Verano de carnaval

Verano de carnaval
“Que las penas se van cantando” entona eternamente Celia Cruz en La vida es un Carnaval. Habrá que creerle. Al menos muchos lo hacen pues febrero se viste de esta celebración en todo el país y en el mundo, y de las penurias mundanas ni noticias.

Los 3 días previos al miércoles de ceniza -precisamente cuando comienza la restricción de comer carne durante la Cuaresma, esto es 40 días antes de la Pascua-, los diablos salen a la calle en el norte del país, las máscaras cubren lo que se es para dejar ser lo que se anhela en Venecia; en tanto en Río de Janeiro las escolas do samba hacen bailar y suspirar a la multitud presente y a tantos otros del otro lado del televisor, mientras en las calles de Corrientes, en los barrios porteños, los niños se disfrazan y se chayan, porque allí también es Carnaval.

Este año la fiesta según el calendario es del 9 al 12 de febrero, con lunes y martes feriados nacionales. Si bien ésa es la fecha oficial, en muchos lugares el Carnaval comienza ni bien despunta el año, tal es el caso de Gualeguaychú que incluso lo extiende hasta el primer fin de semana de marzo. En otros rincones del país durante esta semana comenzaron los desfiles y eventos programados. Para que no se pierdan de nada, les proponemos una recorrida por los carnavales más pintorescos y de identidad definida del globo; también, las opciones más cercanas para contemplarlas en las escapadas del mes próximo.

Sin Río no hay Carnaval

En la escena mundial el de Río de Janeiro es la más descomunal expresión de la alegría y el desenfreno. En la magna ciudad de la alegría su sambódromo es tan sorprendente como despampanante. Apenas espera cada febrero para ver desfilar las escuelas de samba durante 4 días infinitos en los que viajeros del mundo se fascinan con lo que los cariocas tienen para decir. Siempre con temas de crítica social, las agrupaciones a través de sus canciones, increíbles trajes y puesta, en torno a su carroza, despliegan mucho más que belleza. En ellas todo significa, todo comunica.

El comienzo, en el predio Marqués de Sapucai, se da con la coronación del Rey Momo por parte del alcalde, el cual le entrega las llaves de la ciudad. Le sigue el arco iris de los cuerpos que danzan sin parar en los llamados Grupos de Acceso que también desfilan el segundo día. La tercera jornada es encabezada por las escuelas del Grupo Especial con un despliegue que cada año se renueva y eleva la apuesta con atavíos y carruajes que realmente dejan boquiabierta a la platea. El último día los más pequeños se adueñan de la larga avenida con su gracia y desinhibición; más tarde, el magnífico cierre, por supuesto con bombos y platillos.

Entre tanto, las calles, los hoteles, las favelas y los barrios, también viven el gran evento. Tengamos en cuenta que en el sambódromo participan personas de diversas clases sociales, mezclándose, igualándose, siendo uno con su fiesta. Lo mismo se traslada a cada espacio citadino.

Los precios: Transporte ida y vuelta al sambódromo U$S 79; gradas desde U$S 58 para los días 8 y 9 de febrero; para 10, 11 y 16 desde U$S 148. Las gradas numeradas desde U$S 188 y U$S 980 según el día; los palcos desde U$S 698 y $ 2.538 para los domingos y sábados.

Eléctrico y frenético

Bahía, como en cada aspecto de su cultura, muestra su sincronismo, esa apropiación y mixtura de lo que había en su tierra, con los que aportaron los que llegaron sin invitación de Europa y lo que trajeron los que obligaron a venir de África. Siglos de amalgama, de reescritura, de re significación resultan en una impronta tan propia como desafiante a cualquier globalización.

Los blocos comienzan a sonar; los tambores y sus raíces afro hacen vibrar las piedras de las centenarias edificaciones. Llega la alegría, el Pelourinho se enciende. La ciudad se transforma en escenario de los escenarios móviles, esos espléndidos tríos eléctricos, camiones que llevan a una banda o solista cantando a bordo, con todo un cortejo de seguidores en derredor.

La costumbre, ya arraigada, con más de 60 años de uso, nació en el 50’ cuando dos músicos -Adolfo Antônio Nascimento (Dodô) y Osmar Álvares de Macêdo (Osmar)- salieron por las calles llevando su música sobre el Ford 1929, que acababan de arreglar. Pronto una multitud siguió a los locos poniendo ritmo a la tarde de Carnaval.

