Además de los postes de luz y las chapas de obras en construcción, lugares típicos para los afiches, también aparecieron casas empapeladas y hasta monumentos de la vía pública. Ni siquiera los árboles se salvaron en los últimos días de campaña.
Un vecino del barrio El Mirador denunció que amaneció con su casa empapelada con los afiches del Frente para la Victoria. "Cuando voy a abrir el garaje, me encontré con la puerta del mismo pegada y también la pared del frente por la pegatina política", explicó Pablo, quien además acercó fotos como prueba de sus palabras. La misma situación sufrió Florencia, también en El Mirador, aunque sobre la calle Caseros al 1200.
En 25 de Mayo, sobre la vereda impar entre Francia y Rivadavia, las chapas que resguardan una casa abandonada desde hace tiempo cedieron hace tiempo y cayeron sobre la vereda, incluso golpeando a los autos allí estacionados. "No sé si fue el viento o el exceso de candidatos", bromeó uno de los comerciantes de la zona.
La misma suerte (aunque no se desmoronaron) sufrieron varios monumentos públicos de la ciudad. Por ejemplo, el monolito a los trabajadores de la CGT, ubicado en el boulevard de Humberto, cerca de la esquina de Lavalle, paradójicamente quedó completamente cubierto por la propaganda del peronismo oficialista. Igual que el cañón cerca de la Estación de Trenes.
Los galpones del ferrocarril de Jáuregui, que habían sido restaurados por los habitantes de la zona y que montaron allí un centro cultural, sufrió la guerra interna del justicialismo y apareció con el escrache "Molineros y Prince traidores".
Ni siquiera los árboles se salvaron de la inundación política. El candidato presidencial Alberto Rodríguez Saa eligió pegar sus carteles en los árboles de las principales arterias de la ciudad.
También llovieron las quejas de varias inmobiliarias, ya que las pegatinas taparon los carteles de "alquiler" o "venta" en propiedades de distintos barrios y localidades.

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