El fenómeno ocurrió en el barrio San Luis XV. Su dueña improvisó un altar donde la gente llega a rezar y a venerarla.
“Le pido por mi madre que está muy enferma y de repente siento que cruje una estantería. Ahí levanto la vista y la veo como lloraba, entonces voy y le pongo mis manos sobre las suyas”, contó la dueña de casa sobre el episodio que generó la llegada de cientos de personas para venerar a la Virgen.
Mabel contó que le pidió a un fotógrafo que retratara la figura de la Medalla Milagrosa que está en el barrio Rawson y luego la imprimió sobre una lámina de hule de 1,50 metros de alto y 85 centímetros de ancho que ahora es la protagonista de esta historia.
La gente se acerca al santuario improvisado y le deja flores y velas. Hay dos mostradores donde se acumulan algunas estampitas y una estatuilla de San Expedito. Los vecinos llegan, saludan a Mabel, se persignan y tocan la imagen que todavía mantiene las marcas por donde se sospecha corrieron las lágrimas milagrosas.
“Con palabras no te lo puedo explicar porque es cuestión de fe. Salí a buscar a mi vecina, que además es catequista, para que viera lo que yo le contaba. Y ella lo confirmó. A la noche del lunes estábamos rezando sólo nosotras dos, el martes ya éramos diez, el miércoles eran como 25 y el jueves a la noche no te podés imaginar la cantidad de gente que vino”, contó la protagonista del hecho.
Silvia es la amiga, vecina y sacristana de la capilla de San Martín de Porres. Ella fue la primera en confirmar el hecho: “Mabel ha tenido varias manifestaciones de María, por eso vino a buscarme y a pedirme que le crea. Y cuando llegué vi que la imagen tenía las marcas del recorrido de las lágrimas que salían justo desde los ojos”.
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