Viaje de estudios

Alperovich puede aprender algo de Estados Unidos, para aplicar en casos similares a los del hotel tafinisto. División entre los "sijosesistas"; unos piden un descanso
Estos días viven momentos distendidos. Seguramente los Kirchner mitigaron el frío estadounidense con el calor que les llevó desde la Argentina la marcha convocada por el programa "6, 7 y 8" bajo el lema "Vamos a apoyar a Cristina". Más de 5.000 personas la vivaron alrededor del Obelisco. En Washington, ese dato endulzó los oídos K, que tuvieron que soportar a los empresarios que reclamaban transparencia para poder invertir.

Con ellos anda, tranquilo y complaciente, el gobernador de Tucumán. Disfruta. Este viaje es un claro mensaje de que el matrimonio que maneja los hilos del país le ha dado a José Alperovich. No cualquiera sube al Tango 01. Néstor, más que Cristina, es el que mima al mandatario provincial. No son muchos los nombres que el kirchnerismo suele tener a pedir de boca. El sanjuanino José Luis Gioja y el tucumano son los principales gobernadores que reciben la bendición kirchnerista.

¿Eso es bueno o es malo? La pregunta abre un abanico de posibilidades y de conjeturas.

Alperovich es una persona a la que el poder lo seduce, lo apasiona, lo atrapa. Desde muy joven trató de gozar del calor del poder. Cuando fue legislador tomó las riendas de la comisión de Hacienda y Presupuesto de la Cámara y muchas decisiones del gobierno bussista no se tomaron hasta que él no puso el sello de aprobado. En el gobierno de Julio Miranda, fue Alperovich quien, desde el Ministerio de Economía, manejó mucho más de lo que el peronismo quería. Cuando llegó al Senado de la Nación, no pasó mucho tiempo para que se llevara bien con Eduardo Duhalde y con sus ministros; y hasta se habló de que podía llegar al gabinete nacional. Prestándole atención a este derrotero, es claro que Alperovich se habría visto en problemas si no hubiese vivido los últimos seis años a pedir de los Kirchner. Aún no demostró si sabe maniobrar en la pobreza política y económica.

Con estos antecedentes, la respuesta a aquella pregunta es que es bueno. Se lo hicieron saber los tucumanos que lo votaron sin que les importe que, para llegar, haya forzado y cambiado estatutos en el peronismo y hasta modificado la Constitución.

Sin embargo, lo bueno puede volverse malo si los Kirchner se hunden. Alperovich quedaría a la deriva, sin poder, sin billetera nacional y dependería de la compasión de los otros. Tucumán, obviamente atado a él y a su destino.

Alperovich en estos últimos seis años pensó varias veces en abandonar el barco K; y al final, terminó sentado en la mesa principal. Esta vez tuvo el privilegio de bailar en el Tango 01.

La nave los llevó a Estados Unidos, país donde, desde 1801, cuando se dio el famoso fallo Madbury vs. Madison, quedó claro que el gobierno debe ser el de las leyes y no el de los hombres. Lo opuesto a lo que impone Alperovich en la provincia.

El lunes pasado el gobernador dejó en claro su modo de pensar. Cuando habló sobre la cuestionada construcción del hotel de Tafí del Valle dejó entrever que primero estaba la excepción a la regla, al admitir que si le hacía bien a Tucumán podían modificarse ordenanzas que impedían la edificación. Precisamente, es al revés: el hotel debió hacerse dentro de las normas y no a la espera de su posterior corrección.

Alperovich fue más allá, y trató de justificar las fallas de aquel emprendimiento con la afirmación de que en la capital ocurren cosas parecidas.

Durante sus seis años de gobierno, Alperovich trató de hacer cosas y de estar en movimiento. Tal vez tuvo esa inclinación por la parálisis y por las carencias de sus antecesores, incluso de Miranda, su amigo y mentor. Pero no por ello se debe aceptar que se haga lo que quiera con las reglas. Es el respeto por las leyes, no a los líderes, lo que ayuda a que los países crezcan. En el país del norte puede aprender algunas de estas cuestiones, sin necesidad de abandonar sus preocupaciones ideológicas.

Alperovich viajó con su amigo y confidente, el ministro de Desarrollo Productivo, Jorge Gassenbauer. Tal vez lo debería haber acompañado el presidente del Ente de Turismo, Bernardo Racedo Aragón, quien hace pocos días llegó a justificar también que el hotel debía terminarse bajo la teoría del hecho consumado, muy parecida a la "ley del prepo", que tantas veces rigió -y se acató- en los últimos tiempos...

El gobernador bajará orgulloso del avión presidencial. Los elogios escuchados a su calidad de administrador le dan oxígeno para llegar al 9 de Julio con tranquilidad. Si, además, consigue abrir una puerta para que los limones tucumanos tengan un mejor trato, su retorno será feliz.

Al regreso

Cuando vuelva se enterará de cómo repercutieron las palabras de su esposa, la senadora Beatriz Rojkés, quien dijo no quiere ser candidata a gobernadora. El último día de la semana, en diálogo por radio con el periodista Angel Suárez, la primera dama indicó que dejaba el camino abierto para otros muchachos.

Los otros son Juan Manzur, Domingo Amaya, Osvaldo Jaldo. Pero dentro de esa categoría no está incluido el marido de la senadora. No obstante, Alperovich todavía no tomó la decisión. Sabe que en Tucumán no tiene rivales, porque la oposición supo acompañar o subirse a su gestión. Algunos opositores no sólo se hicieron alperovichistas, sino que hasta están dispuestos a construirle la casa a quien el mandatario señale con el dedo. Y según la actitud política adoptada hasta ahora por Alperovich, no aceptará figurar en una fórmula nacional si no está seguro del resultado.

El titular del Ejecutivo disfruta de que hablen bien de su gestión, pero sabe que su popularidad es escasa en el plano nacional.

Volver a ser gobernador por un tercer período pareciera ser lo que más lo seduce. A la hora de analizar esta decisión, los "sijosesistas" se dividen. Están los fieles, que prefieren ni siquiera arriesgarse a un no de la Corte; los megalómanos, que no pueden dejar el poder; y los comerciantes, que no pueden olvidarse de los negocios. Por ahora, los primeros son minoría para convencerlo de que un paso al costado o un "descanso" en el Senado (Sergio Mansilla jamás sería un obstáculo para cederle su banca) no significa el final de su carrera política.

Alperovich ha querido que en su poco más de un lustro de gobernante nada se haga sin su conocimiento y hasta sin su intervención. Por eso, cuando regrese, sus amigos y ex amigos encuestadores tendrán que analizar cómo influirá en su imagen y en su admirada gestión el posible desembarco de Guillermo Cóppola en Atlético Tucumán.

Mientras, Ricardo Bussi se pelea con los radicales por una visita del legislador Federico Romano Norri a Alperovich, algo que el propio Bussi supo hacer con su hermano en otras oportunidades.

Los peronistas ordenan sus huestes electorales. Ya se decidió que el Este y el Oeste habrá una lista oficial, pero en la Capital, no; porque "José quiere que todos estén con él". En ese armado no cayó bien que el hijo del ministro Gassenbauer se postule como potencial candidato a legislador. "Los que llegaron para cuestiones técnicas, qué tienen que hacer en la arena política", dicen algunos corderos "josesistas", mientras el lobo no está.

El tiempo pasa y el momento de las decisiones se acerca. ¿El viaje servirá para soñar con un Tucumán con más respeto por la ley y con menos líderes obtusos que sólo quieren que se haga su voluntad o esa chance quedará para otra ocasión?

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