Botellas y bolsas cubren la acequia. Dicen que no lo limpia la Comuna hace dos meses.
El reclamo de Luis Vega y su mujer Carmen Morcón son el designio de los vecinos de la cuadra. Ambos son dueños del comercio de comidas para llevar “Galo”. Su actividad se ve perjudicada por la imagen que tienen sobre su vereda.
“Cada vez que llamábamos a la Municipalidad, venían a los tres días y limpiaban. Mi marido les daba algo de comida para que vengan y funcionaba. Pero con la actual gestión, no sé qué pasa que ni los reclamos nos toman”, comentó angustiada la vecina Morcón, quien asegura que ya no llama más. Lo último que le dijeron a través del 0800 municipal fue que sacara una foto del lugar y elevara una carta al intendente Enrique Ponce. Eso es lo que hará Carmen, que dice estar cansada de poner plata para limpiarlo de manera privada.
“Cuando tirabas agua, corría por el canal, pero ahora cuando llueve se tapa todo, la mugre flota y llega hasta acá”, explica la señora mientras señala el escalón del comercio que tiene una altura de 30 cm.
En la vereda del frente, por Ejército de los Andes, los empleados del Hotel Iguazú fueron testigos de los problemas que acarrea la zona. Emiliano Bustamante y Carlo Quiroga vieron como un visitante que paraba en su posada perdió las ojotas al caerse dentro del pozo, o cómo chicos con guardapolvos quedaban bajo el agua. “Nunca falta algún ciclista que termine ahí”, reconocen dolidos, ya sin ánimo de reírse.
“Cuando hay agua parece un espejo y no se nota que hay un pozo, por eso la gente cae en la trampa, es un peligro porque puede pasar cualquier cosa en ese hoyo”, alternan el discurso los empleados del hospedaje. Los dos dijeron que nunca reclamaron ante la Municipalidad y que antes y ahora, el panorama es el mismo.
“Cumplo con todos los requisitos municipales, tengo mosquiteros y los papeles en regla. Pero ves que te piden ciertas medidas de higiene y por otro lado, tenés esta suciedad, así que no lo entiendo”, se preguntó Carmen Morcón.
El canal por el lado de Ejército de los Andes tiene agua verdosa que casi tapa a una manzana y barro que supera esa altura unos tres metros hacia el lado de la avenida Italia. Todos los días, la hija de los Vega, Luciana, cocina mientras su ventana da hacia ese panorama. Asegura que a veces no se puede estar por el olor.
El mismo vaho criticó una vecina cuya casa está al lado del hotel. Detrás de las rejas de su casa, explicó que nunca llamaron para reclamar a la Comuna ya que el problema no está del lado de su vereda, pero lo sufre cuando tiene que cruzar hacia avenida España.
Por lo pronto, Morcón agradece que las tormentas sólo han sido amenazantes y casi no se concretaron. “Si hubiese llovido no quiero volver a imaginarme lo que sería esto”, ratifica una y otra vez, ya sin saber de qué manera hacer que oigan sus quejas.
“Algunos tiran su mugre porque juntas todo y al otro día hay más basura en la calle. Encima ahora cayó una rama de un árbol y así está hace días”, comentaron madre e hija. Ya no le toman el pedido por teléfono. La astucia de darle un regalo gastronómico perdió su magia.
“La única solución que vemos es tirar todo en la calle y que se vaya sola, porque acá nadie nos presta atención”, termina Morcón con un gesto de resignación. Lo único que busca es tener una vereda limpia.

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