En la actualidad la alta tecnología en iluminación, sonido e imagen es la representación de aquel viejo Ford. Hay varios recorridos por la urbe que la gente sigue a su antojo según grupos de preferencia. Por supuesto todo está preparado para recibir a los visitantes en un predio de varios kilómetros marcado entre las cuadras más importantes de San Salvador. Hay servicios de baño, ambulancias, agua, seguridad, palcos y gradas. Los precios: Salvador de Bahía. Aéreo, 7 noches de alojamiento, asistencia al viajero, U$S 1.900 más U$S 500 de impuestos.

La lucha entre el bien y el mal en Bolivia

La diablada de Oruro es la expresión boliviana por antonomasia, festejo que fue declarado Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Allí las arterias se colman de diablos, tinkus, morenos y hasta osos y cóndores. San Miguel pelea con el demonio para vencerlo cuando concluya el Carnaval; están los que cantan y todo el mundo baila frenéticamente.

En medio se honra a la patrona de los mineros. Por ello hay desfiles hasta el Santuario de la Candelaria, entre representaciones del bien y del mal, y de la simbología prehispánica en un ensamble colorido y singular. Los agradecimientos y pedidos a la Pachamama no están ausentes, en este sincronismo del que habla toda la urbe al ver pasar a los bailarines -más de 30 mil- con sus músicos y vestimentas tan disímiles como significativas.

Cádiz: disfraces, crítica y gastronomía

En el apéndice sureño, la fiesta obviamente se traslada a las calles, en once días en los que todos se disfrazan, cantan criticando los acontecimientos del año y, sobre todo, se divierten. Pero el inicio es un mes antes cuando las agrupaciones oficiales realizan sus ensayos ante el público, para luego competir en el Concurso del Teatro Falla. Por esos días hay peñas y gastronomía, por supuesto, con huevas y tortillas, con rabos de toro y delicias de mar, mientras las coplas van contagiando a los transeúntes.

Tanto preparativo apunta a la Gran Final que se celebra el primer viernes del Carnaval y dura hasta la mañana del día siguiente. Es entonces cuando la explosión carnavalera se adueña del centro histórico, atestado de gente entonando las nuevas composiciones. El domingo y el lunes, por su parte, los grupos ofrecen el Carrusel de Coros en los escenarios citadinos. También hay días de cabalgatas por la avenida principal y la ciudad vieja, pero las “charangas ilegales” son el elemento distintivo. Apostadas en la Plaza de las Flores, son grupos de familias, amigos o compañeros de trabajo que, con su repertorio de canciones, rivalizan con las agrupaciones “oficiales”. Verbenas, fuegos artificiales, bailes de disfraces y un sinfín de actividades familiares.

Tras la máscara: Venecia

Es una de las épocas más lindas para vivir la ciudad de los canales, ya que bellísimas máscaras, costosos disfraces y pelucas reviven a coloridos personajes del renacimiento. No faltan elegantes sombreros con plumas, ni guantes, ni brillos, tampoco la inventiva popular que representa la magia de las páginas de libros y los mitos populares en sus vestimentas y en sus cantos.

Las callejuelas como los canales dan rienda suelta a los instintos, a la celebración añeja que se rejuvenece en las nuevas prácticas. Hoteles lujosos con sus fiestas, bares under con las suyas, entre tanto los gondolieris reman con antifaces y los amantes se muestran a la luz del día. Para este año la propuesta es Vivir en colores, por ello todos los eventos evocarán las gamas crómáticas a través de los sentidos. Conciertos líricos medievales, rock, obras teatrales callejeras, concurso de máscaras y disfraces, el vaporetto vestido para la ocasión y deslumbrantes bailes de máscaras entre celebraciones religiosas y descontrol permitido.

Murgas, llamadas y tablados de Montevideo

Durante 40 días desde el 24 de enero, murgas y candomblé invaden las calles de la capital uruguaya guiados por el Rey Momo, con un tono crítico en cada una de sus canciones. El teatro callejero, los humoristas y acróbatas también realizan parodias en sitios oficiales y en los famosos tablados.

El Desfile de Llamadas -31 de enero y 1 de febrero- es un clásico que revive aquellos festejos de esclavos en los barrios de las afueras. Los precios: Montevideo, 4 días y 3 noches, $ 1.139.

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