Versiones cruzadas sobre la salud de Mubarak

La agencia oficial Mena indicó que el ex dictador egipcio esta "clínicamente muerto". En cambio, la Junta Militar que gobierna el país dice que está "completamente inconsciente". Este martes, sufrió un ataque cerebral y un infarto

Tres fuentes del Ejército y los servicios de seguridad, que mantienen el control de Egipto tras la revuelta por la Primavera Árabe, afirmaron que Hosni Mubarak, de 84 años, es mantenido con vida y señalaron que no habían usado la expresión "clínicamente muerto" para describir su condición.

El general Said Abbas, miembro del consejo militar, dijo a Reuters que el ex dictador, condenado a cadena perpetua, había sufrido un infarto pero agregó: "Cualquier referencia a que está clínicamente muerto es una estupidez".

Otra fuente informó que "está completamente inconsciente y usando un respirador artificial". Esa información fue ratificada por un efectivo de seguridad, que desestimó el reporte de la agencia Mena. "Aún es muy pronto para decir que está clínicamente muerto", señaló.

El abogado de Mubarak, Farid al Dib, también afirmó que el ex gobernante no murió aún y que la reanimación lo mantiene vivo.

"El estado de salud de Mubarak entró en una fase grave", había anunciado la agencia oficial Mena más temprano al confirmar que su "corazón se detuvo y recibió cuidados médicos con un desfibrilador".

También fue víctima de un ataque cerebral como consecuencia de una "degradación del estado de salud", informó la televisión pública.

Por la mañana, el panorama no se aclaró. El Dib aseguró: "El tratamiento ha tenido éxito". Y detalló que su cliente sufrió una trombosis cerebral y un ataque cardíaco. Pero no especificó si el ex jefe de Estado se encuentra consciente o inconsciente.

El corresponsal de la televisión estatal egipcia en el hospital militar de Maadi aseguró también en la mañana del miércoles que Mubarak sigue vivo, aunque su estado es grave y destacó las grandes medidas de seguridad impuestas en torno a ese centro sanitario.

Antes, los médicos de la cárcel de Tora, donde cumplía su condena por el asesinato de 850 manifestantes durante las protestas de la Primavera Árabe, trataron durante dos horas de eliminar un coágulo cerebral, sin conseguirlo.

Los dos galenos, que supervisaban su tratamiento en el Centro Médico Internacional -donde estuvo ingresado antes de entrar en la cárcel-, le suministraron anticoagulantes contra la trombosis. Pero al no obtener una respuesta, fue trasladado de urgencia a ese sanatorio de la capital egipcia, El Cairo, donde ingresó clinicamente muerto.

Fuentes de seguridad dieron cuenta de que también sufría una depresión aguda, dificultades respiratorias e hipertensión.

Días atrás, se supo que el ex gobernante corría riesgo de sufrir una embolia por el deterioro de su salud. Además, trascendió que en ocasiones se negaba a comer y que creía que existía un complot para asesinarlo dentro de la prisión.

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