .
También, que “los billetes los hará sólo la Casa de Moneda” , aunque confirma que le enviaron papel y tinta especiales a Ciccone para hacer pruebas por “si hubiera alguna tarea parcial que se pudiera realizar”. ¿Qué sería? ¿Un tercio, la mitad de un billete? Si Boudou hablara con medios sin dependencia oficial , tendría que responder por qué Ciccone fue elegida para la impresión de las boletas electorales del Frente para la Victoria. Y cómo puede desconocer a Vandenbroele cuando un amigo íntimo de éste es inquilino de un departamento de Boudou en Puerto Madero. Además, se le preguntaría cuál es la participación del banco Macro en toda la movida. Y por qué dice que no influyó ni tuvo participación en el rescate de Ciccone si en un documento de noviembre del 2010 aparece intercediendo ante la AFIP para beneficiar a la imprenta.
Lo único coherente en su discurso es la invariable conducta de adjudicar todo a una conspiración y a las maldades y operaciones políticas de la prensa.

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