De las viñas al country

De las viñas al country
Durante muchos años, Vistalba fue un sitio privilegiado para cultivar las mejores vides. Hoy esa zona, con su magnífico microclima y sus añosas arboledas, es cada vez más un enclave residencial.
Para disfrutar de Vistalba como recién llegado hay que girar la cabeza cada tanto hacia el Oeste y refugiar la mirada en el Cordón del Plata. Los paredones de algunos barrios privados han cegado un paisaje que hace menos de dos décadas era el de esos perfectos valles viñateros del mundo, que las autoridades y los pobladores se encargan de resguardar hasta en el último recuerdo.

“Alguien le quitó los ojos de encima a Vistalba y ahora nos estamos asfixiando”, nos dicen con su poco hablar los viejos pobladores de las mejores tierras para producir el mejor Malbec del mundo, que fueron invadidas en muchos casos por el dudoso gusto de ciertos nuevos ricos.

No en vano la naturaleza tocó ese lugar del mundo para elaborar con una calidad altísima la bebida más antigua y ritual que conoce el hombre: el vino. No es casual que algunas de las familias más ricas de Mendoza hayan vivido allí desde hace más de 100 años. Una recorrida por las calles Sáenz Peña y Guardia Vieja en esta época del año, con las alamedas doradas, justifica sortear el tránsito acalorado por un lugar que hace tiempo dejó de ser rural.

José Ianardi, un hombre nacido y criado en la zona, artista plástico, médico, descendiente de los primeros colonos, nos lleva por la zona con un criterio neutral, sin alabanzas de un pasado glorioso ni diatribas por un presente confuso. Nos cuenta, con la paciencia de quien no quiere dejar escapar nada de su narración, que fue la familia Ortiz la poseedora de la mayor cantidad de tierras a principios del siglo pasado. Casi todo el valle le pertenecía, un paisaje trazado de viñedos que se dominaba desde un chalet sobre el cerro Melón, muy cerca de donde hoy se han edificado lugares de diversión nocturna, sobre la ruta Panamericana.

Las anécdotas sobre las excentricidades de la Viuda Elena, la viuda de Ortiz, una mujer rica y decadente, todavía rondan las sobremesas de las familias de Vistalba. “A mi abuelo le quiso pagar unas mensualidades atrasadas con una finca de 25 hectáreas, donde actualmente se encuentra la bodega de Carlos Pulenta, pero mi abuelo no quiso, dijo que cómo se iba a quedar con los terrenos de una viuda en bancarrota, eran decentes los gringos”, nos cuenta el doctor Ianardi con una sonrisa fascinada, tal vez imaginando conmigo el valor que hoy tendrían esas hectáreas. “Eran otros tiempos, qué te parece”.

Desde 1930 en adelante, una vez que la familia Ortiz, emparentada con el gobernador de Mendoza Bernardo Ortiz, los principales propietarios pasaron a ser las familias Calise y Pincolini, que fueron cediendo lugar, en el límite oeste del distrito lujanino, a “los gallegos del cerro Melón”, un grupo de familias españolas, Sánchez, Madrid, Reinoso, entre otros tantos ibéricos que se dedicaron a las chacras.

Así, quedaron distribuidos por varias décadas los roles en el valle de Vistalba: italianos viñateros, españoles chacareros. Vecinos y amigos todos, viviendo en el paraíso, con una de las mejores tierras del mundo bajo sus pies. “Hasta que vinieron los años malos, las fincas se vendieron. Ahora, si mirás desde el cerro Melón hacia el valle ya no ves el verde de los viñedos y las chacras, solamente techos colorados y el gris del cemento. No creo que se haya salvado ni el 30% de aquellos viñedos”, dice con discreta nostalgia Ianardi, que refleja en sus pinturas la luz sobre los espalderos y las casas discretas de las fincas donde se crió.

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