El fin del conflicto armado puede afianzar al país como destino favorito de inversiones extranjeras. Seguridad para los capitales, reducción de la pobreza y mejora productiva. El desafío de superar el PBI de Argentina.
Por Facundo F. Barrio.
Si no fracasa, el diálogo de paz iniciado esta semana entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos traerá consecuencias económicas positivas para Colombia. Del mismo modo que la política de “seguridad democrática” de Alvaro Uribe generó confianza sobre la estabilidad colombiana, la desmovilización de la guerrilla afianzaría al país como un faro en la región para los inversores extranjeros. Colombia ya es una de las naciones latinoamericanas más atractivas para los capitales internacionales, y el fin del conflicto armado la colocaría en una posición todavía más ventajosa.
La buena performance de la economía colombiana fue el telón de fondo de un debate sobre cifras que se suscitó esta semana al más alto nivel político. El ex ministro colombiano de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, publicó un artículo en el diario Financial Times en el que afirmó que, desde mayo de este año, el Producto Bruto Interno (PBI) de Colombia superó al de Argentina. El ex funcionario viene sosteniendo esa teoría y el propio Santos se hizo eco en su reciente gira por Estados Unidos. También la reprodujo el ex ministro argentino de Economía Roberto Lavagna.
Pero el cálculo de Echeverry se basó en un criterio dudoso: para determinar el producto argentino en dólares, no tomó el valor cambiario oficial sino que se remitió al valor de mercado, es decir, al dólar blue. El problema es que las transacciones que se realizan a un precio del dólar de 6,40 pesos representan una porción marginal del volumen total de la economía. La totalidad de las importaciones y exportaciones, por ejemplo, se ajusta al tipo de cambio oficial.
Si se toma el dólar a cotización oficial, el PBI de la Argentina supera al de Colombia por más de cien mil millones de dólares. Según proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), esa brecha se mantendrá casi inalterable en 2013 y 2014. Será difícil, entonces, que la economía colombiana supere en el corto plazo a la argentina. Sin embargo, el fin del conflicto armado daría un impulso a Colombia en comparación consigo misma.
De acuerdo con un estudio del Banco de la República, el control de las FARC sobre algunos territorios del país supone un lastre de entre uno y dos puntos anuales para el PBI colombiano. La presencia de la guerrilla impacta negativamente en la capacidad productiva, aumenta los costos operativos de las empresas y limita el acceso al crédito ante la percepción de riesgo permanente.
Al mismo tiempo, la pacificación consolidaría a Colombia como imán latinoamericano para la Inversión Extranjera Directa (IED). Según el último informe de la Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe (Cepal), el año pasado Colombia alcanzó en ese rubro un récord histórico de 13.234 millones de dólares, casi el doble que la Argentina. Aun antes del inicio del diálogo con las FARC, las metas de IED del gobierno de Santos para este año eran de 17 mil millones, y de veinte mil millones para 2014.
El camino hacia la paz tendría también un impacto social. Un reciente informe del Banco Mundial estimó que el ingreso promedio de los colombianos “habría sido 50% más alto, y 2,5 millones de niños habrían salido de la pobreza si la paz se hubiera acordado hace veinte años”. Todo un dato si se tiene en cuenta que en Colombia el 37% de los habitantes vive hoy bajo la línea de pobreza.
Por otro lado, el cese del conflicto le permitiría al gobierno cobrar los impuestos y regalías que realmente corresponden a las empresas. En la actualidad, el fisco colombiano se ve obligado a ceder beneficios tributarios a las compañías para poder competir con otros destinos de inversión regionales que no presentan problemas de seguridad. Sectores como el de la minería y los hidrocarburos se beneficiarían, ya que una práctica habitual de las FARC es la voladura de torres y oleoductos, lo que genera un aumento perjudicial de los costos operativos y limita la producción.
La confianza de los inversores –junto a la “seguridad democrática” y la cohesión social– fue uno de los famosos “tres huevitos” de Uribe, como se conoce a los mayores logros del ex mandatario. Si prosperan las negociaciones que ahora impulsa Santos, Colombia tendrá la oportunidad de romper por fin el cascarón.



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